Homo degeneris
Octubre 28, 2009 // Por Alberto Fernández
Un conocido hotel de Madrid contacta con nosotros a través de su cocinero, un premiado y endiosado individuo, para la realización de su página web. “Es que yo soy el único que tiene buen gusto aquí”, decía, y por eso se iba a encargar personalmente del asunto.
Adivina, adivinanza: un hotel de lujo necesita una web y es el cocinero el que llevará el proyecto, ¿qué verdad se esconde tras los fogones? Preste atención: “Necesito una empresa que infle el presupuesto de la página del hotel lo suficiente como para darme una comisión e incluir, además, mi página web personal”, comenta. Así, sin tapujos. Sin conocerme de nada. En la primera conversación.
Atención, giramos.
El hombre se desplaza erguido desde hace un par de millones de años. Entre otras razones, el cambio climático hizo que aquellos simios que eran capaces de caminar sobre dos patas prosperaran: mayor resistencia a las altas temperaturas, mejor alcance y distribución de los frutos de los árboles, menor consumo y, por tanto, desarrollo de una resistencia récord para enfrentarse a las largas distancias, y lo que es más importante, información al cerebro multiplicada por dos: caminar y manipular. Parece ser que fue eso, precisamente, lo que nos hizo desarrollar el córtex cerebral, de tal modo que algunas funciones inconscientes podían saltar a la corteza cerebral y transformarlas en experiencias inéditas.
Así, el instinto se transformó en intuición, el hambre en el desarrollo de la agricultura, la conservación de alimentos, el fuego, etc. El homo erectus siembra, en este formidable momento, la semilla de la consideración, la de sentirse superior a cualquier especie del planeta.
Y, por cierto, aquí comienza una división de sexos que aún permanece vigente. La mujer se queda en la cueva y el hombre sale a cazar, por lo que ambos, con el paso de miles de años, se desarrollan de maneras diferentes: la mujer desarrolla la imaginación, la organización y una inteligencia genérica (holística). El hombre, por su parte, desarrolla su sentido de la orientación, su físico y, sobre todo, su inteligencia práctica.
Me parece que, aunque sólo sea por honor, los humanos deberíamos utilizar un regalo que, fruto de la casualidad, tenemos encima del cuello. Se llama cabeza, cretino.






Alberto Fernández dice...
PD. Yo me oriento peor -mucho peor- que mi señora. Y, además, ella tiene bastante mejor físico que yo. Dónde va a parar.
28 de Octubre de 2009
Domenico Modugno dice...
Si el tío cocinero este compra la carne del restaurante como compra servicios -cobrales caro, dame una comisión y me envías carne a casa- solo se me ocurre una palabra para este ‘homo degeneris’: LADRON. No es un problema del desarrollo del cortex cerebral, es un problema de valores, que este ratatouille ratero no tiene. Esta escoria vende a su hija, a su esposa o a su madre, si le llegaias al precio.
2 de Noviembre de 2009
Alberto Fernández dice...
Amén.
3 de Noviembre de 2009
Sergio Monge dice...
Si es que si cortas el bakalao, cortas el bakalao. Y punto. Faltaría mas.
8 de Noviembre de 2009
Doña Tecla dice...
Este premiado y endiosado individuo es un oportunista como tantos que pululan como ratas por todas partes. ¡Da asco pensar que un día pudiera hacerte la comida!
En cuanto a tu señora…¡claro que ella se orienta mejor que tú y…! Porque nunca se quedó en la cueva, porque salió a cazar y desarrolló todas sus capacidades como tú… ¿No es mejor así?
Un abrazo para los dos.
13 de Noviembre de 2009