Comenta Gaspar Llamazares, al respecto de la clamorosa utilización de algunas partes de su rostro para la elaboración de la nueva imagen de Osama bin Laden, que “El FBI no llegó a mi imagen por casualidad. Puso mi nombre en Google”. ¿Sugiere el líder de IU que iban a por él? Eso dice, pero seguramente no tiene razón. Lo más probable es que la búsqueda fuera un número: 19957.
Los pensamientos sencillos suelen ser los más razonables: Osama bin Laden y Gaspar Llamazares comparten año de nacimiento, 1957.
No soy un experto, pero si tuviera que hacer un retrato robot del terrorista más buscado del mundo, trataría de encontrar rostros de edad similar. Y una pequeña dosis de torpeza puede hacer que se me escape un 9 al buscarlo en Google.
Ya no puedo continuar espiando
tus llegadas día y noche adivinando,
ya no sé con qué inocente excusa
pasar por tu casa.
José Luis Rodríguez, El Puma.
Desengrasemos. Mira:
O “llámanos-como-tú-quieras”, cachocarne.
Pero si a uno se le ocurre buscar “gugle” es otra historia. Es como si el bueno de Jeeves (sigh) nos dijera: “Permítame comentarle que es posible, aunque no probable, que haya errado en el momento de deletrear nuestro nombre comercial. ¿Ha intentado buscar por nosotros?. Si es así, me permito la licencia de recomendarle una nueva búsqueda. Siempre suyo, Jeeves. Postdata: obviaré su intento de romper Internet“.
O lo que es lo mismo:
Bien, no mojaré en la definición que Google España hace de sí mismo. Aunque quizás queríais decir… otra cosa.
El boca a boca, amigos míos, es lo que tiene (el boca a bocachancla, digo). Imaginad qué hubiera pasado con Schweppes si no nos hubiesen enseñado a pronunciar su Shhhhh… ¿que se llamaría Finley?
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Si te preguntas qué es esto, deberías consultar la categoría Goot you!, en donde archivo estos capítulos.
Sergey Brin, matemático, informático, científico y co-fundador de Google, diseñó -con todo cariño- el logotipo de su proyecto en 1998. Un año después, este moscovita afincado en la Universidad de Stanford, está a punto de tomar una decisión fundamental para su futuro, junto a su socio Larry Page, claro:
Sergey.- Tenemos que prrrrofesionalisarrr nuestrrra identidad corrrrporrrrativa.
Larry.- Peor aún, ¡el de la hierba no me coge el teléfono!
Sergey.- Oh my god! Whatarrrrewegonnadonow?
Larry.- ¿Vamos a la cafetería?
Sergey.- Da.
En este punto es cuando encontraron la verdadera consonancia, el punto en común, el eje en el que Arte y Ciencia van de la mano: las bolsas de plástico.
Debieron conocer a través de ese nexo a Ruth Kedar, una profesora de Diseño de la misma Universidad. La señorita Kedar tiene un estudio, Kedar Designs, y a la señorita Kedar le encargaron la profesionalización de su logotipo, el que conocemos hoy, el que nos tragamos decenas de veces al día.
La señorita Kedar es diseñadora de logotipos tan célebres como este:
No pierdas detalle del mensaje: carteles de un evento musical parecen flotar gracias a un espectacular juego de luces y sombras, grises y blancos rotos, sólo perceptibles por aquellos elegidos que sean capaces de valorarlo. Kedar se muestra aquí tan elitista que acompleja al espectador, por eso nos acomoda en el logotipo con toda una vertiginosa sinuosidad fruto de un trabajo intelectual muy elevado. Las ondulaciones, una hacia la derecha y otra hacia la izquierda, parecen imitar los movimientos de las manos de un director de orquesta, cosa que sumada al parecido razonable entre “The Hanzs” y “The Hands” lo convierten en un elemento del todo legítimo.
Observa, además, esa capacidad para salir de la línea airosa, colocando, con dos cojones valentía, una “a” minúscula en medio de mayúsculas. Esa “a” sufre timidez ante tamaños vecinos que, en un gesto sin parangón, extienden sus brazos por encima de ella, arropándola y aceptándola.
Un logotipo bien cerrado. Pero aún hay más:
Sólo un malpensado vería en esta identidad corporativa unos Juegos Olímpicos, o un tipo tirándose de una avión -sin paracaídas- harto de su propia existencia. A juzgar por su vestimenta, de profesión es (o era) un payaso. Pero, única y exclusivamente, un muy malpensado podría censurar este logotipo por utilizar exactamente los mismos colores de Google y un relieve que provoca úlceras.
Porque ese es el sello de la firma Kedar, el relieve, las sombras. Ella juega con lo feo y lo mantiene feo. Es la Rossy de Palma de las tipografías. Un misterio.
Continuará.
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Si te preguntas qué es esto, deberías consultar la categoría Goot you!, en donde archivo estos capítulos.
[post con BSO: si le apetece, póngase esto de fondo]
“Estábamos tan preocupados por ser felices que nos olvidamos de que no éramos libres”
Marjane Satrapi, en Persépolis.
Comprender los mecanismos que funcionan tras el escenario del capitalismo es una virtud propia de gente muy selecta. Comprender que vivimos en una sociedad llena de prejuicios demasiado ocupada en el consumo de bienes y servicios, y comprender por qué, cuándo y cuánto tiempo empleamos en emitir un juicio sobre lo que nos rodea es fundamental para una empresa que aspira a nadar en medio de un banco de tiburones.
Digo esto porque odio el logotipo de Google, lo odio con toda mi alma. Porque me desmonta algunos de mis argumentos para defender el diseño. El buen diseño, el que no es un gasto sino una inversión. ¿El caro? Porque Google es un ejemplo de que, incluso una empresa con un logo horrible, puede hacerse un hueco en un mercado y, en muchos casos, monopolizarlo; y hasta hacerse cómplice de sus clientes: un guiño de Google es como un resfriado de Maradona en los ochenta, todos corremos a aporrear el teclado para decir que Google homenajea a Joan Miró.
Permitidme una ligereza: el logo de Google será estudiado como un histórico ejemplo gráfico del sueño americano, del “yes we can”.
Ya me he acostumbrado y hasta lo veo elegante, pero si lo pienso me escama esa sonrisa de la “e”, me salen ampollas con su infantil festival de colores. El relieve y las sombras me producen arcadas.
Vuelvo a mi ser y me reencuentro en otro lugar: yo, presidente de Windosoft, que me gasto una pasta en vigilar, renovar y enmarcar la identidad corporativa de mi firma, si veo el logo de Google en 1999 pienso automáticamente que no es un peligro para mis intereses. Es más, ni siquiera entiendo que alguien pueda poner un sólo dólar en una empresa que, de primeras, huele a mal gusto. Así de simple, así de torpe, me fío del poder de la imagen y paso a otros temas más importantes, que tengo muchos Windosofts que vender en un mundo en el que los grandes no caen nunca.
Hasta que caen.
Años más tarde, esos, los del bisel, los de las sombras, los de la fantasía colorista (“maricas, pensé en su momento”) aparecen en los periódicos, recogen premios, son el asombro del nuevo mundo, ¡y no dan conferencias!
Los de la sonrisa infantil acaban de cambiar el gesto: ahora me dan miedo, su sonrisa me resulta astuta, es pícara.
Me siento profundamente analógico y, por eso, cometo una segunda equivocación.
Julio Alonso (Weblogs SL) ha sido condenado a pagar 9000 euros por injurias a la SGAE por los comentarios vertidos en su famoso post del año 2004 en el que explicaba el Google-bombing que relaciona la palabra “ladrones” con la SGAE. Esta sentencia, que además le obliga a retirar esos comentarios de su blog, dice textualmente:
Los hechos en los que se fundamenta la demanda se concretan fundamentalmente en los comentarios, llamados posit y positero a quien lo hace.
Qué país, lo que hay que ver. Me imagino a la jueza en cuestión preguntando a su equipo: “Oye, en esto de los blogs, ¿cómo se llama cuando uno escribe su opinión?” Y en lugar de pensar en lo evidente, COMENTARIOS, alguien le dice “posts!”, y le contesta, “¿y eso cómo se escribe?”… “Igual que los papelitos que te pongo en la pantalla del ordenador, POSITS”.
Julio asegura que recurrirá la ’sentencia positera’ y veremos en qué acaba todo esto. Mientras tanto, corren por toda la blogosfera mensajes de apoyo a un blogger, que, sin quererlo, se ha convertido en portavoz de la libertad de expresión en Internet.
¡Aleluya! Parece que la casa Adobe ha dado con la aplicación que resuelve el mayor problema de las animaciones Flash, que son invisibles para los motores de búsqueda. Para variar, no encontramos respuestas en la web corporativa (actualizo, acaban de subir una nota en inglés sobre el tema, al igual que Google, y curiosamente ambos se atribuyen la medalla), pero sí leemos en TechCrunch que Adobe ha creado un nuevo prototipo de Flash Player que permite a los buscadores rastrear los archivos SWF como si fuera un usuario virtual. Según parece, de momento lo están testando con Google y Yahoo!, tal como lo atestigua Michele Turner, vicepresidenta de Adobe.
The Register, que también se hace eco de la noticia, contacta con Eric Wittman (Client Distribution and Business Development de Adobe) y afirma que una marca como esta no puede permitirse el lujo de fabricar productos invisibles para Google, buscador que, por cierto, se ha muerto de gusto cuando ha imaginado una indexación de banners publicitarios en formato Flash, cosa que ha cubierto de indignación a los comentaristas de la noticia.
Sin embargo, no es del todo cierto que hablemos de “invisibilidad” de los sitios web realizados en Flash y que Google sea ciego ante ellos, dejémoslo en que es tuerto: los diseñadores sabemos por experiencia que “algo hace”, pero sin comparación con un “h1″ en html, por supuesto.
Dice Enrique Dans, de quien nos hemos enterado de la noticia, que:
En cualquier caso, es un paso adelante. Ahora sólo falta que no sea utilizado por los diseñadores para desarrollar sitios recargados, barrocos y empeñados en funcionar de manera diferente al resto del mundo, como ha sido tradicional en muchas páginas desarrolladas a base de Flash.
Que es como decir que en una liberalización de las telecomunicaciones confiamos en que no nos pongan siete antenas en el balcón de cada una de nuestras casas. En mi opinión, el asunto de los sitios web con animaciones baratas recargando el contenido es parte del pasado.
Cuando salieron programas como Swish para hacer mucho más fáciles las animaciones Flash -de textos, sobre todo- hace, por lo menos, diez años, la utilización de efectos idénticos inundaron la red, pero ojo, la red de páginas amateur, pues nunca vi ese tipo de “interpolaciones de movimiento” en páginas de medianas o grandes empresas.
Al fin y al cabo, en el diseño, como en cualquier disciplina, hay etapas, hay popularización con el software libre (o con el Emule) y, por supuesto, modas. Cuando afloraron los bancos de javascript, ¿quién no recuerda alguna página que tuviera un cambio de color en la barra lateral de scroll?
Es más, también fue frecuente el uso de un absolutamente estúpido “Entrar a esta página o Salir“. Pero, para estupideces, la que aún existen en formularios, incluso de conocidas entidades bancarias, que, junto al botón de “Enviar“, existe otro llamado “Restablecer“, que borra el contenido escrito. ¿Cuántas veces nos habremos confundido y hemos tenido que volver a rellenar el formulario? ¿O cuántas veces a causa de este botón hemos pasado olímpicamente de él?
Asimismo, también hay una etapa importantísima de educación del cliente, que está pasando de “el logo me lo pones más grande” a una interesante comprensión del diseño en todas sus formas. Y el que no evolucione, peor para él.
Flash tiene múltiples usos (y por fortuna, cada vez más): plataformas de administración de sitios web; he visto, incluso, CRM’s bastante curiosos y que funcionan bien; hasta animaciones para quitarse el sombrero, la meta que buscaba Macromedia cuando creó su software más reconocido. Flash en web es y debe ser siempre para enriquecer un contenido, exactamente igual que nuestro fotógrafo, que añade música a sus presentaciones de fotografías para añadir valor a su trabajo (ahora habrá quien diga que un trabajo bien hecho no necesita contextos), o cuando Motorola lanza un nuevo terminal que pone a disposición -virtual- de los usuarios para que jueguen con él.
Como en todo, las herramientas sirven para utilizarlas con propiedad. Y el que no quiera desarrollar proyectos de calidad, siempre puede recurrir a Pepe Gotera y Otilio.
Buenos días. Entre estornudo y estornudo (vaya dia de alergia y no de alegría) he llegado a la oficina como he podido. Bonita reflexión, a que sí… Habría que veros a vosotros a estas horas… Pues eso, hoy es uno de esos días en los que enchufas el ordenador y te da todo igual, pero así, como por arte de magia, me he topado con un vídeo que desvela la identidad del ilustrador que hace que el logo del omnipresente Google sea uno de los más cambiantes de la historia, por no decir el que más.
Pues sí, Dennis Hwang, chaval coreano de treinta tacos es el responsable de los multiples cambios en el logo de Google, y aparentemente es bastante rápido en su labor. En este vídeo podéis ver que para realizar su trabajo emplea una tableta digitalizadora de esas tipo Wacom junto con el programa Adobe Illustrator (si, creo que es ese… ).
En fin, más allá de lo que supone esta curiosidad ya no hay más que contar… Ah, bueno sí, sólo recalcar que en algún que otro sitio a este hombre le denominan “el creador de los diferentes logotipos de Google”… Hombre, el logo de Google es el que es y ya está creado. Yo creo que es un buen ilustrador y bastante rápido, pero crear logos, lo que se dice crear… pues no, que quieres que te diga. Eso sí, adapta sus ilustraciones a las letras que se corresponden con el logo, pero una cosa es ilustrar y otra muy distinta es crear identidad corporativa. Bueno, pues que disfrutéis el video. Un saludo.
Y segundo capítulo: “Never explain clients real Web 2.0. Chapter 2″. Nunca hables a un cliente de las redes sociales y menciones el vídeo del niño loco alemán tan visto en Youtube. No compensa.
Cada vez observo más una práctica que para los que llevamos años en Internet nos parece insospechable: las búsquedas con la URL completa. Hace unos meses empezamos a ver en nuestras estadísticas a algún que otro internauta que llegaba a nuestra página a través de la búsqueda en Google de www.magnoliart.com, y siempre nos preguntábamos por qué cuernos hacían eso, con lo fácil que es poner esa misma dirección en el navegador y presionar “Enter”, ¿no?.
Pues parece ser que no. Resulta que, para muchos de nosotros, ahorrarnos un click supone más ahorro que el que ofrece Carrefour. He escuchado muchas veces (y reconozco que también lo he pensado) la poca idea que tiene la gente que emplea esa práctica como estilo de navegación: se van a Google -por el botón “Inicio” o incluso abriendo un nuevo navegador-, buscan la URL, y clickean. El usuario avezado de esta clase, se guarda la página en favoritos para volver a ella si lo necesita.
Hay mucha más gente que lleva a cabo esta práctica de la que jamás habría imaginado. Y, en realidad, ¿a qué vienen nuestros prejuicios? ¿son prejuicios? Estamos hablando de gente que gasta un sólo click más que nosotros para visitar una página y resulta que, después, alguien saca una web para batir un récord de clicks en un botón y en el primer puesto se coloca un fulano con varios millones. ¿Será este tipo la clase de gente que cree que es troglodita poner una URL en un buscador por ahorrar un click? Me arriesgo a decir que sí.
Esta mañana he querido echar un vistazo a las novedades de mi querido Barça y he acudido a la siguiente web: www.mundodeportivo.com. Como muchos SEO y domainers sabrán, pertenece a alguien distinto al Grupo Godó y entrar en estas páginas me fastidia mucho, muchísimo, habitualmente porque el festival de pop-ups es un engorro.
Si analizamos brevemente la práctica de “los trogloditas” observamos que este tipo de usuarios confiere credibilidad, autoridad y limpieza a Google, y esta nueva y especial relación usuario-Google debería ser un asunto que barajar para los amigos de Yahoo! y Live. Si buscan El Mundo Deportivo con la URL que yo creía que era, Google les sirve para aconsejarles (me hace mucha gracia el “quizás quiso decir…”) la web correcta.
Esta cuestión no sirve para sacar conclusiones extraordinariamente relevantes, pero estoy seguro de que muchos de vosotros también tendréis en vuestras estadísticas búsquedas de este tipo. Alegraos de que Google entienda que vosotros sois vosotros, pues el internauta clickeará confiado en el enlace que el Santo Google le ofrece. Aleluya, pues imaginaos que sería de Internet si funcionaran las prácticas deshonestas de posicionamiento y Google entendiera que vosotros no sois vosotros, sino otro que os roba la cara, la novia y la pasta.