La tipografía decorativa
Enero 10, 2007 //

Desde que empecé a conocer esto del diseño gráfico, e incluso creo que antes, siempre me ha sorprendido algo en relación a la tipografía, más bien al uso que de ella se hace. La historia de la tipografía es casi tan amplia como la misma historia del hombre.
A lo largo de todo este tiempo, la escritura ha pasado por interminables estados de adaptación a los distintos idiomas. Lo más evidente de este hecho es la riqueza formal presente en estos alfabetos, que poseen su propia identidad por corresponderse con una cultura determinada. Así, nos encontramos con la famosa estela mesopotámica del Código de Hammurabi, recopilación de leyes escritas con caracteres cuneiformes, y por ejemplo, con la piedra de Rosetta o el Libro de los Muertos, en Egipto. Ha habido una gran multiplicidad de culturas que tenían su propio código de escritura; otras por el contrario, vieron como su idioma y su sistema de escritura era modificado o sustituido por el de sus invasores, o bien derivó de una cultura más potente.
Tras la Edad Antigua, nos encontramos con nuevas formas de escritura a lo largo del Viejo Continente. A lo largo de este tiempo surgirán nuevas formas de entender la escritura y la lectura: pasaremos de los papiros a los rollos, y de estos al libro.
Los alfabetos caligáficos de gran belleza decorativa harán su aparición. Pero en contraste con todo esto hay que decir que la Edad Media supuso un atraso, como todos sabréis, en la mayor parte de los aspectos culturales de cualquier territorio. El analfabetismo se hizo dueño de los más jóvenes y provocó un sinfín de generaciones que sólo sabían “escuchar” las letras, pronunciadas por la clase social dominante en aquella época. La tipografía era una ciencia que sólo estaba al alcance de muy pocos; me refiero al clero. La práctica de la escritura, no sólo requería saber leer, sino también disponer de mucho tiempo para la ejecución de las bellas obras que han llegado a nuestros días. Hace su aparición la caligrafía gótica, plagada de ornamentación vegetal, y apoyada por innumerables representaciones figurativas de todo tipo.
Hasta la creación de la imprenta y de los tipos móviles (Guttemberg) no podremos hablar del libro como un producto con proyección de universalidad. Efectivamente, el avance de las técnicas de impresión de tipos provocó un auge en la producción de libros, un abaratamiento de costes,y por ende, del precio de venta, y el princípio del derrumbe de la ignorancia. En este tiempo, los alfabetos experimentaron un refinamiento nunca visto, al tiempo que la forma gótica, continuaba con su reinado. Los punzones y la edad del plomo en la tipografía no harán más que facilitar la labor de los impresores a la hora de crear alfabetos más amplios y adaptables a otras culturas. Ejemplo de ello es la creación del tipo Bodoni por Giambattista
Bodoni, en Italia.
Desde entonces y hasta la actualidad, y aquí es a donde quería llegar, la decoratividad de los alfabetos estaba determinada por las circunstancias históricas y artísticas de la época en las que se daban. Esa decoración, si existía, respondía inequívocamente a la concepción que el hombre tenía de su propia existencia en este mundo, no era una hecho realizado al azar. Y esto era aplicable, como digo, en todas las culturas. Por ejemplo, la forma de las letras góticas poseían una concepción arquitectónica en sí mismas, haciendo alusión a la naturaleza divina de dios y a los templos dedicados a él en esta época.
Actualmente, poseemos un amplísimo catálogo de tipografías, cada una con sus caracteristicas formales, desde las más antiguas hasta las más modernas. Las hay muy legibles, otras menos, unas decorativas y otras sugerentes, etc… Y también, no me cabe la menor duda que el uso de las tipografías decorativas se hace, actualmente, sin tener en cuenta determinadas consideraciones, como algo tan importante como la legibilidad del mensaje. Esto va parejo al aumento del gusto del cliente por estos tipos. No se que opinaréis al respecto, vosotros diréis. Un saludo.


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