Encefalograma plano…
Junio 23, 2008 //

Buenos días a todos, especialmente a los que hayais conseguido llegar al trabajo tras carbonizaros en el Metro. No, si el aire acondicionado va puesto, pero claro, vamos tantos en el mismo vagón que, bueno en fin… Por cierto, las sardinas en lata, un refrescante descubrimiento para este veranito…
Pues nada, resulta que este fin de semana he podido descubrir una serie de cosas. El sábado por la tarde iba yo totalmente inmerso en mi mundo, rozando lo vegetal, pensando en mis cosillas y así a lo tonto, me planto en la estación de Príncipe Pio, en la línea R, la que va de P. Pio hasta Ópera y a la inversa. En fin, rutinario: llega el tren y nos subimos. Yo sigo vegetando… Y aquí sucede algo.
Resulta que estaba yo sentado en el vagón cuando de repente veo a una pareja (matrimonio o pareja de hecho, no lo se…) con un chavalillo de unos tres o cuatro años en su respectivo vehículo infantil. Me fijé en que parecía que estaban como dudando y cuando ví hacia donde centraban su mirada (sin tener en cuenta que parecían faros costeros) me dí cuenta que no sabían muy bien hacia donde se dirigía nuestro convoy. Al ponerse en marcha los motores decidieron subirse al tren, con un gesto de visible impaciencia… Dije para mis adentros: el nuevo plano del Metro, no puede ser.
Mis dudas se disiparon. En cuanto arrancó el tren, la mujer se me acercó y en un casi perfecto castellano me preguntó… atención a la pregunta, señores… “Por favor, ¿me podrías decir dónde está [enseñandome el nuevo plano de Metro] la estación de Ópera?”. No podía ser. No es que fueran buscando alguna estación alejada de Príncipe Pio, es que estaban buscando la más cercana de todas (junto a plaza de España, y otras) y no la encontraban en el plano. Mi sorpresa fue mayúscula (bueno, hasta cierto punto) cuando al intentar ayudar a la mujer, me di cuenta de que CASI ni yo la encontraba. Creo que mis acompañantes en este “largo viaje” se dieron cuenta. Tras diez segundos di con la estación, que aparecía haciendo zig-zag y con una distancia entre estaciones desproporcionada. Esto tiene cierto sentido, porque yo soy uno de los muchos viajeros que ha rechazado el nuevo plano (llevo uno en formato tarjeta desplegable de mayo del 2003, con una ilustración de un vagón modelo Bulevares del año 1947). El alivio fue palpable, sobre todo para la pareja.
Es la primera vez que me sucede algo así (con este plano en concreto). Lógicamente me han parado muchas veces para preguntarme por una estación en concreto pero, puntualicemos, sin plano en mano; cosa un tanto extraña, teniendo en cuenta que tenemos buena señalética (dentro de lo que cabe… esa Arial a ver cuando desaparece) con indicadores de qué estaciones son las siguientes en el andén correspondiente. Este caso es distinto. Ha quedado patente que las personas que vienen de otros países (y no hablo de los ingleses, aunque estas personas lo parecian) encuentran dificultades para encontrar las estaciones en nuestro plano de Metro. Sinceramente, a mi no me extraña en absoluto. Y se debe, creo, a la inexistente correspondencia entre la distancia real de las estaciones con el plano de la ciudad y el del Metro. No sucedía así, sin embargo, con el anterior mapa (creo que obra de Alberto Corazón, si no me equivoco). Parece una tontería, pero no es que el mapa sea feo (estéticamente puede suponer un avance, y todo eso…), es que su lectura es difícil, y no por la tipografía, que es un aspecto que parece que se ha tenido en cuenta (estaciones con trasbordo en mayúscula, el resto en minúscula, etc… ), sino por la ausencia de realidad en el trazado.
He leido en algunos medios que se ensalzaba la eliminación de diagonales y la de curvas como un salto hacia una nueva estética más acorde con la actualidad, como una mejora. Pero el diseño de mapas es, más que otra cosa, diseño de información y esta tiene que ser útil a costa de cualquier cosa, incluso de la estética (curiosamente, ha cambiado el color de la línea R: en el primer modelo del nuevo mapa aparecia en un tono rosa pálido y ahora es azul y blanco… por algo se hacen las cosas). A mi humilde entender, no podemos sacrificar esa parte de la legibilidad; la tipografía es una parte de ello, sí, pero sólo una parte (no me parece mal lo de las mayúsculas, lo veo muy útil). La prueba la hice en cuanto salió el mapa, y por eso conservo el del año 2003. Tengo que reconocer que me costó bastante, a pesar de que uso el metro a diario y tengo una imágen visual (del anterior mapa) de dónde están las estaciones que conozco. Pero este mapa es distinto. Posiblemente, si me habituara, quizás terminaría por ubicarlas mentalmente y se acabarían los problemas… pero no quiero.
Me parece que este mapa no termina de calar en la gente. Todavía está por ser la primera vez que vea uno de estos en grande en alguna marquesina de alguna estación. Los mapas antiguos permanecen y me da que por mucho tiempo. Por cierto, el pdf que está colgado en la web de Metro, se ve fatal. A ver si lo cambiamos por algo más visible, aunque sea en pantalla. Bueno,
pues eso es todo. Un saludo.


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