¡Qué país, qué país…!
Noviembre 21, 2007 //

El tema que me ocupa hoy es el de la remodelación que ha sufrido el periódico EL PAÍS. Sí, ya puedo escribir su nombre con tilde gracias a la norma aprobada, creo, en 1999 y que habla de la aceptación de las tildes en las letras mayúsculas, -por fin-. Pero no sólo ha sido remodelado el logotipo, del que me ocuparé unas líneas más abajo. También ha sucedido algo en las páginas del periódico, una redistribución de las secciones más apropiada, según los responsables. Y hay más, parece ser que se ha tomado la “grandiosa” decisión de mandar a la porra la tipografía empleada para texto corrido (Times).
Como siempre digo, a la hora de emprender una remodelación sobre cualquier tipo de diseño, tenemos que saber qué es lo que merece la pena conservar –porque tiene un valor de utilidad implícito- y qué es lo que necesita una revisión. Rememorando lecturas anteriores, me he percatado de un detalle: el maquetador original, el primero, fue un tal Reinhard Gäde, de nacionalidad alemana, también maquetador de la Revista de Occidente (revista de no poca calidad editorial), y de Julio Alonso, el primer responsable de la confección de EL PAÍS (vamos, como una especie de director creativo o algo así). El caso es que Reinhard se formó en los postulados de la escuela Bauhaus, y los aplicó escrupulosamente para conseguir una lectura cómoda y ordenada. Es un caso en el que el diseño depende de la función, que como sabéis todos es, en este caso, informar. Así, teníamos un periódico en el que por mucha información que hubiese, no se producía sensación de agobio, estaba todo muy ordenado y visible.
A lo largo de estos 31 años, el periódico ha sido sometido a, en teoría, meticulosos cambios (eliminación de los lutos, mayor tamaño de los titulares, y mayor protagonismo de la fotografía), producidos sobre todo por la revolución y el surgimiento de los medios digitales. Este paso es necesario no sólo porque ideológicamente el periódico abandere un concepto ligado al dinamismo del mundo, sino porque debido a esta idea, -por otra parte, muy real-, los avances tecnológicos son una consecuencia inevitable (en mayor o menor cuantía) del discurrir del tiempo. Tengo muchas dudas y preguntas con este tema, porque la evolución editorial en un periódico es muy compleja, y como las personas cuando son niños y crecen, si hay algo que no se cuida bien (aspectos alimenticios, por ejemplo), las consecuencias aparecen en el futuro (tarde o temprano). Me pregunto si la esencia del anterior diseño, del primero, se conserva. Siento que debería haberse intentado mantener el diseño original, con las oportunas modificaciones, pero haciendo caso de las normas que manejaba Reinhard, el maquetador original. ¿Se ha hecho así? Esto sería como mantener la legibilidad, la sobriedad, y la identidad en todo este tiempo, -si se han hecho así las cosas, claro-. No tengo que decir que este punto me parece fundamental. En cuanto al logotipo, bueno, parece ser que no llevaba tilde por un problema en la matriz (no entraba). Vaya… pero bueno, son cosas que pasan (ay, las prisas, que malas son…). No obstante, hay que decir que el diseño cumplió sobradamente las expectativas y lo que se buscaba se consiguió. Bien, bien,…
Pasamos al tema tipográfico. No es que adore personalmente a la Times, pero entiendo y reconozco que es una tipografía de culto, histórica, que ha demostrado con creces su utilidad. Su currículum es impresionante y actualmente difícil de superar. No es que nos hayamos encontrado con la Times en los periódicos, es que aparece en libros para colegios y escuelas, en libros de lectura,…en todas partes,…hasta en las más antiguas webs creadas en html. (aquí ya no estoy muy de acuerdo, vamos…). Se ha demostrado su legibilidad, y esto en tipografía es fundamental. Dependiendo del uso que queramos dar a una tipografía así esta será para carteles, para texto corrido, para titulares… pero esta se sale de lo normal por su demostrada versatilidad para funcionar en cualquier formato y/o soporte. Stanley Morison fue el culpable de esta situación. Fue contratado como asesor tipográfico para el periódico “The Times” y tras mostrar su descontento con el diseño en general, se decidió por crear un tipo basado en el conocido Plantin. El resultado fue un tipo moderno, a caballo entre la disciplina y contraste (modulación) de la Didot o Bodoni y la esencia de la escritura a pluma de cualquier garalda (old face u old style), como los trazos oblicuos en los remates de rasgos ascendentes, etc… Objetivo cumplido. Total, que de repente esto no vale ya porque se ha considerado “antiguo y clasico”…A ver, hay algo que me choca. El concepto que tenemos de moderno hoy en día está un poco adulterado, me da… ¿Cuántos piensan que Bodoni es antigua? Temporalmente tiene más años que el canalillo, vale, pero este tipo es un ejemplo (otra de las gordas, vamos) de cómo hacer algo atemporal. La terminología “moderna” en tipografía va mucho más allá de lo que entendemos por ponernos vaqueros en vez de pantalones de pinza. Una tipografía moderna (didonas) según la terminología, es aquella que muestra rasgos como el extremado contraste entre los rasgos gruesos y finos, provocando como resultado la modulación característica de estos tipos. Uno de sus representantes y probablemente el más conocido fue Giambattista Bodoni (1740-1813) creador de la conocida tipografía Bodoni. También está Firmin Didot, iniciador real de los tipos didones y creador de la Didot, de contrastes más evidentes. Si sólo nos atenemos a las fechas, la verdad es que no podríamos considerar como “modernas” a muchas tipografías de indudable valor de uso. Parece como si, en general, sólo la tipografía de palo seco (Futura, Univers, Helvética…) pudiera ser considerada “moderna”. Tenemos muchos ejemplos de marcas que usan tipografías garaldas, de transición o didonas para sugerir modernidad y sofisticación. Christian Dior, Vogue, Ralph Lauren, Mercedes Benz,… son sólo algunos ejemplos. En el caso que nos ocupa, cierto es, se ha valorado positivamente la sustitución de la Times por una tipografía de similares características. Pero no estoy de acuerdo con que se tilde a la Times de demasiado clásica o antigua, aunque pertenezca al grupo de las garaldas –como he dicho, también es un poco de transición y un poco didona- precisamente por lo que acabo de decir. La modernidad –como otros adjetivos- en tipografía –si el tipo que usamos es de alta calidad-, no siempre esta sujeta a lo que nos parezca su alfabeto, a simple vista. Es mas bien el uso y el tratamiento que demos al tipo (interlineado, interletrado, tamaño, composición, etc…). Nadie podría pensar a simple vista que la tipografía empleada para el logotipo de Vogue (Bauer Bodoni) inspiraría modernidad si no se hubiese construido de esa manera y se le hubiese dado un uso y una implementación como marca determinado/a. A mi buen entender -y esto para mí es una norma-, es el uso, el tratamiento, el que determina el adjetivo calificativo que vamos buscando otorgar a nuestro trabajo. No importa que uses una garalda o una didona si quieres transmitir modernidad, porque hay montones de recursos (más allá de la propia forma tipográfica) para sugerir este adjetivo y todos los demás. Gracias a esto, considero que soy más libre a la hora de manejar tipografía. Creo que esto es un poco lo que pensaría Reinhard.
He leído, y me parece lógico, que durante estos 31 años han cambiado muchas cosas en el periódico EL PAÍS, como el ámbito tecnológico, que ya es bastante (la maquinaria, los usos de la tinta, el color, etc…). Se dice que se buscaba una tipografía más legible y más moderna. Respecto de lo segundo ya he comentado lo que pienso. En cuanto a lo primero, hay que decir que la legibilidad (para mi) no es sólo “leer”, también es “entender lo leído”. Y cuando alguien “lee”, “entiende” lo que entra por sus ojos. Buscar los mecanismos –y encontrarlos, por supuesto- para conseguir una alta legibilidad –en el más amplio sentido de la palabra- no es que sea tarea fácil. Adrian Frutiger reoriento y uso el experimento de Belzeaux para encontrar la forma básica de la letra. ¿La investigación de la forma determinaría un porcentaje de la legibilidad? En parte sí, por supuesto, pero es el uso el que determina el resultado definitivo del conjunto. Esa sensación de que te has enterado de todo y ni te has percatado del tipo, es la que se debería buscar. ¿Qué características posee Majerit que la hace más legible que la Times?, ¿quizás determinadas terminaciones de sus astas, la letra “j” posee mayor modulación por alguna razón, a qué se debe la aparente mayor condensación de la Majerit con respecto a Times, si esta característica (se acerca a la variante condensed) provoca peor legibilidad?, ¿son correcciones ópticas o no?, ¿la forma de la Majerit viene determinada por el uso o por los gustos personales del tipógrafo o del periódico?… Según lo que he podido leer, la Majerit permite mayor velocidad en la lectura y por eso es más legible que la Times. ¿Es esto del todo cierto? A medias; creo que obtener mayor velocidad de lectura no es el objetivo principal. Es más, pienso que si te enteras mejor del contenido, la velocidad deja de ser importante porque estas inmerso en lo que lees y lo demas te da igual… ¿Va buscando el buen lector enterarse o terminar rápido? Además, deberíamos preguntarnos si debemos permitir que el lector se siga estresando (el mal de nuestro siglo) mientras lee el periódico. ¿Provocar atracción y un estado de relax comunicativo al lector? Un objetivo a perseguir…
Concluyo este apartado diciendo que no me parece apropiado catalogar a una tipografía de “antigua o demasiado clásica” -corriendo así el riesgo de generalizar un inexistente y supuesto mal resultado y provocar una posible “mala impresión” tanto entre los lectores como en los tipógrafos, y por ende su abandono injustificado- cuando se trata de un uso tan particular como el de una maquinaria y unas tintas determinadas… Precisamente por eso, cada periódico usa una tipografía distinta, porque los papeles y las máquinas usadas no son las mismas… Y si la Times ha estado viva en al menos dos periódicos (EL PAÍS y The Times), miles de libros y otras publicaciones, será por algo, con independencia de calidades de impresión, de papeles y de tintas. Por lo tanto, sí veo justificado el cambio tipográfico, pero inicialmente sólo en el ámbito de este periódico, que usa un papel y unas tintas determinadas. Las preguntas que quizás formularía a Feliciano sería… ¿Qué grado de universalidad posee Majerit?, ¿Es válida (mantenimiento de la total legibilidad) para una multiplicidad de papeles y de tintas?, ¿tendríamos en todos los casos un resultado óptimo? La tipografía Majerit será buena con ese papel y esas tintas, pero no sabemos si será igual de buena en otro papel con otras tintas. Ojala sea así.
En relación al nombre elegido para la tipografía he escuchado variadas opiniones. Las razones que empleamos para nombrar a una tipografía deben hacer referencia al producto final, ya sea a la tipografía en sí misma (la lógica que nos han llevado a crearla así y no de otra forma…) o bien al objeto del que va a formar parte indisoluble (en este caso, un periódico), pues esta ha sido creada con ese propósito y no otro. Parece ser que las razones por las que se ha elegido este nombre son dos: en primer lugar ya existe una tipografía con este nombre en castellano, la “Madrid” de Matthew Carter y por eso, al mostrar [Majerit] rasgos similares, el autor cree oportuno llamarla de manera parecida. La otra razón ahonda en el pasado árabe de la península ibérica, cuando la ciudad de Madrid estaba bajo dominio musulmán y era nombrada en ese idioma. Pero esta decisión también se basa en el hecho de que un periódico global y plural” como EL PAÍS, debe poseer una tipografía que haga referencia a esa globalidad y pluralidad, de tal manera que “Majerit” es como un “Madrid plural, sin centralismos”. No veo lógico pensar que en Madrid viven, además de españoles (madrileños, riojanos, etc…) sólo gente de raza árabe. Da la casualidad de que hay gente de otras nacionalidades que han fijado su residencia en Madrid, y no son pocos precisamente (chinos, rumanos, franceses, noruegos, latinoamericanos, y un largo etc…), y esto es la actualidad, algo de lo que se debe hacer eco un periódico sujeto continuamente “al cambio”, a la novedad de la noticia. La actualidad habla de una España muy plural y la realidad social, e incluso legislativa (los artículos 148 y 149 de la Constitución española de 1978 ) establece la autonomía y la descentralización territorial importante de todas las comunidades que forman este país, a pesar de que la sede del Gobierno español se encuentre en la citada ciudad/capital, por lo que más que “Madrid” -y en árabe-, yo, personalmente habría buscado algo más global. “España” es un nombre más democrático, pero sólo es un primer paso. Además, tenemos que tener en cuenta que si nos atenemos a la globalidad como tal, España es el resultado de muchas y variadas culturas -anteriores a la cultura árabe-, que veían en la península ibérica un puerto lleno de posibilidades comerciales o una nación que conquistar. Ejemplo de esto son los fenicios y los romanos. Por otra parte me ha llamado la atención el hecho de que a día de hoy (mañana va a hacer un mes de la publicación del nuevo EL PAÍS), en www.felicianotypefoundry.com no hay todavía colgado un ejemplo visual de Majerit, y aun menos, la posibilidad de adquirir esta fuente (puede que presumiblemente por una cesión total de derechos),… pero hombre, un ejemplillo a modo de… ¡eh, que la he hecho yo!, tampoco estaría de más. Vamos, como con las demás que se pueden ver, al menos.
Y ahora nos vamos a por el logotipo. A ver, la marca EL PAÍS sigue siendo igualita que siempre, manteniendo la misma tipografía (Clarendon en mayúsculas), y con ello los valores que de por sí arrastra, a saber, sobriedad, robustez y el recordatorio de pertenecer a una época en la que las máquinas, las fábricas y las ruedas dentadas cobraron un gran protagonismo, casi existencial. Todos hemos podido contemplar algunas obras editoriales dadaístas, futuristas o constructivistas, verdaderas historias tipográficas que hablan de los nuevos modos de vida (Zang tumb Thumb de Filippo Tommaso Marinetti es un buen ejemplo, pero no el único). Y esa esencia se conserva desde el primer momento, una época en la que lo social era el pan nuestro de cada día. Todos sabemos que este periódico tiene para sí un ideario socialista. Por lo tanto, parece acertado mantener la tipografía de la cabecera. Pero hay algo nuevo, esa tilde. La verdad es que no ha dejado indiferente a nadie. A algunos les gusta, a otros les ha dejado como si les hubieran quitado la sangre de la cara y otros la odian. Reacciones para todos los gustos. Haciendo caso de la historia del diseño, la forma triangular de la tilde no parece entrar en contradicción con nada en especial… Parece la forma más acertada y más cercana a algo parecido a una tilde. En base a lo desprendido por los movimientos de las vanguardias, hay varias formas que se han tenido en cuenta por presentar carácter de universalidad: la línea, el punto, la cruz (CANAL +), el cuadrado, el círculo y el triángulo. Lo mismo ha sucedido con los colores: se detecta un uso prevalerte del rojo, el amarillo y el azul, junto con el negro. Por lo tanto, parece que todo está en orden. Ahora bien, el sentimiento social no queda del todo claro con el empleo del azul en la tilde… y en todo el periódico. Los colores tienen las connotaciones que nosotros les damos, pero también es evidente que si hacemos caso de lo aprendido en la historia del diseño, el azul no es que sea el color predominante a la hora de comunicar sobre “lo social”, así de primeras. El azul es menos agresivo, más tranquilo, que duda cabe. ¿Más… plural? No se. Pero, en todas las marcas hay que reservar un espacio a la coherencia, a la lógica, y como tales, estas se posicionan como referentes indiscutibles de todos y cada uno de los aspectos definitorios de la empresa, de sus empleados y de sus clientes y operan en muchos niveles de conciencia (ver imagen). Es decir, ¿Por qué la tilde de EL PAÍS es azul y la de La Razón es roja?… ¿Qué es lo que está pasando? Bueno, pues esto es más o menos lo que hay… Ah, y el reloj (ver imagen)… en fin, a mi compañera de trabajo se la paró al día siguiente. Un saludo.


DissenyArt » Rediseño El País dice...
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2 de Diciembre de 2007