Una musa llamada Trabajo…
Noviembre 16, 2007 //

Buenaas… Anteayer por la tarde, me encontré con que mi hermano portaba un tesorillo editorial de gran coste económico (a ver, no estoy hablando de la Biblia de 42 líneas de Gutenberg, no… ya se que para algunos de vosotros 50 euros es cuasi gratis,…grñf…). Se trataba del manual de Enric Satué, “El diseño gráfico. Desde los orígenes hasta nuestros días” con portada ilustrada a todo lujo por Daniel Gil y publicado por Alianza Forma/Editorial, manual imprescindible donde los haya para todo aquél que quiera navegar placidamente de primeras en el mundillo del diseño gráfico. Es un manual de historia del diseño, con ilustraciones en b/n y a color, estas menos que las primeras (por desgracia,…), de los que pesan y agrada leer con tranquilidad. Ojeándolo, me encontré con la pieza que arriba reproduzco, una portada de un catálogo creado por Paul Rand, uno de los diseñadores norteamericanos más relevantes del siglo XX y uno de los últimos en tomar en serio la potencia gráfica y comunicativa de movimientos como el constructivismo, el De Stijl y la Bauhaus.
Y surge el chisporrotazo,..¡pzzzflaf! De repente, me acordé del logotipo de la feria tecnológica de Madrid, el SIMO, y sinceramente, me ha resultado muy parecida la forma orgánica de su logo a la forma que aparece en la cubierta del catálogo del “último moderno”. Y aquí se abre una historia que tengo pendiente con el diseño gráfico actual…uyy, ya empezamos…
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El tema que quisiera tratar es el del estado de salud de lo que entendemos por “creación y originalidad” y cómo percibimos la realidad del diseño gráfico en la actualidad, tanto en España como en el resto del mundo. A ver, que cada cual entienda lo que quiera, y que conste que estoy dando mi opinión, no me estoy comiendo a nadie con papas ni nada por el estilo. La verdad es que últimamente estoy observando (vaya, un diseñador que observa… tampoco es tan raro…) que el panorama del diseño gráfico aquí en España, está en constante transformación. Pero como todo, los primeros pasos son complicados. La historia de la democracia en España es corta (29 años) y el diseño gráfico lleva aquí más o menos por el estilo, tal y como entendemos el concepto actual de diseño gráfico. Y concretamente aquí, en nuestra España, es donde me he encontrado con expresiones del tipo (mis oídos, ay…) “porque para diseñar, unos porritos, no veas, veo planetas triangulares” y derivado de eso, algo muy sentencioso y grave…”los diseñadores sois unos porreros”. Un poco trasnochado me parece, pero todavía se oye. Claro… relación causa-efecto. Un caso típico que he vivido en mis carnes… “¿por qué no te vistes de creativo?, ¿no eres creativo?…” a lo que podría unirse, “¿por qué no te fumas un porrazo?, ¿no eres creativo?”… ¿Me callo o sigo? Sigo.
En fin, cada vez que hablo de estas cosas se me pone una mala leche de esas que provocan jaquecas-terremoto. Y que conste que no he desayunado leche con sosa cáustica en vez de Nesquik, que ya veo venir las lágrimas, joer… que tedio. Y es que ese líquido viscoso que algunos llaman paciencia, hace mucho que no….que no, leches. ¿Desde cuando diseñar implica fumarse algo? No entiendo el por qué esa puñetera manía de generalizar, de trasladar las costumbres de unas personas a una profesión entera. Muchos, no fumamos sustancias, y nos cuesta un h… sacar un buen trabajo adelante, y no todos los días nos encontramos lúcidos -y aun así sacamos el producto- pero además, nos tenemos que tragar, no sólo el hecho de que nos tilden de “fantásticos”, sino que encima esa faceta, que no es nuestra ni la hemos hecho tal, provoca que nuestros trabajos sean valorados en menor medida de lo que quisiéramos. Sí, efectivamente, el diseño gráfico se está metastatizando en una costumbre fea de juntar cosas “ostroboscópicas y copia, corta y pega eso que ya está hecho” a una velocidad preocupante. El diseño gráfico es una profesión seria, muy necesaria, que no parece calar bien del todo en el panorama español. Y también es debido a un problema de referentes; parece como si en general ya no importara pensar en conceptos nuevos. Es decir, en algunos momentos (tristes) he podido comprobar hasta que punto no estamos dispuestos a dar de sí mas que lo justo (ver imagen). ¿Cuál es el objetivo?, ¿coger la pasta?, ¿hacerse “prestigioso”?, ¿no debería ser un poco quizás, el buscar o saber que lo que has creado es nuevo (original) o un poco nuevo, distinto, buscar la sensación de que tu trabajo está bien hecho, -porque has trabajado y lo sabes- ; esa sensación íntima de placer, de saber que has/te has enriquecido, te has esforzado, y has avanzado como diseñador y como persona -por poner un ejemplillo, vamos-?. Querer conocer a la musa llamada Trabajo no cuesta tanto (y que conste que sé que hay mucha gente que se esfuerza, y mucho… a cada uno lo suyo, oiga) y sólo requiere eso -a ver si puedo aportar algo-; coger un libro, mirar buenos referentes, investigar e ir más allá de lo que ya se ha hecho, dar vueltas a las cosas que surgen en la cabeza, sentirlo, en fin… cada uno se puede fabricar su propio método… A mi me funciona el mío, no digo que sea el mejor, pero me funciona.
¿Por qué os cuento esto?… Muy fácil, veréis, me he encontrado con este ejemplo que os muestro, que no deja de ser una casualidad, pero evidentemente existen otros, y no se si serán o no productos nacionales (ver imagen), lo que me lleva a la conclusión de que, no sólo en España, sino en el resto del mundo, nos queda mucho por delante. La originalidad es un concepto que perseguimos poder otorgar a cada uno de nuestros trabajos y me consta que se nos escapa. Algún profesor que otro nos recomendaba ver los trabajos de diseñadores prestigiosos y esas cosas, por aquello de la riqueza visual y eso,…bien, es normal y me parece apropiado, pero una vez adquieres cultura visual histórica (vamos, historia del diseño), parece como si los avances en diseño gráfico (en la actualidad) sólo consistieran en la aplicación de montones de efectos especiales con los consabidos programas a diseños que tiran de la casualidad y del absurdo, quizás más de lo necesario, olvidándonos (a mi humilde entender) del objetivo fundamental: comunicar y ser útil. No se, es una sensación mía, creo, pero no me sorprendo ni me siento “extrañado, pillado, sorprendido” al ver supuestas nuevas creaciones ahora, actualmente.
Esto sucede en gran parte debido a que o bien “bebemos” (por decir algo) en exceso de la herencia de los grandes movimientos, hasta encontrarnos con cuasi-copias de productos realizados hace casi cien años (uy, las modas son como un saco, le das la vuelta yyy…-esto dicho en tono de coña-), o bien ya estamos estrujando la teta tanto que ya no sabemos lo que “creamos” y no nos molestamos en buscar nuevas formas de expresión, a pesar de que hay una amplísima investigación en torno a los materiales que podemos emplear para crear (cualquier cosa nos sirve, y me parece bien). Quizás el diseño de protesta ha sido una de las vertientes del diseño gráfico que más conmoción ha causado en el panorama histórico del diseño, y creo que ha sido así debido en gran parte a los grandes conflictos: las guerras mundiales. Actualmente sucede que hoy también tenemos de esto (tanto conflictos -porque los hay, a patadas y sin salir de casa- como diseño de protesta, pero en menor medida) y la frase -que por otra parte estoy un poco harto de oir- : “los avances de la humanidad son debidos a la consecución de las guerras”, últimamente está cobrando un sentido especial para mí en cuanto a la realidad del diseño se refiere. No, por todos los dioses, no,… no estoy diciendo que sea necesario que nos estalle una bomba racimo en la cara para diseñar mejor, pero visto lo visto, últimamente ni siquiera las guerras nos inspiran…. ¿qué sucede?, ¿vaguería?, ¿tontería acomodaticia?, ¿nos hemos quedado estancados en lo urbanita y en el sobrevivir día a día con cuatro “collages” mal hechos?… Pueeeeees, no se qué pensar… Y la verdad, la experiencia me dice, tristemente, que sí. Parece como si a partir de los años 80´- 90´ se nos hubieran quitado las ganas de hacer cosas, excepto a un puñado de diseñadores (Emigre, Jonathan Barnbrook, etc…), y no sé yo si esto se lo debemos también a la aparición de lo “digital”. Desde luego, esto supuso un avance brutal en cuanto al diseño de tipografía se refiere, pues las antiguas máquinas de linotipia y monotipia pasaron a los museos por lentas, en un tris. Y ahora parece que todo el mundo puede diseñar, que si es muy fácil, que si yo soy “graphic designer” que si yo con el Photoshop hago un filtro de ladrillos que alucinas, que si el relieve este que le he puesto a las letras… Argh, madre, cuantas veces habré visto y oído estas cosas (maltrato a la tipografía, etc…)… Y los libros que nos leemos son los de los cursillos para aprendernos los programas…Juas, juas.
Por eso creemos que determinadas formas son nuevas y son originales. En el caso que nos ocupa, tenemos que este logotipo se nos muestra a través de dos formas circulares y tres unidas de tal forma que el resultado es un tanto orgánico. Se me ocurre que el intento puede radicar en establecer un paralelismo entre el concepto “comunicación” con esas formas. Si, es cierto, el SIMO es una feria en la que está presente este término por todas partes. Debo concluir que la logoforma parece funcionar. Pero me da la sensación de que, como digo, ya he visto esto… En fin chicos, la rayada está servida… Un saludo.


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