Menéame de pago ¿y por qué no?
7 de Febrero de 2010. Por Alberto Fernández
“Code is Poetry”
Matt Mullenweg, creador de Wordpress.
Si hay algo que defina el esfuerzo del pueblo por hablar bien es el uso de infinitivos: “Por mi parte, decir que yo no robé esas gallinas”.
Si hay algo que defina el esfuerzo de los comentaristas de Menéame por escribir bien es el uso del famoso (y lujoso) “amén de”.
¡9828 comentarios! ¡Eso es seis veces la palabra “epic”! (ERRÓNEA O INCORRECTA, son 5,63 veces).
Han pasado tres años desde mi primera incursión en Menéame, cuando subí un enlace al tercer número de nuestra revista MGZ, el de Alberto Corazón. Recibí un único comentario que, literalmente, me partió el alma:
“Ahí os quedáis. Con vuestros negativos, vuestros fails y vuestros… Me voy, pero os prometo eterna indiferencia”, lamentaba mientras me suscribía a su rss. Porque, claro, es más sencillo echar la culpa a otros que razonar que esa noticia está fatalmente subida. Y que el autobombo se penaliza hasta en mi cocina.
Menéame es un agregador de noticias. Funciona con votos y la gente comenta las informaciones que los propios usuarios suben. Tiene varios elementos diferenciadores que hacen que la idea sea algo mejor que un simple foro de actualidad, como una normativa creada entre usuarios que ningún novato se molesta en leer, o el asunto del karma. Como valor añadido diré que cuando una noticia sube a portada genera cuatro personas felices y una llamada a un móvil. Feliz el autor de la noticia, feliz el usuario que la subió, feliz el director del periódico y feliz el director multimedia, que ya tiene un presupuesto que justificar. La llamada es, obviamente, al informático de guardia para que reinicie el servidor.
Como colateral, también feliz la madre del redactor, que no se entera de nada, pero que está orgullosa de su hijo mileurista.
Este sistema, sumado a la disciplina colectiva y a la influencia cosechada por muchos de sus usuarios, genera un producto brillante. Muy simple: resulta más productivo seguir los comentarios sobre una noticia subida a Menéame que los de la fuente original. ¿Por qué? Porque como se te ocurra participar con una idiotez prepárate para recibir lo tuyo. Y como sea una idiotez muy gorda te quedas gris.

Hay una jerarquía, hay normas y disciplina. Además, no se toleran las faltas de ortografía. No pasan una, son talibanes, y me parece el primer gesto de integridad de la sociedad (online) española; el primer gesto de excelencia que muchos lectores, en silencio, celebramos continuamente.
Sin embargo, y dejando a un lado la cosa fácil de que no pasa un día sin la SGAE en la portada, Menéame también es la prueba viviente que dignifica la profesión del periodista, porque para encontrar un buen titular o una entradilla en condiciones (generados por el usuario, no de copypaste) hay que excavar en las profundidades de su Amazon EC2. Creo que a veces por el ansia de meterla el primero. Como en todo.
Pero se empeñan en hacerlo mejor, y eso es más de lo que hacen muchos medios tradicionales.
Ha habido grandes hitos en la historia de Menéame, pero el que más seguí fue la revolución de usuarios (o chiquillada, no sé muy bien). Qué rápido se organizaron y qué rápido se olvidó con una nueva portada de noticias en las que trabajar.
Sí, digo trabajar. Cualquier periodista que se precie toma el pulso a Menéame a diario. Básicamente porque le adelanta un porcentaje de trabajo de investigación gigante. Y lo saben, y lo utilizan. Pero no lo citan jamás. Si en sus informaciones hubiera un pie que rezara “Enterado a través de Menéame” el primer resultado en Google para la búsqueda “Google” sería Meneame.net.
Igual de científico pero más ambicioso, Menéame estaría hoy negociando acuerdos con empresas distintas a Doubleclick.
No soy quién para proponer modelos de negocio, pero resulta que Menéame está ofreciendo un servicio incluso tan preciado como el que realizan las agencias de noticias. Mala relación, porque ellas generan y Menéame difunde para generar imprevistos, pero creo que se comprenderá lo que pretendo decir: los medios pagan barbaridades a las agencias por ahorrarles un trabajo, el del alcance al lugar de la noticia; mientras que Menéame representa una respuesta fantástica del experto en Internet, que por simple pasión trabaja y documenta esas informaciones.
En días como estos, en los que saber tomar el pulso a los mercados online es vital, se deben revalorizar los connoisseur. Y Menéame los tiene.
Si Pedro Jota leyera estas líneas pensaría que él también los tiene y los llama columnistas. Pero se respondería él sólo, porque los paga. Y porque con ninguno de ellos cuadra un concepto tan delicioso como connoisseur desde que murió Umbral.
Tranquilícese, no estoy comparando a Umbral con la persona X que se esconde tras un apodo en Menéame, pero el conocimiento hay que premiarlo. Y el producto final es, informativamente hablando, perfecto: en realidad no me interesa más allá de la entradilla, me interesa lo que le rodea.
Cuando un lector (profesional de la información o no) llega a la noticia, ésta ya está comprobada, testada, relacionada y enriquecida. Y a veces hasta con sentido del humor.
Creo que se habla mucho de la transformación de los medios digitales gratuitos a medios de pago, pero ninguno de ellos ofrece nada parecido a lo que Menéame proporciona. Sí, sugiero que Menéame, en un mercado informativo como el actual, es el único que tendría el derecho de ser de pago para sus lectores.
Al menos es el único por el que yo pagaría, a cambio, eso sí, de una nueva concepción de medio, sin temor al diseño y con más apariencia de periódico. Quizá un único y verdadero diseño 2.0.
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