Miguel, el del Candela

Miguel Aguilera, más conocido como Miguel, el del Candela, fue el mejor jefe y el más brillante empresario que jamás he conocido. El pasado viernes, de madrugada, apareció muerto en mitad de la calle, cerca de su bar, el Candela, la famosa cuna madrileña del flamenco. Las razones de su muerte aún se desconocen.

No he meditado demasiado si debía o no escribir algo al respecto aquí, pues probablemente no sea el foro apropiado. No me importa, porque, en cualquier caso, voy a hablar de un emprendedor modélico, de la manera de aplicar su propio marketing y de su gestión empresarial. Por supuesto, como en todos mis escritos, en primerísima persona.

Pocos saben que al final del primer año de Magnoliart, a comienzos de 2004, me vi obligado a abandonar mi ocio de fin de semana para servir copas allí (en realidad, volver, pues ya había limpiado sus baños mucho tiempo atrás). Al principio fueron viernes y sábados, y en mis últimos meses acabé trabajando cuatro días por semana. El horario no era sencillo: sabíamos cuándo abríamos, pero nunca cuándo cerrábamos. El Candela posee una licencia única en Madrid, la de Café-Teatro. Y, si no me equivoco, esto significa que el ruido, la apertura y el cierre no están muy bien definidos. Al menos eso se decía. Y si había una presentación de un disco, el horario podía ser tranquilamente de cuatro de la tarde a siete de la mañana. Y, en alguna ocasión, con reunión en Magnoliart a las nueve.

Recuerdo como si fuera ayer la vez que me presenté allí para pedir trabajo. Miguel, un tipo extraordinariamente raro que me llegaba por la cintura, me dijo que se lo pensaría, le dejé mi móvil y me despedí diciéndole que si él no me quería contratar no me importaba, “pero si sabes de algún otro sitio que quiera a un tío que curre, dímelo”. Antes de que abriera la puerta para marcharme de allí, me respondió de inmediato: “¿Te atreves este viernes? te advierto que aprender el oficio de camarero es fácil, pero esto es duro”.

¿Duro? Joder. Trabajar en el Candela es uno de los trabajos que mejor recuerdo me han dejado, pero las noches de fin de semana eran de un sudor incesante. Cuando a las tres de la madrugada no podías con tu alma, el bar se ponía hasta arriba y acogía a todos los habitantes nocturnos del barrio de Lavapiés, que no tenían otro sitio donde elegir. Allí aprendí muchas cosas, y aunque suene a disparate, a contentar al cliente siempre, incluso cuando estuviera tan encocado que no se tenía en pie. A conocerlo, a analizarlo y a saber con una mirada lo que desea. Y mucho de eso está aplicado a esta empresa. Considero que muchos directores de marketing con sueldos millonarios deberían salir de sus despachos, volver a la arena y conocer de nuevo a la gente.

Miguel y yo nos hicimos medio amigos en seguida. Sin embargo, aunque nos llevábamos de miedo, nunca quisimos serlo, pues no sería productivo. Lo seríamos después, cuando abandonara el barco.

Uno de mis primeros días me mandó limpiar el baño. Vino conmigo para explicarme su método y nos econtramos con el wc destrozado y mierda por todas partes. Me dijo que me fuera a fregar el suelo de la cueva y se remangó la camisa. Cuando terminé -nunca me gustó tanto fregar un suelo como aquella tarde- me encontré a Miguel lleno de excrementos desde los pies a la cabeza, y me dijo: “Yo no te pago para limpiar mierda”. Se fue a duchar a su casa y regresó sonriente a su Candela. No estoy exagerando nada. De hecho, voy omitiendo bastante.

Allí redescubrí el Chivas con hielo. En fin de semana era frecuente que él y yo nos quedáramos un rato hablando de nuestras respectivas empresas cuando habíamos cerrado el bar. La conclusión era siempre la misma: sacaba una regla de un cajón y me decía “hasta que no aprendas a medir con una regla tu negocio, nunca te funcionará, y el Candela funciona gracias a esto”. Él tenía tomadas las medidas exactas de todas sus botellas, tenía calculadas las copas que se podían servir por cada una, a lo que le restaba el dinero que calculaba que alguno podría meterse en el bolsillo, invitaciones bajo manga (estaban prohibidísimas, aunque si se lo pedía me lo permitía), y al final de la noche se hacía recuento de todo el stock, y nos reñía si, en función de los resultados totales, habíamos puesto las copas demasiado cortas o demasiado largas.

La caja tenía que cuadrar siempre, pero en fin de semana nunca cuadraba.

Cualquiera que haya estado tomando algo en el Candela sabe cómo es eso: marcar correctamente las bebidas que se han tomado un grupo de amigos mientras otras cuarenta personas te chillan por una copa, es realmente complicado. Igual que cobrar todo lo que has servido. Y he trabajado en unos cuantos sitios de copas, pero jamás lo había hecho en un sitio tan aparentemente caótico. Dentro de ese desbarajuste de gente, alcohol y flamenco a todo volumen, Miguel había encontrado un orden.

Así que nunca cuadraba, pero el margen de error venía a ser de entre 20 y 80 euros de una caja de miles cada noche. Así lo reflejaba una compleja hoja de Excell que él solito se había currado. De hecho, varios bares de la zona tienen copia de este sistema que gentilmente Miguel les cedió.

En función del mismo, existía un baremo que tenía marcado, y si lo superábamos, nos pagaba equis más. Estábamos muy bien pagados y muy satisfechos. Hacer más de ese límite suponía un esfuerzo extraordinario y nosotros, curritos, nos veíamos reconocidos al final de la noche. Jodidos, pero contentos.

He de reconocer que el flamenco siempre me había parecido horroroso, por analfabeto. Pero allí me saqué el graduado. No os puedo explicar con palabras qué siente uno, con el bar cerrado, en la cueva de cal andaluza del piso inferior, cuando se introduce una voz flamenca en tu cuerpo porque te canta al oído Diego el Cigala. O Raimundo Amador. O Enrique Morente. Para mí solito.

Miguel me miraba y se partía: “Mira el ruso, cómo lo siente”. Los gitanos no tardaron en apodarme ‘el ruso’ por mi supuesto parecido con uno de los rivales de Rocky Balboa. Ni de guasa, pero me hacía sentir aceptado. De hecho, ese mote me salvó de un atraco en Tetuán, pero esa es otra historia.

Los gitanos, esa extraña cultura que lloricanta. Que no conocen el sentido del ahorro, para los que no existen las campañas antidroga (un chavalín me decía “antes la Guardia Civil nos perseguía por robar gallinas, así que prefiero que me persigan por cosas más caras”), generosos con sus amigos, terribles con los enemigos. Haber leído a Lorca por obligación en el Instituto me sirvió para comprender un poquito más a esta gente.

Muchos de ellos se reían de Miguel a sus espaldas, pero no había ninguno que no le hiciera la pelota. Por interés, pero en muchos casos por amor. El significado de la palabra “compadre” llegaba tan lejos que nunca logré comprenderla. Miguel estuvo en la cárcel por proteger a algunas personas, ayudó a los que merecían su ayuda, e incluso a algunos que no. En una ocasión la mujer de Enrique Morente presentó a Miguel a unos amigos de los Carmona (Ketama) diciendo: “Este es el dueño de Madrid”. Alguno llegó a decir que Miguel era un mafioso de mucho cuidado, y no es verdad, pero sacaba partido de esa apariencia. Creo que disfrutaba de ella. Le gustaba.

Porque mucha gente se le acercaba para contarle cosas al oído al final de la barra, en donde pasaba desapercibido todas las noches. Famosos y anónimos, para los que su semblante se volvía de El Padrino. Allí conocí a Luz Casal, a la que Miguel, como a tantas otras caras conocidas, saludaba con énfasis. Les hacía sentir como en casa.

Más de 30 años de Candela dieron para tanto… Miguel no tenía estudios -que yo sepa- pero su inquietud cultural era sorprendente (he leído por ahí que se le daba bien la pintura) y en ocasiones me pedía que le corrigiera escritos, se quedaba a mi lado y me pedía explicaciones, sobre todo de los acentos. Lo que yo le corregía, no lo aprendía, lo absorbía. Sabía muy bien que no era lo mismo entregar un escrito con faltas a escribirlo cumpliendo las normas.

Lo sabía un analfabeto y la mitad de la blogosfera no.

Pero llamarle así no es justo, pues la sabiduría que tenía este caballero era impresionante, y, además, el que realmente aprendía era yo, y yo era el ignorante. Si tener un bar es complicado, hacer muy rentable uno lleno de gitanos y borrachos es simplemente una epopeya. Si alguien se pregunta por qué había dos ucranianos enormes en la puerta de un garito de flamenco no tiene mucho que preguntarse.

Me marché de allí cuando una mañana volví a casa y le conté a mi chica que por allí se habían cargado a uno y que me había pasado media noche en comisaría con Miguel, precisamente aquí abajo, en Leganitos. Ya había vivido muchas cosas allí y eso fue la guinda.

Miguel me llamó varias semanas después para instalarle el sistema operativo en uno de los ordenadores, añadirle un disco duro a otro y apañarle la conexión de su red local. Esa maldita manía que tiene todo el mundo de pedirte cosas que no sabes hacer por el hecho de dedicarte a internet. En fin, lo hice encantado.

Aprovechó para contarme que iba a ser padre de una niña a la que no llegué a conocer, pues el tiempo nos fue separando poco a poco. La última vez que me pegué una juerga con él fue hace algo más de un año, ya con criatura, enamorado de su novia Claire, “con piños nuevos” y sombrero de hombre serio. Sí, se había vuelto un hombre serio que por fin disfrutaba de la vida.
Empezamos echando una partida de ajedrez en un rinconcito del Candela. Si un día me pongo a escribir todos mis recuerdos de aquel tiempo, merecerá la pena narrar la espectacular historia que existe entre el Candela, Bobby Fisher y los gitanos. Seguramente mitad mentira, pero a quién le importa, a mis ojos, el flamenco, como cualquier arte, es precisamente eso.

Es como tú, Miguel, que te has muerto pero no te has muerto, que fuiste gitano sin serlo. Pena de los gitanos, pena limpia y siempre sola. Pena de cauce oculto y madrugada remota.

  1. El Blogazo » Miguel, esa leyenda dice...

    […] Alberto Fernández cuenta una fantástica historia de pasión por el negocio propio, eso sí, con un triste trasfondo: Miguel, el dueño del Candela, apareció muerto la madrugada del viernes. El Candela es toda una leyenda entre los garitos de Madrid, donde el moderneo bohemio quiere hacerse paso entre el gitaneo de raza, corazón y convicción. […]

  2. Manu Montilla dice...

    Es una pena que te sueltes la melena y escribas maravillas sólo cuando alguien muere. Creo que deberias retomar aquel proyecto de blog personal, sin copiar y pegar nada del pasado y empezando desde cero.

    Prometo contratar publicidad, aun no sé bien que anunciaría en él, pero si así consigo que muevas un solo dedo…

    Te lo digo muy en serio, my friend :)

  3. Paloma dice...

    Me ha encantado tu relato…
    ¿Blog personal tuyo?
    Creo que podría ser muy interesante.

  4. sergio dice...

    Muy buen blog, te felicito.
    Voy a aportar un poquito sobre Miguel.
    Nos conocimos en el año 1982 mas o menos, cuando la patatería de Tomás que estaba en la esquina del Candela se trasladó enfrente donde hoy están la peluquería de Felipe y Quinti.
    Allí llegaron tres hermanos Miguel, José y Octavio que rapidamente se integraron con la gente del barrio, recuerdo que me dijeron que iban a abrir un bar y le pondrían Candela, en principio no me gustó mucho el nombre pero luego lo acepté de tal manera que el cartel del Candela que aún sigue coladao en la entrada del bar lo soldé yo mismo ya que tenía experiencia porque estudiaba construcciones metálicas en el Instituto Juan de la Cierva de Embajadores… Aún recuerdo a José diciendonos que no nos acercaramos a la barra porque estaba recién pintada de verde(oscuro)…
    El tiempo ha pasado, llevo 12 años viviendo en Lituania y voy muy poco a Lavapiés y ultimamente hace un año me dio mucha pena ver como está mi barrio ya que ha perdido toda la tradición… nunca mejor dicho. Entonces pasé un buen rato con Miguel en el bar de Joaquín (Casa Lastra), al otro día con Gloria, su madre, mi madre y un servidor charlando en la esquina del Candela al mediodía.
    Miguel el futbolín que le compraste al Lute y que nos regalaste lo tenemos en nuestra casa de los Picos de Europa y lo guardamos como oro en paño.
    Es decir, que conozco muy bien a esta familia desde que llegaron al barrio y no he querido ver una dedicatoria tan buena como la tuya y dejarla pasar sin poner unas palabras de apoyo.
    Sergio desde Lituania

  5. Alberto dice...

    @Manu. Gracias, pero no soy tan materialista ;) Me lo pensaré.
    @Paloma. Gracias, me animáis a seguir dándole a la tecla.
    Y, Sergio, me dejas alucinado con que la persona que colocó los archiconocidos hierros del Candela se pase por aquí a comentar. Gracias por tu interesantísima aportación.

  6. Santiago dice...

    Alberto, no creo conocer el Candela, pero me ha sobrecogido tu entrada. Enhorabuena por los tiempos vividos y lo bien que los cuentas

  7. hastrakan dice...

    Muy buena entrada, que pena el motivo de la misma.

  8. Luis Rull dice...

    Impresionante reseña de una persona que parece un personaje de novela. El personaje bueno, claro está

  9. Alberto dice...

    El domingo salió una página entera en El País sobre Miguel y su Candela y, claro, cuando lees algo de alguien que conoces muy bien resulta extraordinario hacer un repaso de todo lo que sabes. Porque ya no es un amigo al que admiras, sino un personaje en el que te recreas, una vez dejas a un lado la tristeza.

    Efectivamente, Luis, todo un personaje de novela. Sin embargo, escenas que viví allí aún no las he leído en ningún libro. Surrealismo puro.

    Hastrakan, Santiago, gracias por vuestras palabras. Os acabo de añadir a mi rss :)

  10. Jose dice...

    Si alguna vez más intento sin éxito localizarte, volveré por aquí. Si me puedo pegar de nuevo el lujo de encontrar un texto como este, no me importará esperar tu llamada.

    Felicidades, poeta.

  11. Alberto dice...

    Bueno, lo último es la parte final del Romance de la pena negra, de Lorca.

    http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=ver_poema1.php&pid=8900

    Olé tú, José y tu par de widgets ;)

  12. Mamen dice...

    “Si un día me pongo a escribir todos mis recuerdos de aquel tiempo, merecerá la pena narrar la espectacular historia que existe entre el Candela, Bobby Fisher y los gitanos.”

    Empieza ya. Nunca sabes qué pasará mañana… Y eso también te lo enseñó Miguel (y muchos lo agradecerán).

    Be blogger, my friend.

  13. CHEMA DE MÉRIDA dice...

    Recuerdo hace ya algunos años, cuando por motivos laborales tenia que ir a Madrid a menudo, conocí el Candela a vez que El Patas, nunca olvidaré cuando entro en El Candela y a la izquierda estaba Miguel enredando en el Ordenador, tenia un problema serio, no podia reproducir la música pues el Winnamp habia petado, ya con mi copita puesta en la barra, me presento a Miguel y le sugiero arreglarle el problema, Miguel se quedó sorprendido, por mi afirmación y me dijo adelante haz lo que puedas, me fui al coche, y cogi uu cd con ese programa y me puse manos a la obra, en cinco minutos estaba sonando Guadiana, Miguel sorprendido y como era como era y como yo soy como soy, comenzamos una amistad que perdurara por siempre. Cuantas noches con los hermanos Losada,con el Tio Ramón, Diegito,Rafael
    Paquete, Pesicola,el Porras y tantos más que podria escribir aqui, Miguel desde que te conocí y nos hicimos amigos, me sentí orgulloso de esa condición, cada vez que subía desde Mérida siempre iba a verte y siempre te alegrabas recibiéndome con los brazos abiertos, siempre fueron muy amenos los momentos que viví en tu casa, ahora mismo me encuentro triste esta noticia me duele como si fueras de mi familia, gracias por todo Miguel.

    Todos mis respetos para su familia, seguiré acudiendo al Candela cada vez que suba a Madrid.

    Siempre te recordaré amigo.

    Ya nos veremos.

    El Chema de Mérida

  14. Rosa Aguilera dice...

    Mi hermanito mayor era un “Mostruo”.

    Gracias a todos los que habeis conocido a mi hermanito mayor.

    Aclarar que Mi Miguel no era analfabeto,aunque si muy autodidacta, estudío su bachiller y 5 años de electronica, a la vez que trabajaba de aprendiz de electricista, desde los 14 años, en lo que antes era la Simca (hoy no se….).

    Pero siempre hemos sido una familia normal y humilde.Con nuestras penas pero con las ganas que dar tener la capacidad de ser alegre.Con mucha fuerza.

    le empujaron a la muerte y de sensible que esta dama se lo llevo. como tantas otras damas se habían obsesionado con el.

    Miguel sabes que gran parte de lo que soy me lo enseñastes tú. nunca nos separamos, aunque a veces nos vieramos poco, sabiamos que nos teniamos.

    Ninguno en casa podemos dejar de llorarte y de querer luchar por tu obra.

    te quiero

    Tu menua, Rosa

  15. hastrakan dice...

    Vaya, gracias por agregarme al rss, no era necesario.

    La verdad es que por lo leído en el post y los comentarios que está dejando la gente me ha despertado la curiosidad, y aunque no me va mucho el flamenco, me hubiera gustado conocer el Candela y a Miguel.

  16. Luz dice...

    Aún me cuesta creerlo, Miguel el del Candela… En los 7 años que viví a escasos 25 metros de El Candela el local acabó siendo mi segunda casa en el barrio de Lavapiés. Ví como se hacía la obra, como se colocaban los rótulos de hierro forjado y recuerdo, apenas sin conocerles, cómo le gasté a Miguel alguna chufla por aquella especie de jardinera gigante que puso junto a la puerta de entrada, tras la verja: Miguel, la tinaja esa es un rompe piernas, aunque también vale para evacuaciones de urgencia y no poner la calle hecha una pena. Él arqueaba las cejas y acababa riéndose, pero la que más se reía era su madre ¡que maravilla de mujer! y que trabajadora incansable; en los primeros años de actividad del local ella recogía, limpiaba, ordenaba, se preocupaba por sus hijos. Me iba al Candela, como quien pasa en su domicilio de la cocina al salón con una copa en la mano. O me iba antes de que llegaran los artistas de los tablaos o… volvía a mis habitaciones bien entrada la mañana. ¡Cuanto visto, escuchado, hablado y callado en El Candela!.
    Con poquita gente, en la esquina de la barra, junto a Miguel y su madre he pasado largos ratos, y ahora que lo rememoro, aún paralizada por la noticia, pasábamos mucho tiempo juntos, sin hablar, unidos por miradas de complicidad irrepetibles. Pagué mis copas y Miguel me invitó a otras.
    Me fui de Lavapiés, pero nunca jamás Miguel dejó de saludarme allá donde nos encontráramos, festivales de flamenco, presentaciones de discos y libros… A veces era un gesto con la mirada, que bien que estás ahí. Otras un toque en el hombro al pasar ¿Todo bien ? Si, si. Otras una conversación breve.
    Me recuerdo ahora sentada en un taburete en la esquina de la barra, siguiendo la mirada escrutadora de Miguel a través del local supervisando sin aspavientos a las amistades y a la clientela ¿Bien? Todo bien.
    Sentada allí, calzando zapatillas de ancianito, de esas de cuadros de las de toda la vida, estaba en mi casa, bebiendo un mosto a sorbos chiquitos y a sorbos grandes lecciones directas de la mejor música flamenca.
    Saliendo del local con el sol en todo lo alto, algún porrazo me dí con la endiablada tinaja de la puerta.
    Ya te dije Miguel que ese trasto tiene su pizca de mala sombra.
    Un beso muy grande amigo, un abrazo muy grande a toda tu gente.
    Y a ti, Alberto, gracias por la semblanza.

  17. Jorge Camarlengo dice...

    Llego desde el blog de mi querida Luz a este recuerdo de Miguel Candela. Me enteré de su muerte ayer revisando un reportaje de unos premios flamencos. Nunca fuí amigo de Miguel. Si fuí cliente. Candela era (espero que siga siendo) el lugar donde ir cuando ya te echaban de todas partes, a tomarse la última aunque finalemente fueran tres o cuatro más. También a primera hora te podías dejar caer por allí, las pocas mesas junto a los ventanales vacias… dejándote llevar por la charla con amigos mientras, casí sin darte cuenta, la música iba subiendo y tu espacio vital dentro del local era cada vez más reducido. Le recuerdo en la esquina de la barra… pendiente de la música. Recuerdo también que mi mirada se perdía siempre hacia el fondo, hacia la entrada a la cueva, al santuario flamenco. Nunca lo visité… si lo hizo un buen amigo, junto al maestro Morente… Confío en que el espíritu de Miguel permanezca por allí para seguir acogiendo a los que siempre encontramos en Candela ese trocito de aire para seguir las noches que no queremos que acaben. Gracias por tu texto.

  18. Roger dice...

    Hace falta rascar mucha “blogosfera” para leer algo así. Siento que te quedas con un montón de cosas en la chistera. Cuéntalas, hombre…

  19. desde Córdoba dice...

    recuerdo tu experiencia en el Candela no sólo porque me la contaras personalmente, sino también porque la dejabas plasmada en una web. Si antes me gustaba lo que decías, el homenaje que le has hecho ahora es, sencillamente, cojonudo. Es cierto lo que dicen mamen, manu, … No esperes a que nadie muera para seguir escribiendo.

    abrazos y besos desde Córdoba

  20. teresa dice...

    no conocí a miguel, pero conocí el candela, para crear algo así hace falta ser un tio especial, parece que él lo era, y los que lo conocían también, con leer como escribis se disfruta, miguel ha muerto !viva miguel!

  21. Alicia dice...

    Me entere de que Miguel murio por un comentario de mi madre, yo disfrutaba de parte de mi baja maternal en Zurich cuando mi madre me dijo que habia leido en el Pais que alguien habia muerto en la calle Olivar, en la que calle que yo trabajaba. En el tiempo, algo mas de 12 meses, que estuve trabajando en el restaurante Olivarseis creo que vi casi todos los dias a Miguel, formaba parte de una costumbre, era parte de nosotros, a veces, taciturno, silencioso, sin querer hablar ni que le hablesemos, solo queria algo ligero y no abundante para comer, casi siempre un buen pure o los spaguettis al nero de sepia ( para el sin guindilla) que tan bien preparaba Enrique, otras era un dicharachero imparable, cuando llegaba con su amigo y vecino nuestro el Paquete, eran un duo comiquisimo que a nosotros nos alegran el rato, sobre todo los dias de poca clientela y bajos animos, pero sobre todo hablaba sin parar de su Gloria, de su hija que era su vida.
    Cuando abri el periodico y vi el reportaje sobre Miguel Candela, las lagrimas aparecieron en mis ojos, y lo que aun no he parado de preguntarme ( quizas porque yo soy madre desde hace tres meses y medio ) que sera de Gloria?, seguira en contacto con su familia paterna?, le hablara su madre de Miguel?
    Nunca tuve una opinion concreta de Miguel, solo que a veces te volvia loca con sus cambios de humor y una no sabia como acertar. Lo que no sabia era que me afectaria tanto su muerte, es como si un observador de mi vida en Madrid ha muerto y posiblemente sea asi.
    Desde que regrese por Madrid aun no he pasado por la calle Olivar, pienso en Miguel y que parte del corazon de Lavapies se ha ido con el. Y ademas del corazon tambien la seguridad de las calles colindantes al Candela.
    Estoy segura de que Miguel sera siempre recordado.

  22. Verdu Junior dice...

    Miguel siempre estara en mi corazon, para mi fue como un segundo padre. Pase muchas noches en el candela con solo 13 añitos, para mi seran inolvidables. La verdad es que ya solo le veia en algunas ocasiones pero parecia como si no pasara el tiempo por el, con sus bromas y siempre una sonrisa picara de oreja a oreja. Tuve la suerte de formar parte del candela la epoca de los 90 y ser pareja de Miguel en el futbolin ganado a Paco de Lucia, Juan Diego, Nicolas dueñas ect… Buenas cabezaditas en los antiguos bancos pegados a la pared, partidas de ajedrez y excursiones nocturnas con mi amigo Miguel.
    Gracias por todo Miguel esas noches fueron aun mas especiales gracias a ti.

    Juan Verdu Junior

  23. nico dice...

    Que pena que no se esrcibir bien en español, tengo mucho que decir sobre Miguel ya que trabajé con él durante ocho años pasando juntos muchas noches en el Candela. Siento mucho su pérdida, para mi fue más que mi jefe, un amigo, un hermano. Todo lo que he conseguido en éste pais y lo que he aprendido se lo debo a Miguel Candela. Muchas gracias.

  24. Alberto dice...

    … y Nico es el gran hombre que vino del Este para protegernos de los malos… Un abrazo grande.

  25. nico dice...

    gracias ALBERTO

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