Hacer webs y ganar pasta

En el invierno de 2006 sólo me movía la pasión y, por eso, era capaz de aguantar los portazos en las narices con total indiferencia. En alguna ocasión hasta llegué a pensar, de camino a otra puerta, que el anterior se arrepentiría de no darme lo que yo pretendía. En cuatro días recorrí todas las entidades bancarias del centro de Madrid con mi humilde proyecto de crecimiento bajo el brazo.

En esos días fui público objetivo de todas las campañas de la banca al respecto del apoyo al empresario. La primera fue Bancaja que, con nuevo logo de Mariscal, anunciaba una nueva manera de tratar a la gente. Me lo creí. Bancaja fue mi primera visita, la segunda, la tercera y la cuarta.

En ninguna de las oficinas de Bancaja sabían nada acerca de lo que su propia entidad estaba ofertando: un nuevo y sencillo apoyo a los jóvenes emprendedores.

He de decir que entraba a las sucursales con un cuchillo en la boca y un ‘no’ a la pregunta de “¿tiene usted aval?”. Comprendí que la cosa no podía funcionar así: no podía llegar a la oficina del director contándole mis castillos en el aire y después solicitarle dinero, porque eso suponía una inmediata desigualdad de condiciones a su favor: era yo el que pedía, y debía ser él el que, tras contarle las virtudes de mi empresa, debía insistir en “trabajar conmigo”.

Ese era el término a buscar, y lo sospeché cuando llevaba unas diez visitas a diferentes entidades de crédito, al ver cómo se despedía el director -con el que yo me reuniría un rato después- de un cliente que vestía con camisa a cuadros y corbata a rayas, toda una incorrección que olía a nuevo rico:

Director.- “Ya sabes, Manuel, esta es tu casa”
Cliente.- “Lo sé, me quedo tranquilo”
Director.- “Sí, tranquilízate porque estamos tres personas trabajando en lo tuyo”

Peloteó un poco más, se despidieron y entonces opté por decorar mi discurso.

De mi boca salieron palabras que rara vez he vuelto a pronunciar: “Plan circunstancial”, “Músculo financiero”, “Facilidades contractuales”, y un largo etcétera que hasta yo mismo me iba creyendo. Y gané. El director se quedó con mi plan de empresa y quedamos en hablar pasados un par de días. Lo tenía que consultar con la central.

Y seguí con lo mío, pues no suelo confiar en las ‘consultas a central’. A base de ir moldeando mi discurso, al final me quedó súper chulo: me presentaba en la oficina del director de turno y lo primero que decía era: “Buenos días, vengo a hacerle marketing sentimental”. En general recibía de vuelta una carcajada y eso facilitaba mucho las cosas en lo que respecta a la comprensión de cómo funcionan este tipo de negociaciones.

Hasta cierto punto. Porque el director terminaba tan relajado que tenía que escuchar verdaderas estupideces, como por ejemplo: “Eso de las webs es interesante que te cagas [literal] porque mi hijo se está haciendo un curso de Macromedia y ayer me sacó mi nombre animado; mira, lo tengo por aquí”. Buscó en su correo y me enseñó su nombre en Comic Sans parpadeando entre fucsia y azul. “¿Te gusta?, ¿a que te gusta?”.

Comprendí que su sentido de asignación del orgullo (toma ya) no iba a congeniar con lo que yo tenía que contarle, especialmente porque yo quería encaminar Magnoliart al marketing online, pero para él lo uno y lo otro eran lo mismo: hacer webs y ganar pasta. Así que le enseñé un par de animaciones chorra que yo había hecho, por aquello de no anular el subidón ajeno. Le gustaron pero me dio un nuevo portazo con, al menos, una nueva pista de cómo debía enfocar mis palabras.

Mentó a mi madre y yo pensé en la suya. La primera para que me avalara, y la segunda por lo mismo.

He de confesar que al cuarto día me flaquearon las fuerzas, pero el otro director, el de los “músculos financieros”, me llamó a primera hora de la mañana:

- “Alberto, tengo lo tuyo”, me decía mientras yo le daba vueltas a mi primer café.
- “¿Y cuál es el veredicto de la central?” le dije.
- “Que OK, pero tienes que pasarte”
- “¿A qué interés?”
- “Pues hombre, es que son muchas cosas [bla, bla, bla] y viendo tu planning comercial [bla, bla, bla] y yo, claro, como responsable de esta sucursal tengo que garantizar [bla, bla, bla] así que te he conseguido un interés porcentual de XXmiltrillonesdelúaspersasXX”
- “Ya, claro, bla, bla, bla”. En una negociación no me gustan las tonterías.
- “Hombre, es que conseguirte un crédito sin aval no es sencillo, me ha costado negociar con la central un buen rato”, me respondió mientras esperaba que yo le lamiera el trasero y que le mostrara mi agradecimiento.

Recordé eso de “mostrar agradecimiento”. Me vinieron a la cabeza imágenes de tristes hombres arrodillados ante el emperador para mostrarlo, por haberles perdonado la vida, o para agradecer al poderoso el derecho de pernada.

- “Mira, yo es que soy muy básico: tú me prestas X euros y yo entiendo que deberé devolverte X + Y en un tiempo determinado. Correcto, no hay problema. Pero si ‘Y’ es excesivo, entonces deberé pensar que mi negocio es de un riesgo tan alto que debería replantearme mi plan de empresa”.
- “No hombre, no, el problema está en el riesgo por ausencia de aval y en tu caso ‘Y’ debe ser superior a lo habitual” me contesta.
- “Claro, por eso quien avala a mi empresa soy yo”, y vi la luz. “¿Quién mejor que yo?” añadí.

Sin embargo, debí ser el único de los dos que la vio, porque de esa conversación no surgió acuerdo alguno. Eso sí, me llamó un mes después para ofrecerme lo mismo.

Así que me gustó mucho contarle la visita a La Caixa que había hecho el mismo día que hablamos por teléfono. Le conté que me ya me lo habían concedido y a un interés que si lo dijera nadie me creería. Él no se lo creyó. Fue un buen re-comienzo para mi aventura empresarial.

Pasado el tiempo creo que me lo concedieron por varias razones:

- Porque no llevaba pinta de estúpido
- Porque no hacía preguntas estúpidas
- Porque no abusé del lenguaje estúpido
- Y porque el director de mi sucursal es de todo menos estúpido.

Claro, como me dio un crédito es inteligente. Pues sí, los emprendedores tenemos eso que llaman vanidad y que yo confundo con la autoestima: desde mi ángulo el que invierte en tu proyecto lo hace porque sabe qué hace, y si no, es su problema.

Y de propina*:

* Copyleft Mimesacojea.com.

Trabaja, actúa y deja de quejarte

Son las dos de la tarde. Un cliente me llama con la voz torcida. Lleva sin cobrar una factura desde hace seis meses, acumula una morosidad de trescientos mil euros y, de momento, no nos puede pagar. Es cliente de Magnoliart desde nuestros inicios, conozco su empresa al detalle, y se plantea, por primera vez en quince años, el cierre. Le digo que por nosotros, de momento, no se preocupe, no porque no haga falta sino por una cuestión muy sencilla: ¿Por qué no iba yo a arrimar el hombro a un cliente que nos ha dado de comer todo este tiempo?

En estos últimos meses estoy conociendo todo tipo de situaciones: frecuento los tribunales de Plaza de Castilla para denunciar a morosos con una larga experiencia en el arte del impago, frecuentes son las conversaciones con clientes que, exasperados, se empeñan en sobrevivir sin ver la luz al final del túnel, y poco habituales son las llamadas como las de las dos de la tarde, en la que un empresario brillante tiene el valor de poner su cara y decirme: pártemela si así lo consideras oportuno.

Pagarés anulados, recibos devueltos, cuentas vacías, teléfonos que suenan pero que no se atienden… Así está el patio. Suerte que nosotros nos alimentamos de empresas que no son españolas y que no conocen esas cosas tan habituales aquí como el pago a 90 días, o las compras sin dinero (porque yo me pregunto: ¿Entras a una zapatería, te compras unos zapatos y a la salida dices que ya si eso lo vemos en tres meses? ¿o compruebas que tienes dinero y entonces compras?).

He dicho ya, en más de una ocasión en otros foros, que en España sale mucho más rentable no pagar y terminar en los tribunales que solicitar un crédito y abonar una deuda. Es lo que tienen las repúblicas bananeras encubiertas bajo el título de “Bienestar”.

Ayer tuve una reunión fantástica con un EMPRESARIO, que coincidía conmigo en que desde hace un año dedicamos más tiempo a gestionar para cobrar y reconfigurar las cuentas que en producir. Y eso no es nada halagüeño para tiempos en los que hay que ser más productivo, obviamente.

Desde mi óptica veo dos tipos de empresarios morosos:

1) El que, por falta de previsión, se la jugó el año pasado y hoy las pasa canutas, pues nunca esperó que uno de sus grandes clientes fuera a la quiebra. Nadie podía sospechar que, por ejemplo, General Motors iba a desplomarse. ¿En qué cabeza cabía eso?

Dada su tipología de negocio, precisa más producto de sus proveedores, pero no puede pagarlo. Así que de éste se desprenden dos subtipos: el que sigue como si nada, aparentando que todo va bien, te la cuela y no cobrarás en la vida, y el que, con larga trayectoria con su proveedor le cuenta cómo están las cosas y entre ambos llegan a un acuerdo. Y nadie puede ganar en ese acuerdo, los dos pierden, pero quizás subsistan.

2) El que nunca ha tenido un euro y presume, presume y presume. Conduce un buen coche, se las da de conocer a X y a Z, y viste con traje caro. Este es el más peligroso para los emprendedores ingenuos: el uno necesita un producto y le sobra capacidad para impresionar, el otro necesita un cliente y necesita poco para ser impresionado.

Nunca se debe aceptar a un cliente que te cuenta lo fantástica que es su empresa. Nunca se debe aceptar a un cliente que viene rebotado de otra sin saber las razones. Nunca se debe aceptar a un cliente sin informarse sobre él (desde lo más simple, Google, hasta una llamadita a tu banco, te informarán encantados. No olvides que el banco trabaja para ti, no al revés). Y lo más importante, nunca se debe aceptar un cliente que no abone, por ejemplo, un 50% por adelantado.

DA IGUAL LAS EXCUSAS QUE PONGA, DA IGUAL QUE NECESITES HACER UN TRABAJO. Si no te abona el 50% inicial, el cliente no vale la pena, pues puede ser que no se fíe de ti, por lo tanto quien lo ha hecho mal eres tú, y eso, tarde o temprano, se convertirá en un problema. Es mejor perder clientes desde el principio, que trabajar para que, al final, se te quede cara de idiota.

Y denuncia a la primera de cambio. ¿Para qué esperar? ¿Para qué perder el tiempo en perseguir a un cliente que no te coje el teléfono o que te miente sistemáticamente? Denúnciale. Ellos quieren ganar tiempo, y tú no lo tienes.

Porque el mayor peligro de un impago no es sólo el sufrimiento de la cuenta corriente, sino en lo que deriva esa situación: apostaste por un cliente, por un proyecto que te ilusionó, echaste mil horas y al final nada. Para trabajar a cambio de nada, para no poder dormir, para llevarte tus miserias a casa, para discutir con tu pareja, para arrastrarte hacia la oficina.

Es momento de ir un paso por delante de los demás: es mejor trabajar sobre seguro y facturar menos, que perder el tiempo y tu vida, esa, la de empresario - emprendedor, que es la forma de vida más maravillosa que existe.

De Barcelona al cielo

Hércules quiso ser inmortal y, para conseguirlo, puso sus músculos al servicio del rey de Tirinto y Micenas, Euristeo, quien le solicitó presupuesto para la realización de diez trabajos que, como pasa siempre, por el mismo precio sacó doce.

Como el lector se imaginará, Hércules era autónomo.

Para el quinto trabajo, el rey le pidió que encontrara el Vellocino de Oro, que venía a ser la piel de un carnero alado. Una tarea no demasiado complicada de no ser porque la custodiaba un dragón.

Básicamente como ir a un banco a pedir un crédito.

Necesitaba un barco y, cosas que pasan, apareció en su vida Jasón, discípulo de un centauro amiguete al que había liquidado por accidente. Recrearon lo que hoy se llama ‘una madrileña’, que consiste en abrazar y palmear la espalda del otro al tiempo que se dice: “Eres un buen tipo y vamos a hacer muchas cosas juntos”, mientras piensa “lo que hoy son mis palmas, mañana serán puñales, hijo de la gran fruta”.

Los argonautas. Russell Flint.Jasón tenía una flota de barcos liderada por uno llamado Argo, y un buen puñado de empleados sin contrato que pasaron a la historia como argonautas. Así que Hércules, Jasón y los argonautas olvidaron sus rencores y se echaron a la mar en busca del capricho de Euristeo.

Hera, esposa y a la vez hermana de Zeus, fue la primera titular de un Ministerio de Igualdad, aunque por aquel entonces se la conocía como diosa de las mujeres y el matrimonio. Eran otros tiempos.

La ministra cobra protagonismo en esta historia porque maldice la S.A. que han montado Hércules y Jasón, ya que no cumplía con la paridad pertinente. Esa animadversión se tradujo en una terrible tormenta que hizo desaparecer una de las embarcaciones, llamada Barca Nona.

Jasón encomendó la misión de encontrarla a su socio, quien no tardó en dar con ella: estaba en una bahía cercana. Allí crearon el primer asentamiento conocido de un lugar del Mediterráneo que hoy conocemos como Barcelona.

Aníbal y sus hombres atravesando los Alpes.Sin embargo, la historia dice que Barcelona la fundó un importante cartaginés llamado Amílcar Barca, padre de Aníbal.

Y fueron los árabes, en concreto Muhammad I, el precursor de la especulación en el centro de España. Construyó una fortaleza (en donde hoy se sitúa el Palacio Real) para defender la ruta hacia Toledo. Todo lo que floreció a su alrededor fueron pisos de protección oficial, y se denominó Mayrit (“tierra rica en agua”). La herencia árabe en Madrid, excepto en el diario El País y en el sentido del ladrillo, está enterrada en el olvido.

Los cartagineses pasaron a la historia como grandes hombres de negocios. De hecho, Cartago fue una ciudad mucho más próspera y rica que Roma. Sin embargo, Cartago fue devastada por los romanos, después por los vándalos, por los bizantinos, hasta que los musulmanes la masacraron y la redujeron a nada.

Hoy la burguesía catalana se siente extraña cuando llega a la capital, pues espera encontrar en las calles de Madrid a alguien que les indique en dónde está el mar.

Edificio Metrópolis de Madrid - Gran VíaCuando uno es capaz de acostumbrarse a la belleza arquitectónica de Madrid, quiere más: y ese extra resulta raro de encontrar entre cientos de imágenes al respecto de dioses griegos, ídolos romanos y demás imágenes templarias, que nunca tuvieron que ver con la historia de la ciudad, sino con su espíritu, aristócrata del todo.

Por eso a algunos les sorprende encontrarse con el verdadero Madrid, una ciudad cargada de sueños por cumplir y de un singular e irremediable –me temo- sentido del fracaso. Todo es incorrecto en la vida del madrileño, desde los que mandan hasta los que vagabundean por Preciados.

El sentido localista que predomina en Barcelona tampoco existe, porque para nosotros Madrid es España. Y representar una nación -con tuercas de monarcas incompetentes en su mecanismo- no es lo mismo que trascender a Hércules y a la familia Barca.

La belleza de Madrid, a pesar de todo, no la encontrarás en el físico. Así que, compadre Javier, estaré encantado de enseñarte el verdadero Madrid la próxima vez que vuelvas por aquí.

Volvemos después de la publicidad

Antes de nada diré que:

1. Prefiero trabajar más y hablar menos.
2. Preferiría currarme más los post y no poner un simple vídeo de Youtube.
3. Aunque no lo parezca escribo bastante, pero termino los textos, los leo y a la basura (¿qué me pasa doctor?)
4. Leo más blogs que nunca, y me estoy volviendo algo más loco de lo normal.

Aunque agradezco mucho las llamadas y mails por saber qué ha sido de este -para mí- sacrosanto blog, me gustaría abrir el pico para decir algo interesante y no tonterías.

Así que, hasta nueva orden, see you soon.

PD. Qué te apuestas a que esta noche saco un post con un vídeo de Youtube. Mmmh…

El logotipo de la fusión

The face of your portrait

Basado en una frase de José A. Pérez sobre la previsible fusión entre Cuatro y La Sexta.

Para siempre

Esperaba en la cola del supermercado y una mujer le decía a la cajera que le había cobrado de menos. Mientras, recordé que aquella misma mañana un cliente nos había pagado puntualmente.

La mujer del súper, sin saberlo, creó un vínculo afectivo con la cajera, pues gracias a ese gesto no tendría que aguantar al imbécil de su jefe reclamándole que cobre bien a los clientes. Días después supe que aquella anécdota la contó en casa con emoción.

Dicho sea, de paso, que a nuestro cliente, a base de honestidad, le va de maravilla con sus proveedores y clientela. Yo, y cualquiera, trabaja mejor con una persona así.

Dos semanas después volví al mismo supermercado. Un hombre salió apresuradamente cargado de bolsas hacia su coche. La cajera, a la que algo no le cuadraba, se dio cuenta de que había cobrado cinco euros de menos. Salió en su busca pero no dio con él. La ocasión y la espera también me dio para meditar un rato, no en vano acababa de salir de los Juzgados de Plaza de Castilla, en donde tuve que escuchar a un antiguo cliente contar mentiras a un juez para no pagar una factura pendiente.

La cajera tuvo que poner los cinco euros de su bolsillo y mi antiguo cliente perdió el juicio. Los dos. Del anormal que salió corriendo por ganar cinco euros no sé nada, pero suficiente desgracia tiene en el cuerpo, imagino.

Ayer un venezolano entró en el restaurante en donde habitualmente me alimento al mediodía. Le habían robado la cartera y el móvil y no tenía manera de sacar su coche del parking, pues con su cartera se había marchado también el ticket y cuarenta eurazos de sanción que tenía que pagar si quería retirarlo. El propietario del restaurante le cedió su móvil para que llamara a su novia. Antes de que colgara, el dueño se sacó cincuenta euros de su bolsillo y se los dio.

El venezolano se quedó de piedra. Que le den un Oscar si mentía. No supo articular ni un simple gracias. Porque no es tan simple.

Hoy había un furgón cargado con productos ibéricos en la puerta del restaurante. Me he asomado por casualidad y he visto al venezolano dejando dos cajas de vino tinto y varios jamones. Le he visto dando un abrazo a su prestamista favorito.

Después de meditar sobre todo esto he pensado que sería bueno dejarlo por escrito, al menos que quede este texto entre la marabunta de sandeces que tengo que leer a diario en los diarios, entre las torpes acepciones que se transmiten de un lado a otro del charco, con más basura que contenido. Que entre la más injusta mediocridad que ha vivido jamás el ser humano haya un golpe de frescura, la de la calle. La de la realidad.

Abre la ventana o date un paseo: sopla aire fresco.

¿Qué es el marketing online?

Estas frases suenan mejor en inglés.

Basado en una cita de Bud Caddell, experto en marketing online (Strategist), cuando intentó definir en qué consiste su trabajo.

Breve historia del miedo

Si un conejo ve a un zorro comiéndose a su madre generará un sistema muy útil para su desarrollo: zorro = muerte. Futuras identificaciones activarán su cuerpo, aún cansado y exhausto, para huír y salvar el cuello. Y lo hará gracias al miedo, que se traduce, por lo tanto, en supervivencia.

Desde la Prehistoria el hombre ha reflejado en todas sus acciones el lugar en donde habita y con quién lo hace: una tribu política fuertemente jerarquizada. Un adolescente Neanderthal no faltaría al respeto al líder de su clan fácilmente, a sabiendas de que le podía costar el destierro y, de regalo, una pedrada. En una muestra evolutiva sin parangón, un joven de hoy con un sueldo miserable no protestará si el superior gestiona el miedo convenientemente.

La historia demuestra que una correcta administración del terror y la generación de pánico tiene grandes virtudes, sobre todo políticas: es mucho más rentable para el gobernante tener a un pueblo muerto de miedo que cultivado y valiente, sobre todo porque quien eduque al pueblo éste se volverá contra él. Cuando el Gobierno Norteamericano inició su particular campaña de miedo al comunismo, pocas voces se levantaron en contra de la desorbitada inversión en armamento, desarrollo de guerras, financiación de partidos de derechas, golpes de estado a domicilio, etcétera.

Hay muy pocos políticos que aceptan que su labor es ingrata y efímera, así que por vanidad, y sobre todo por propios temores e inseguridades, tienden a generar miedo, el mismo que sufren ellos o sus intereses.

Un monstruo infernal devora a un pecador (Saint Piérre Les-Églises, Francia)Por eso merece la pena pasear por la Historia del Arte desde este prisma, pues observamos cómo administrar el miedo con sabiduría se convierte en una virtud. Un palacio gigante en Egipto es una muestra de poder y de respeto relacionado con el terror. Es la imagen del poder. Las esculturas del Románico resultaron ser una inversión espectacular para instruir a los fieles, analfabetos del todo, en la cultura del miedo al castigo divino. Es el poder de la imagen.

Habida cuenta de todo aquello, un nuevo arte, el Cine, se convirtió en el aparato perfecto para difundir el miedo: violencia, drogradicción juvenil, psicópatas asesinos de parejas que retozaban en una pradera, agresivas invasiones extraterrestres, tiburones come-hombres, vietnamitas carniceros,… habitualmente obras al servicio de un interés concreto, en general gestionadas desde arriba.

Y desde los grandes e inéditos grupos de poder surgió una nueva manera de practicar la propaganda, inventada y perfeccionada mucho antes por la Iglesia Católica. Las nuevas teorías de la imagen y la influencia de los nuevos medios de comunicación marcaban el inicio de una nueva época, en donde el miedo se sintió como en su casa. El Ministro de Propaganda nazi, Joseph Goebbels, fue pionero en el uso de lo que hoy se conoce como Marketing Social. El suyo consistió en ensalzar el orgullo e incrementar el odio mediante el miedo y la mentira.

Llevó a la práctica la respuesta a un ataque con otro más fuerte; la exageración y la desfiguración fueron la norma. Goebbels convirtió los mensajes nazis en munición de una ametralladora verbal que impedía a la oposición hacer frente a tantas acusaciones, y cuando tocaba mentir, repetían hasta la saciedad el mensaje para convertirlo en realidad. Y aquí aparece su técnica favorita, el principio de vulgarización:

Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.

Pues bien, vean:

Danone, Actimel, Danonino,… Mensajes cortos, incisivos, muy fácil de comprender, aunque no sepas lo que es el “bífidus actirregularis”:

“No dejes que la televisión eduque a tus hijos”:

Mariano Rajoy, candidato a la presidencia española, recita un texto que tenía escrito por su equipo asesor en el debate con Zapatero:

Campaña antidroga:

El contragolpe de Bavaria

Respuesta de Bavaria al spot que luce con gusto estos días Heineken en todo el mundo. Pero que nadie vea a los de la botella verde como víctimas, que ellos golpearon primero contra la cervecera Grolsch.

¿Es todo esto un enfrentamiento artificial para que ganen todos? Como ya he comentado en otras ocasiones, estas tres marcas, Bavaria, Grolsch y Heineken son socios en la sombra, y de hecho fueron multados por la UE por pactar precios.

Vía Illegal Advertising

E-Franqueo

“El principal enemigo de la creatividad es el buen gusto”
Pablo Picasso.

Correos y Telégrafos convoca a los ciudadanos para crear el diseño de un sello que represente y conmemore el Día de Internet (17 de mayo). El ganador será elegido “democráticamente” por el sistema habitual de votación popular. Lo que no es tan habitual, sin embargo, es que ya se pueda votar a pesar de que la recepción de trabajos termina el 15 de abril. Lo sé porque ya he ejercido. (Actualización 23/3/09: ya no se puede votar)

En todo caso, al ser presentado como algo ocioso, popular y de celebración, no es cuestión de cebarme con Correos (y Telégrafos), que de eso se ocupan ya en Lepe. Además, en un acto de súbita generosidad, Correos (y Telégrafos) premiará al ganador con 25 sellos de su diseño, lo que equivale a 25 posibles cartas de amor perfumadas, 25 quejas formales al presidente de tu operador móvil, o incluso 25 solicitudes a 25 universidades… gratis.

Ya han llegado los primeros trabajos y resulta curioso qué es para los participantes Internet. A la hora de condensar la World Wide Web, de los usuarios con Photoshop (o con habilidades muy desarrolladas en el entorno Paint) emergen proyectos dispares, pero con nexos comunes. El uso de la “e” del navegador de Microsoft es, para muchos de ellos, lo que define a Internet, y en mi opinión una relación impecable, mal que le pese a los usuarios de Mozilla y al propio Correos, al que no creo que le hiciera gracia circular gratuitamente una marca comercial.

Gire el sello y chupe la goma con cuidado y sin lascivia

Pero, claro, los usuarios de Mozilla siempre están al quite, y ya han lanzado las primeras propuestas de combate:

Ingiérase por la parte superior izquierda de la letra "e"

Para el que suscribe el Día de Internet no le supone una gran celebración, a pesar de ejercer en el mundillo, pero entiende que existan días especiales para forzar a los medios de comunicación a hablar de un tema concreto a base de eventos. Sin embargo, reza para que el 18 de mayo nadie reciba una carta con un sello, por ejemplo, así:

Sin olvidar que, por alusión, también sería el día de Chewaka