Menéame de pago ¿y por qué no?

“Code is Poetry”
Matt Mullenweg, creador de Wordpress.

Si hay algo que defina el esfuerzo del pueblo por hablar bien es el uso de infinitivos: “Por mi parte, decir que yo no robé esas gallinas”.

Si hay algo que defina el esfuerzo de los comentaristas de Menéame por escribir bien es el uso del famoso (y lujoso) “amén de”.

¡9828 comentarios! ¡Eso es seis veces la palabra “epic”! (ERRÓNEA O INCORRECTA, son 5,63 veces).

Han pasado tres años desde mi primera incursión en Menéame, cuando subí un enlace al tercer número de nuestra revista MGZ, el de Alberto Corazón. Recibí un único comentario que, literalmente, me partió el alma:

“Ahí os quedáis. Con vuestros negativos, vuestros fails y vuestros… Me voy, pero os prometo eterna indiferencia”, lamentaba mientras me suscribía a su rss. Porque, claro, es más sencillo echar la culpa a otros que razonar que esa noticia está fatalmente subida. Y que el autobombo se penaliza hasta en mi cocina.

Menéame es un agregador de noticias. Funciona con votos y la gente comenta las informaciones que los propios usuarios suben. Tiene varios elementos diferenciadores que hacen que la idea sea algo mejor que un simple foro de actualidad, como una normativa creada entre usuarios que ningún novato se molesta en leer, o el asunto del karma. Como valor añadido diré que cuando una noticia sube a portada genera cuatro personas felices y una llamada a un móvil. Feliz el autor de la noticia, feliz el usuario que la subió, feliz el director del periódico y feliz el director multimedia, que ya tiene un presupuesto que justificar. La llamada es, obviamente, al informático de guardia para que reinicie el servidor.

Como colateral, también feliz la madre del redactor, que no se entera de nada, pero que está orgullosa de su hijo mileurista.

Este sistema, sumado a la disciplina colectiva y a la influencia cosechada por muchos de sus usuarios, genera un producto brillante. Muy simple: resulta más productivo seguir los comentarios sobre una noticia subida a Menéame que los de la fuente original. ¿Por qué? Porque como se te ocurra participar con una idiotez prepárate para recibir lo tuyo. Y como sea una idiotez muy gorda te quedas gris.

Hay una jerarquía, hay normas y disciplina. Además, no se toleran las faltas de ortografía. No pasan una, son talibanes, y me parece el primer gesto de integridad de la sociedad (online) española; el primer gesto de excelencia que muchos lectores, en silencio, celebramos continuamente.

Sin embargo, y dejando a un lado la cosa fácil de que no pasa un día sin la SGAE en la portada, Menéame también es la prueba viviente que dignifica la profesión del periodista, porque para encontrar un buen titular o una entradilla en condiciones (generados por el usuario, no de copypaste) hay que excavar en las profundidades de su Amazon EC2. Creo que a veces por el ansia de meterla el primero. Como en todo.

Pero se empeñan en hacerlo mejor, y eso es más de lo que hacen muchos medios tradicionales.

Ha habido grandes hitos en la historia de Menéame, pero el que más seguí fue la revolución de usuarios (o chiquillada, no sé muy bien). Qué rápido se organizaron y qué rápido se olvidó con una nueva portada de noticias en las que trabajar.

Sí, digo trabajar. Cualquier periodista que se precie toma el pulso a Menéame a diario. Básicamente porque le adelanta un porcentaje de trabajo de investigación gigante. Y lo saben, y lo utilizan. Pero no lo citan jamás. Si en sus informaciones hubiera un pie que rezara “Enterado a través de Menéame” el primer resultado en Google para la búsqueda “Google” sería Meneame.net.

Igual de científico pero más ambicioso, Menéame estaría hoy negociando acuerdos con empresas distintas a Doubleclick.

No soy quién para proponer modelos de negocio, pero resulta que Menéame está ofreciendo un servicio incluso tan preciado como el que realizan las agencias de noticias. Mala relación, porque ellas generan y Menéame difunde para generar imprevistos, pero creo que se comprenderá lo que pretendo decir: los medios pagan barbaridades a las agencias por ahorrarles un trabajo, el del alcance al lugar de la noticia; mientras que Menéame representa una respuesta fantástica del experto en Internet, que por simple pasión trabaja y documenta esas informaciones.

En días como estos, en los que saber tomar el pulso a los mercados online es vital, se deben revalorizar los connoisseur. Y Menéame los tiene.

Si Pedro Jota leyera estas líneas pensaría que él también los tiene y los llama columnistas. Pero se respondería él sólo, porque los paga. Y porque con ninguno de ellos cuadra un concepto tan delicioso como connoisseur desde que murió Umbral.

Tranquilícese, no estoy comparando a Umbral con la persona X que se esconde tras un apodo en Menéame, pero el conocimiento hay que premiarlo. Y el producto final es, informativamente hablando, perfecto: en realidad no me interesa más allá de la entradilla, me interesa lo que le rodea.

Cuando un lector (profesional de la información o no) llega a la noticia, ésta ya está comprobada, testada, relacionada y enriquecida. Y a veces hasta con sentido del humor.

Creo que se habla mucho de la transformación de los medios digitales gratuitos a medios de pago, pero ninguno de ellos ofrece nada parecido a lo que Menéame proporciona. Sí, sugiero que Menéame, en un mercado informativo como el actual, es el único que tendría el derecho de ser de pago para sus lectores.

Al menos es el único por el que yo pagaría, a cambio, eso sí, de una nueva concepción de medio, sin temor al diseño y con más apariencia de periódico. Quizá un único y verdadero diseño 2.0.

Clasificación (libre) de los usuarios de Facebook

“La primera vez que usé la palabra ‘libre’ fue para pedir un taxi.
También fue la última”.

Un señor, en Gran Vía, muy perjudicado.

Los exhibicionistas
Algunos y algunas son exhibicionistas. Y delincuentes. Gentes orgullosas de sus traseros exponen primerísimos planos y comentan “como veis, lo tengo durísimo”. Mujeres encantadas de someter sus canalillos a votación a base de mensajes de andamio, y hombres que lucen torso, incluidas esas malformaciones que salen en la tripa cuando haces demasiadas abdominales.

Los de las frasecitas
Ponen en marcha Google, y pegan cosas como esta: Al cumplir los setenta años me he puesto la siguiente regla de vida: no fumar mientras duermo, no dejar de fumar mientras estoy despierto y no fumar más de un sólo cigarro a la vez. Mark Twain. (…!) Algunos lo hacen sin parar, es increíble. Es como si no tuvieran absolutamente nada que decir pero la herramienta les invita a hacerlo. Como una droga.

Los de las tarjetitas
Que te las pegan en tu muro y te obligan a llamar al limpiamuros. Ni siquiera sé de qué van. Las borro. Mi muro es mío en lo que respecta a carteles y publicidad. Y en mi callejón etcétera.

Los de las respues… titas
“Gracias por agregarme como amigo, ¡¡¡¡COMPRA MI LIBRO!!!!”. Unos minutos después te ofrece que te hagas fan de su obra maestra y que te unas al grupo de amigos de su libro, y, claro, te preguntas por sus niveles de ansiedad.

Los del spam
Si en su foto de perfil enseñan un pecho es porque no es suyo.

Los de los besos, achuchones y toques
Verás la que me cae por esto.

Los de las etiquetas
Muy gracioso, al principio, lo de etiquetar al personal en fotos divertidas, pero desde que se hace para llamar la atención ya no es lo mismo. Ya-nos-lo-mis-mo.

Los creadores de grupos que empiezan por las siguientes palabras mágicas: “Señoras que”
Todo un fenómeno digno de algún estudio del Departamento de Sociología for Dummies de la Universidad de Utah (me gusta mucho la broma de lo de los hijos de este estado).
El éxito de “Señoras que compran plátanos en el Lidl y terminan en un after” ha sido el golpe de efecto que necesitaban las peculiares mentes que maquinan estos grupos.

Los activistas
A lo Braveheart. Están en todos los grupos que contengan la palabra “contra” y tengan un acento anarcosindicalisecologista.

Los de derechas
Previsibles. No tardan un segundo en hacerse fan de José María Aznar y entran a menudo a participar en los muros de los políticos de su misma línea de… pensamiento.

Los de izquierdas
Igualicos, pero de izquierdas. Esperaba algo más de originalidad.

Los twitteros
Mucha gente que les sigue en Facebook se pregunta en silencio a qué se refieren con “RT”.

Los okupas
Llegan a tu muro, te pintan un grafiti y se largan.

Los tragaperras
Utilizan Facebook para jugar y sus muros dan buena cuenta de ello: récord tras récord. Récord tras récord. Y con fecha y hora. Eso sí que es exponer tu privacidad, sobre todo si por culpa de tu último éxito en el Brain Training has llegado esta mañana tarde al trabajo. Cuánto tráfico hay en Madrid, ¿eh?.

Shhh… los silenciosos
Voyeurs de primera división, que van pasando de perfil en perfil controlando, maquinando, pensando, catalogando, sin más luz que las de sus portátiles en sus caras, azules, escondidos, conspirando. Están ahí… ¡shhhht! ahí vienen. ¿Quién? ¿dónde? ¡argh! ¿¡es que ya nadie va a titular que las redes sociales son el demonio!?

Así que Facebook está plagado de personalidades, personajes y tramas, protagonistas, secundarios, y gente que ni siquiera aparece en escena… Y, sin embargo, muchos de ellos son estudiantes que investigan en colaboración, profesores que comparten sus temas de estudio, periodistas que informan, jubilados simpáticos, guionistas que escriben, otros que no, peluqueras cotillas aficionadas a las fotos de gatitos, carniceros, psicópatas, vendedores, vendedores de humo, compradores, compradores de humo, morosos, entusiastas, payasos, drogadictos, gente muy inteligente y gente muy poco inteligente.

Ya estamos todos. Mucho, mucho, mucho, más allá de aquello de reencontrarte con viejos amigos.

Watch the panceta

La agencia JWT (pionera en… todo) publicó el pasado diciembre desde su sede en Nueva York un documentito titulado “100 things to watch in 2010″ (100 cosas para el reloj a las ocho y diez de la tarde) y que os recomiendo que echéis un vistazo. Recopilo algunos de esos puntos a los que, según Ann M. Mack, director of trendspotting y autora del informe, debemos prestar atención este año:

Suscripciones a aerolíneas: United lanzó una tarifa anual de 249 dólares, y el resto de las empresas podrían seguirla si el modelo funciona.

Panceta en todos lados: Desde cócteles hasta postres, la panceta está siendo revalorizada en la cocina alrededor del mundo.

Colores más brillantes: La tendencia en estilo es abandonar las formas pálidas y tonos pasteles por formas más vivas y carnavalescas.

El poder inalámbrico: La compañía WITricity está desarrollando una tecnología capaz de transportar electricidad por el aire.

Fármacos personalizados: Hay avanzadas investigaciones para diseñar medicamentos en función del ADN del que lo necesita.

Fernando Torres: El delantero del Liverpool, con sus 25 años, tiene el récord de cantidad de partidos jugados para España y comandará su equipo en el Mundial de Sudáfrica.

Periódicos locales sin ánimo de lucro: La tendencia se acentúa en todo Estados Unidos y promete crecer en 2010.

El final de Lost: Se espera que el final de la serie de ABC logre una repercusión similar al final de Seinfeld.

Fiestas de baile en silencio: La idea es que cada participante de la fiesta baile al ritmo de su propia música en base a los auriculares para no molestar a los vecinos.

PD. No contéis conmigo para esta última, pero si lo grabáis me gustaría verlo.
PD2. Vale, visto.

  • La lista, en castellano, aquí.
  • Comunicado original de JWT (pdf).
  • Flash en JWT Inteligence.
  • Y en Slideshare, aquí.
  • Enterado a través de Menéame.

    Conversaciones con el Altísimo


    Oiga, ¡este es MI blog! ¡Los posts los empiezo yo! ¡Las bromitas las hago yo!


    (sigh) para qué enfadarse, es usted una máquina.


    Sí, claro, de Humania, la patria de los servidores, el imperio del algoritmo.


    ¡Un tuteo! ¿Amigos?


    Tampoco esperaba unas stock options, pero desde luego usted no tiene sentimientos.


    Retiro lo dicho y le juro lealtad eterna.


    Justo ahora se lo iba a comentar, su excelsa y sílfide Majestad.

    19957

    Comenta Gaspar Llamazares, al respecto de la clamorosa utilización de algunas partes de su rostro para la elaboración de la nueva imagen de Osama bin Laden, que “El FBI no llegó a mi imagen por casualidad. Puso mi nombre en Google”. ¿Sugiere el líder de IU que iban a por él? Eso dice, pero seguramente no tiene razón. Lo más probable es que la búsqueda fuera un número: 19957.

    La cara de Llamazares aparece lejos con una búsqueda simple en Google Imágenes, en la cuarta página de resultados, pero en un sorprendente segundo lugar filtrando la búsqueda a imágenes grandes. Si yo tuviera que utilizar el pelo de alguien, haría esto mismo.

    La razón de ese resultado en Google Imágenes es simple: la imagen se llama 19957.jpg, alojada en diariodirecto.com y recogida en un foro de marroquíes que aprenden español y que, eventualmente, reclaman Ceuta. Entiendo que esto lo hace redondo para un Special Agent, suponiendo que sea verdad lo que cuentan desde el FBI.

    Los pensamientos sencillos suelen ser los más razonables: Osama bin Laden y Gaspar Llamazares comparten año de nacimiento, 1957.

    No soy un experto, pero si tuviera que hacer un retrato robot del terrorista más buscado del mundo, trataría de encontrar rostros de edad similar. Y una pequeña dosis de torpeza puede hacer que se me escape un 9 al buscarlo en Google.

    Cosas que suceden y que se cuentan raro

    “En publicidad estamos viviendo una crisis creativa”
    En el fútbol, cuando un equipo palma, se echa la culpa al entrenador. En los bares y en los blogs, cuando a la gente no le gusta una publi, echan la culpa al creativo.
    Es verdad que además de tener buenas ideas hay que saber venderlas (esa es, precisamente, la diferencia entre el publicista español y el argentino). Pero es que, en ocasiones, sin necesidad de que se confabulen los astros, te llega un cliente que exige un Ferrari low cost y, claro, el resultado es patético.

    “Si no te gusta esta publicidad es porque no eres target”
    Una frase que suele ir acompañada de un -para mí- delicioso desdén. Sobre todo si me lo dice una mujer. No sé muy bien por qué.
    Es una afirmación discutible, especialmente cuando la pieza no tiene ningún sentido. Sin embargo, parece ser que una creatividad acaba triunfando en algunos (cada vez menos) departamentos de publicidad si cumple con alguna de estas tres palabras: ecléctico, kitsch o cool.
    Hubo un tiempo que ‘grunge’ entró con fuerza, pero se desterró rápidamente.

    “Debo de ser el único imbécil de la Tierra que hace zapping para ver publicidad”
    ESO ES…

































    mentira. En lo primero estoy más de acuerdo.

    “Últimamente no entiendo tus posts, Alberto”
    Eso es porque no eres target.

    El giro (The big one)

    “Cada unidad militar convierte un ciudadano infeliz en conforme”.
    Civilization III. Manual del juego, página 118.

    Presa de la indignación, mi suegra aporrea el mando a distancia y carga contra una presentadora que está arengando a nosequién en directo. Yo me reconforto en su escote. “¡Es que no la soporto!”, grita mientras camina hacia la cocina prometiéndole ciertas cosas en hebreo. Enciendo el móvil, busco un grupo en Facebook sobre el programa y compruebo que está que arde: todos habíamos notado una alteración en la fuerza.

    Por naturalizar lanzo una pregunta al aire: “¿Qué te parece si busco ’sexo gratis’ en Facebook?”. Mi suegra asoma la cabeza por la puerta y me suelta “¡Que la den, es insoportable!”. Tomo nota para buscar, después, ’sexo anal’. Hay que documentarse.

    La otra sigue meneando su pechamen por el plató entre escenas de sexo implícito. Llega más familia y me pongo a saludar al personal. Qué tal, qué tal, cómo va eso chaval, muacks, muacks, “¿es este tu móvil?” reclama Darth Vader.

    Una risa.

    Recupero el teléfono, le hablo del cretino de Zapatero y vuelve a llamarme Luke Skywalker. Gritan ¡silencio! en la televisión y, claro, callamos, miramos a la pantalla y se produce un agujero negro.

    Todo aquello, y especialmente lo del sexo anal, lo recordé mientras pagaba 22 créditos por unirme al A-Group del Wall Street Journal en Facebook a principios del año 2011.

    Pero, bueno, la suscripción al WSJ era lo último que me faltaba para disponer de las mejores fuentes diarias. Recordé con cierta ternura mi antiguo lector de feeds al contemplar mi recién diseñada y ultraoptimizada página de inicio de Facebook.

    Como la amistad es una palabra que ya no tiene el mismo sentido que entonces, ahora a los usuarios que son medios de comunicación se les llama “primos”. Eso fue una gran victoria; y un placer “Agregar a Periodista Digital (aún en Beta) como primo”. Y después bloquearlo. Y echarle cal viva. En fin, son aplicaciones, también de Facebook, que hacen mucha gracia a los ciudadanos de nuestra Repúbl(ops!).

    Están siendo un éxito, dicen las métricas, comentarios y fans, las tiendas online de nuestros clientes en Facebook. Tenemos previsto que el 70% de lo que vendan lo harán a través de la red social y calculamos que sus antiguas páginas web conseguirán beneficios residuales durante los próximos dos años. Para vuestra información hemos implementado (apretado al botón “instalar”) la pasarela de pago GimmeYourMoneyDude 2.3, y funciona de maravilla.

    Pero no todo es campo fértil en las redes sociales. Inexplicablemente el usuario Renfe sigue funcionando igual de mal que cuando vivíamos en la era web (ahora vivimos en la nube, aunque los sueldos siguen siendo web).

    Y esto nos ha hecho cambiar, aunque para algunas cosas no tanto: puedo mirar el tiempo y el usuario ‘Viuda de Montesdeoca e Hijos’ sigue sin dar una; mi primo ‘Marca’ contaba ayer que Guti se retira para encontrarse a sí mismo, así que le envié unas amapolas a través de la aplicación FloresTiernas ™. Me llama Juan, que viene a cenar a casa. Busco a a Sergi Arola y le pregunto por el plato de moda.

    Y ya no sé qué es Google.

    Ya no hay héroes

    El señor Kent sería becario del diario AS

    K.: ¿Sabes cuál es el verdadero problema de nuestra sociedad?
    Alberto: Cuál.
    K.: Los atascos.
    Alberto: Uy, madre.
    K.: Día estresante y atasco en la M30. Todos los coches están parados y llegas tarde a una reunión. Golpeas enfurecido el volante y te preguntas quién podría sacarte de ésta.
    Alberto: Gallard… Superman.
    K.: ¡ERROR! Primero: Superman no podría reorganizar el tráfico. Segundo: si nos lleva en brazos a todos, mal aparcados nos quedamos; y si nos lleva con nuestro coche el último no llega a tiempo, te lo aseguro. Y, además, tendría que ser empleado del Ayuntamiento de Madrid a jornada completa, así que pensar que Superman se haría cargo del tráfico madrileño en lugar de resolver otras cosas más importantes es una idiotez ¿Un mundo que utiliza a un superhombre para el tráfico? No, colega, no, aún no vivimos en un mundo tan perfecto.
    Alberto: Me rindo.
    K.: ¡Que ya no hay héroes!
    Alberto: Claaaaaaaaaro.
    K.: Nadie puede sacarte de un atasco, y no hay héroe que pueda remediarlo. Neil Armstrong fue el último, y tampoco.
    Alberto: Fernando Torres.
    K: Estoy rifando un puñetazo.
    Alberto: Vale, o sea que los conductores nos planteamos todo esto, de manera semiconsciente, mientras freímos nuestros nervios en la carretera. Y llegamos a un estado de frustración tan grande que…
    K.: Veo que me sigues, joven. Resulta que empleamos el peor momento del día, el más negativo, mientras estamos parados en la M30, para pensar en las cosas realmente importantes en nuestra vida: qué somos, de dónde venimos y a dónde vamos.
    Alberto: Ciudadanos en un atasco. Venimos del curro. Vamos a una reunión. Y tú no tienes coche.
    K.: … y viendo aquellas gachas blancas dentro de la celada las llegó a las narices, y en oliéndolas dijo: por vida de mi señora Dulcinea del Toboso, que son requesones los que aquí me has puesto, traidor, bergante y mal mirado escudero.
    Alberto: O sea, que te deje el coche.


    Y de postre:

    (aquí en Spotijarl)

    Goot you! (3)

    Ya no puedo continuar espiando
    tus llegadas día y noche adivinando,
    ya no sé con qué inocente excusa
    pasar por tu casa.

    José Luis Rodríguez, El Puma.

    Desengrasemos. Mira:

    Guguel

    O “llámanos-como-tú-quieras”, cachocarne.

    Pero si a uno se le ocurre buscar “gugle” es otra historia. Es como si el bueno de Jeeves (sigh) nos dijera: “Permítame comentarle que es posible, aunque no probable, que haya errado en el momento de deletrear nuestro nombre comercial. ¿Ha intentado buscar por nosotros?. Si es así, me permito la licencia de recomendarle una nueva búsqueda. Siempre suyo, Jeeves. Postdata: obviaré su intento de romper Internet“.

    O lo que es lo mismo:

    Gugle

    Bien, no mojaré en la definición que Google España hace de sí mismo. Aunque quizás queríais decir… otra cosa.

    El boca a boca, amigos míos, es lo que tiene (el boca a bocachancla, digo). Imaginad qué hubiera pasado con Schweppes si no nos hubiesen enseñado a pronunciar su Shhhhh… ¿que se llamaría Finley?

    Chuarchenag... Twarchz... TERMINATOR, leches

    Si te preguntas qué es esto, deberías consultar la categoría Goot you!, en donde archivo estos capítulos.

    Goot you! (2)

    Sergey Brin, matemático, informático, científico y co-fundador de Google, diseñó -con todo cariño- el logotipo de su proyecto en 1998. Un año después, este moscovita afincado en la Universidad de Stanford, está a punto de tomar una decisión fundamental para su futuro, junto a su socio Larry Page, claro:

    Sergey.- Tenemos que prrrrofesionalisarrr nuestrrra identidad corrrrporrrrativa.
    Larry.- Peor aún, ¡el de la hierba no me coge el teléfono!
    Sergey.- Oh my god! Whatarrrrewegonnadonow?
    Larry.- ¿Vamos a la cafetería?
    Sergey.- Da.

    En este punto es cuando encontraron la verdadera consonancia, el punto en común, el eje en el que Arte y Ciencia van de la mano: las bolsas de plástico.

    Debieron conocer a través de ese nexo a Ruth Kedar, una profesora de Diseño de la misma Universidad. La señorita Kedar tiene un estudio, Kedar Designs, y a la señorita Kedar le encargaron la profesionalización de su logotipo, el que conocemos hoy, el que nos tragamos decenas de veces al día.

    La señorita Kedar es diseñadora de logotipos tan célebres como este:

    Güeno, güeno, güeno, güeno.

    No pierdas detalle del mensaje: carteles de un evento musical parecen flotar gracias a un espectacular juego de luces y sombras, grises y blancos rotos, sólo perceptibles por aquellos elegidos que sean capaces de valorarlo. Kedar se muestra aquí tan elitista que acompleja al espectador, por eso nos acomoda en el logotipo con toda una vertiginosa sinuosidad fruto de un trabajo intelectual muy elevado. Las ondulaciones, una hacia la derecha y otra hacia la izquierda, parecen imitar los movimientos de las manos de un director de orquesta, cosa que sumada al parecido razonable entre “The Hanzs” y “The Hands” lo convierten en un elemento del todo legítimo.

    Observa, además, esa capacidad para salir de la línea airosa, colocando, con dos cojones valentía, una “a” minúscula en medio de mayúsculas. Esa “a” sufre timidez ante tamaños vecinos que, en un gesto sin parangón, extienden sus brazos por encima de ella, arropándola y aceptándola.

    Un logotipo bien cerrado. Pero aún hay más:
    ¡Venga los paraolímpicos!

    Sólo un malpensado vería en esta identidad corporativa unos Juegos Olímpicos, o un tipo tirándose de una avión -sin paracaídas- harto de su propia existencia. A juzgar por su vestimenta, de profesión es (o era) un payaso. Pero, única y exclusivamente, un muy malpensado podría censurar este logotipo por utilizar exactamente los mismos colores de Google y un relieve que provoca úlceras.

    Porque ese es el sello de la firma Kedar, el relieve, las sombras. Ella juega con lo feo y lo mantiene feo. Es la Rossy de Palma de las tipografías. Un misterio.

    Continuará.

    Si te preguntas qué es esto, deberías consultar la categoría Goot you!, en donde archivo estos capítulos.