Homo degeneris

Un conocido hotel de Madrid contacta con nosotros a través de su cocinero, un premiado y endiosado individuo, para la realización de su página web. “Es que yo soy el único que tiene buen gusto aquí”, decía, y por eso se iba a encargar personalmente del asunto.

Adivina, adivinanza: un hotel de lujo necesita una web y es el cocinero el que llevará el proyecto, ¿qué verdad se esconde tras los fogones? Preste atención: “Necesito una empresa que infle el presupuesto de la página del hotel lo suficiente como para darme una comisión e incluir, además, mi página web personal”, comenta. Así, sin tapujos. Sin conocerme de nada. En la primera conversación.

Atención, giramos.

El hombre se desplaza erguido desde hace un par de millones de años. Entre otras razones, el cambio climático hizo que aquellos simios que eran capaces de caminar sobre dos patas prosperaran: mayor resistencia a las altas temperaturas, mejor alcance y distribución de los frutos de los árboles, menor consumo y, por tanto, desarrollo de una resistencia récord para enfrentarse a las largas distancias, y lo que es más importante, información al cerebro multiplicada por dos: caminar y manipular. Parece ser que fue eso, precisamente, lo que nos hizo desarrollar el córtex cerebral, de tal modo que algunas funciones inconscientes podían saltar a la corteza cerebral y transformarlas en experiencias inéditas.

Así, el instinto se transformó en intuición, el hambre en el desarrollo de la agricultura, la conservación de alimentos, el fuego, etc. El homo erectus siembra, en este formidable momento, la semilla de la consideración, la de sentirse superior a cualquier especie del planeta.

Y, por cierto, aquí comienza una división de sexos que aún permanece vigente. La mujer se queda en la cueva y el hombre sale a cazar, por lo que ambos, con el paso de miles de años, se desarrollan de maneras diferentes: la mujer desarrolla la imaginación, la organización y una inteligencia genérica (holística). El hombre, por su parte, desarrolla su sentido de la orientación, su físico y, sobre todo, su inteligencia práctica.

Me parece que, aunque sólo sea por honor, los humanos deberíamos utilizar un regalo que, fruto de la casualidad, tenemos encima del cuello. Se llama cabeza, cretino.

Hacer webs y ganar pasta

En el invierno de 2006 sólo me movía la pasión y, por eso, era capaz de aguantar los portazos en las narices con total indiferencia. En alguna ocasión hasta llegué a pensar, de camino a otra puerta, que el anterior se arrepentiría de no darme lo que yo pretendía. En cuatro días recorrí todas las entidades bancarias del centro de Madrid con mi humilde proyecto de crecimiento bajo el brazo.

En esos días fui público objetivo de todas las campañas de la banca al respecto del apoyo al empresario. La primera fue Bancaja que, con nuevo logo de Mariscal, anunciaba una nueva manera de tratar a la gente. Me lo creí. Bancaja fue mi primera visita, la segunda, la tercera y la cuarta.

En ninguna de las oficinas de Bancaja sabían nada acerca de lo que su propia entidad estaba ofertando: un nuevo y sencillo apoyo a los jóvenes emprendedores.

He de decir que entraba a las sucursales con un cuchillo en la boca y un ‘no’ a la pregunta de “¿tiene usted aval?”. Comprendí que la cosa no podía funcionar así: no podía llegar a la oficina del director contándole mis castillos en el aire y después solicitarle dinero, porque eso suponía una inmediata desigualdad de condiciones a su favor: era yo el que pedía, y debía ser él el que, tras contarle las virtudes de mi empresa, debía insistir en “trabajar conmigo”.

Ese era el término a buscar, y lo sospeché cuando llevaba unas diez visitas a diferentes entidades de crédito, al ver cómo se despedía el director -con el que yo me reuniría un rato después- de un cliente que vestía con camisa a cuadros y corbata a rayas, toda una incorrección que olía a nuevo rico:

Director.- “Ya sabes, Manuel, esta es tu casa”
Cliente.- “Lo sé, me quedo tranquilo”
Director.- “Sí, tranquilízate porque estamos tres personas trabajando en lo tuyo”

Peloteó un poco más, se despidieron y entonces opté por decorar mi discurso.

De mi boca salieron palabras que rara vez he vuelto a pronunciar: “Plan circunstancial”, “Músculo financiero”, “Facilidades contractuales”, y un largo etcétera que hasta yo mismo me iba creyendo. Y gané. El director se quedó con mi plan de empresa y quedamos en hablar pasados un par de días. Lo tenía que consultar con la central.

Y seguí con lo mío, pues no suelo confiar en las ‘consultas a central’. A base de ir moldeando mi discurso, al final me quedó súper chulo: me presentaba en la oficina del director de turno y lo primero que decía era: “Buenos días, vengo a hacerle marketing sentimental”. En general recibía de vuelta una carcajada y eso facilitaba mucho las cosas en lo que respecta a la comprensión de cómo funcionan este tipo de negociaciones.

Hasta cierto punto. Porque el director terminaba tan relajado que tenía que escuchar verdaderas estupideces, como por ejemplo: “Eso de las webs es interesante que te cagas [literal] porque mi hijo se está haciendo un curso de Macromedia y ayer me sacó mi nombre animado; mira, lo tengo por aquí”. Buscó en su correo y me enseñó su nombre en Comic Sans parpadeando entre fucsia y azul. “¿Te gusta?, ¿a que te gusta?”.

Comprendí que su sentido de asignación del orgullo (toma ya) no iba a congeniar con lo que yo tenía que contarle, especialmente porque yo quería encaminar Magnoliart al marketing online, pero para él lo uno y lo otro eran lo mismo: hacer webs y ganar pasta. Así que le enseñé un par de animaciones chorra que yo había hecho, por aquello de no anular el subidón ajeno. Le gustaron pero me dio un nuevo portazo con, al menos, una nueva pista de cómo debía enfocar mis palabras.

Mentó a mi madre y yo pensé en la suya. La primera para que me avalara, y la segunda por lo mismo.

He de confesar que al cuarto día me flaquearon las fuerzas, pero el otro director, el de los “músculos financieros”, me llamó a primera hora de la mañana:

- “Alberto, tengo lo tuyo”, me decía mientras yo le daba vueltas a mi primer café.
- “¿Y cuál es el veredicto de la central?” le dije.
- “Que OK, pero tienes que pasarte”
- “¿A qué interés?”
- “Pues hombre, es que son muchas cosas [bla, bla, bla] y viendo tu planning comercial [bla, bla, bla] y yo, claro, como responsable de esta sucursal tengo que garantizar [bla, bla, bla] así que te he conseguido un interés porcentual de XXmiltrillonesdelúaspersasXX”
- “Ya, claro, bla, bla, bla”. En una negociación no me gustan las tonterías.
- “Hombre, es que conseguirte un crédito sin aval no es sencillo, me ha costado negociar con la central un buen rato”, me respondió mientras esperaba que yo le lamiera el trasero y que le mostrara mi agradecimiento.

Recordé eso de “mostrar agradecimiento”. Me vinieron a la cabeza imágenes de tristes hombres arrodillados ante el emperador para mostrarlo, por haberles perdonado la vida, o para agradecer al poderoso el derecho de pernada.

- “Mira, yo es que soy muy básico: tú me prestas X euros y yo entiendo que deberé devolverte X + Y en un tiempo determinado. Correcto, no hay problema. Pero si ‘Y’ es excesivo, entonces deberé pensar que mi negocio es de un riesgo tan alto que debería replantearme mi plan de empresa”.
- “No hombre, no, el problema está en el riesgo por ausencia de aval y en tu caso ‘Y’ debe ser superior a lo habitual” me contesta.
- “Claro, por eso quien avala a mi empresa soy yo”, y vi la luz. “¿Quién mejor que yo?” añadí.

Sin embargo, debí ser el único de los dos que la vio, porque de esa conversación no surgió acuerdo alguno. Eso sí, me llamó un mes después para ofrecerme lo mismo.

Así que me gustó mucho contarle la visita a La Caixa que había hecho el mismo día que hablamos por teléfono. Le conté que ya me lo habían concedido y a un interés que si lo dijera nadie me creería. Él no se lo creyó. Fue un buen re-comienzo para mi aventura empresarial.

Pasado el tiempo creo que me lo concedieron por varias razones:

- Porque no llevaba pinta de estúpido
- Porque no hacía preguntas estúpidas
- Porque no abusé del lenguaje estúpido
- Y porque el director de mi sucursal es de todo menos estúpido.

Claro, como me dio un crédito es inteligente. Pues sí, los emprendedores tenemos eso que llaman vanidad y que yo confundo con la autoestima: desde mi ángulo el que invierte en tu proyecto lo hace porque sabe qué hace, y si no, es su problema.

Y de propina*:

* Copyleft Mimesacojea.com.

Trabaja, actúa y deja de quejarte

Son las dos de la tarde. Un cliente me llama con la voz torcida. Lleva sin cobrar una factura desde hace seis meses, acumula una morosidad de trescientos mil euros y, de momento, no nos puede pagar. Es cliente de Magnoliart desde nuestros inicios, conozco su empresa al detalle, y se plantea, por primera vez en quince años, el cierre. Le digo que por nosotros, de momento, no se preocupe, no porque no haga falta sino por una cuestión muy sencilla: ¿Por qué no iba yo a arrimar el hombro a un cliente que nos ha dado de comer todo este tiempo?

En estos últimos meses estoy conociendo todo tipo de situaciones: frecuento los tribunales de Plaza de Castilla para denunciar a morosos con una larga experiencia en el arte del impago, frecuentes son las conversaciones con clientes que, exasperados, se empeñan en sobrevivir sin ver la luz al final del túnel, y poco habituales son las llamadas como las de las dos de la tarde, en la que un empresario brillante tiene el valor de poner su cara y decirme: pártemela si así lo consideras oportuno.

Pagarés anulados, recibos devueltos, cuentas vacías, teléfonos que suenan pero que no se atienden… Así está el patio. Suerte que nosotros nos alimentamos de empresas que no son españolas y que no conocen esas cosas tan habituales aquí como el pago a 90 días, o las compras sin dinero (porque yo me pregunto: ¿Entras a una zapatería, te compras unos zapatos y a la salida dices que ya si eso lo vemos en tres meses? ¿o compruebas que tienes dinero y entonces compras?).

He dicho ya, en más de una ocasión en otros foros, que en España sale mucho más rentable no pagar y terminar en los tribunales que solicitar un crédito y abonar una deuda. Es lo que tienen las repúblicas bananeras encubiertas bajo el título de “Bienestar”.

Ayer tuve una reunión fantástica con un EMPRESARIO, que coincidía conmigo en que desde hace un año dedicamos más tiempo a gestionar para cobrar y reconfigurar las cuentas que en producir. Y eso no es nada halagüeño para tiempos en los que hay que ser más productivo, obviamente.

Desde mi óptica veo dos tipos de empresarios morosos:

1) El que, por falta de previsión, se la jugó el año pasado y hoy las pasa canutas, pues nunca esperó que uno de sus grandes clientes fuera a la quiebra. Nadie podía sospechar que, por ejemplo, General Motors iba a desplomarse. ¿En qué cabeza cabía eso?

Dada su tipología de negocio, precisa más producto de sus proveedores, pero no puede pagarlo. Así que de éste se desprenden dos subtipos: el que sigue como si nada, aparentando que todo va bien, te la cuela y no cobrarás en la vida, y el que, con larga trayectoria con su proveedor le cuenta cómo están las cosas y entre ambos llegan a un acuerdo. Y nadie puede ganar en ese acuerdo, los dos pierden, pero quizás subsistan.

2) El que nunca ha tenido un euro y presume, presume y presume. Conduce un buen coche, se las da de conocer a X y a Z, y viste con traje caro. Este es el más peligroso para los emprendedores ingenuos: el uno necesita un producto y le sobra capacidad para impresionar, el otro necesita un cliente y necesita poco para ser impresionado.

Nunca se debe aceptar a un cliente que te cuenta lo fantástica que es su empresa. Nunca se debe aceptar a un cliente que viene rebotado de otra sin saber las razones. Nunca se debe aceptar a un cliente sin informarse sobre él (desde lo más simple, Google, hasta una llamadita a tu banco, te informarán encantados. No olvides que el banco trabaja para ti, no al revés). Y lo más importante, nunca se debe aceptar un cliente que no abone, por ejemplo, un 50% por adelantado.

DA IGUAL LAS EXCUSAS QUE PONGA, DA IGUAL QUE NECESITES HACER UN TRABAJO. Si no te abona el 50% inicial, el cliente no vale la pena, pues puede ser que no se fíe de ti, por lo tanto quien lo ha hecho mal eres tú, y eso, tarde o temprano, se convertirá en un problema. Es mejor perder clientes desde el principio, que trabajar para que, al final, se te quede cara de idiota.

Y denuncia a la primera de cambio. ¿Para qué esperar? ¿Para qué perder el tiempo en perseguir a un cliente que no te coje el teléfono o que te miente sistemáticamente? Denúnciale. Ellos quieren ganar tiempo, y tú no lo tienes.

Porque el mayor peligro de un impago no es sólo el sufrimiento de la cuenta corriente, sino en lo que deriva esa situación: apostaste por un cliente, por un proyecto que te ilusionó, echaste mil horas y al final nada. Para trabajar a cambio de nada, para no poder dormir, para llevarte tus miserias a casa, para discutir con tu pareja, para arrastrarte hacia la oficina.

Es momento de ir un paso por delante de los demás: es mejor trabajar sobre seguro y facturar menos, que perder el tiempo y tu vida, esa, la de empresario – emprendedor, que es la forma de vida más maravillosa que existe.

Cuando llega el momento de largarse

En Magnoliart hemos pasado de recibir unos 25 currículum a 200 todos los días en cuestión de un año. En general el perfil es de un/a diseñador/a que recientemente ha terminado sus estudios y busca una oportunidad, pero hay de todo, incluso de gente entrada en años que lo tiene más difícil que nadie, muy a pesar de tener trayectorias impresionantes. Es evidente, por lo tanto, que el trabajo en nuestro sector escasea.

De vez en cuando me permito el atrevimiento de responder a algunos con ciertas consideraciones que a continuación expongo. Hasta la fecha, han sido muy bien recibidas:

1. El hecho de que haya tantas personas buscando trabajo, permite a las agencias seleccionar y filtrar mucho más, por lo tanto, empéñate en ser diferente.
2. Dispón de una web en donde volcar tu portfolio, pero, si no, móntate un blog ya mismo.
3. Trabaja en buscar trabajo. Es decir: si eres diseñador, diseña tu propia venta. Si eres publicista, publicita tu nombre. Saca conclusiones de tus propias campañas y perfila tu propio producto. Haz que seas perfecto.
4. Ojo con las faltas de ortografía y erratas. Cuanta más pulcritud muestres, mejor.
5. Que estés al tanto de las ofertas de Infojobs, Monster, etcétera, está bien, pero ya sabes que es muy difícil que encuentres trabajo por esta vía. Eso lo hacen todos.
6. Estructura de tu currículum: facilitarás el trabajo al departamento de recursos humanos si detallas tu trayectoria laboral empezando por el último sitio en donde has estado, y no al revés. Además, en cuanto a imagen, es mejor que pongas un “2007-2008.- Creativo de Agencia X” al principio, antes que “1998-1999 repartidor de Telepizza”, que dice mucho de ti, pero no todos los que deciden aprecian que una persona sepa lo que cuesta ganar un euro. Al menos de primeras.
7. Si envías tu CV y portfolio en un documento Word de Windows Vista, es decir, en formato “docx”, debes saber que un alto porcentaje de receptores no podrá abrirlo. Aunque Microsoft sacó una extensión para los que somos usuarios de XP, no todos lo tienen. Mejor utiliza PDF.
8. Plantéate seriamente la posibilidad de mirar más allá de nuestras fronteras. Especialmente si acabas de terminar tus estudios, pues nunca tendrás una posibilidad como esta. Echa un vistazo a las ofertas que se publican en sitios como estos: Aida Design Jobs o Think Vitamin.

Creo que esta es una opción que deberías meditar muy seriamente. En España los sueldos son bajos, pero en nuestro sector son terroríficos, sin contar con el asunto de los horarios. Piensa que en lugares como Berlín, Ginebra, Dublín, Londres o Nueva York nos llevan mucha ventaja en este sentido. A lo mejor ha llegado el momento de largarse una temporada. O para siempre.

PD. También deberías tener cuidado con las fotos de tu última borrachera en Facebook.
PD2. Tal como sugiere en los comentarios Juan Álvarez, curiosea sobre el concepto Crowdsourcing.

Dos años, dos

Dos años de El Blog de Magnoliart y a puntito de cumplir seis años de Magnoliart SCom.

Ohú qué orange

Así es: hemos explicado, contado y alabado sin cesar las virtudes de las bitácoras estos últimos dos años. Y no lo podríamos haber hecho sin este blog, que difícilmente hubiéramos continuado sin saber que hay otra persona ahí. Friki, que eres un friki. Gracias.

Kanvas Media, el logotipo útil

Hace un mes el archiconocido SEO Miguel Orense, de la empresa Adesis Netlife, me llamó para mantener una reunión acerca de lo que se traía entre manos junto a otro grande, Juan Antuña. La cita fue en Serrano, 16, y, para mi sorpresa, por fin se había liado la manta a la cabeza: acababa de abandonar Adesis para desarrollar una agencia de web marketing y posicionamiento que atiende al nombre de Kanvas Media. No caminan solos, la solidez de sus conocimientos va acompañada de la experiencia de uno de los grandes emprendedores de nuestro país, Carlos Barrabés.

Tenían nombre, pero les faltaba el logo. Confiaron en nosotros y hoy disfrutan de una identidad corporativa que hemos realizado en aproximadamente tres semanas, con el incentivo (o más bien presión) de la amistad que nos une y las prisas lógicas de quien emprende una nueva aventura. A pesar de ello, hemos dispuesto de tiempo suficiente para hacer el trabajo con calma y emplearnos a fondo. Así pues, nos complace presentaros la identidad corporativa de una empresa que piensa revolucionar el sector del marketing online:

Logotipo de Kanvas Media

La marca Kanvas Media hace referencia tanto al concepto de posicionamiento en redes y buscadores como al objetivo que se marca la empresa al llevar a cabo su actividad: buscan situar los websites de sus clientes dentro de las posiciones apropiadas para que éstas puedan ser encontradas y visualizadas por un número mayor de internautas y clientes potenciales.

Iconización de Kanvas MediaFormalmente la identidad de Kanvas Media se configura por la presencia de un icono, una letra “K” tumbada ofreciendo la idea de posicionamiento en buscadores (o SEO: Search Engine Optimization).

Iconizar es uno de los trabajos que más nos apasionan. Plasmar un concepto en imagen es un trabajo costoso y extraordinariamente cerebral. Pero es así como surge la idea de tumbar la “K” y conceptualizar mediante un aparente guión y una flecha hacia arriba. O lo que es lo mismo, una primera posición de un listado tras una búsqueda.

Manual de identidad corporativa de Kanvas Media

Nuestro querido David Mesas ha sido el encargado de desarrollar este proyecto, así que aplausos para él, que disfruta ahora de un merecido descanso en las playas de Benidorm.

Desde aquí, Miguel, Carlos, Juan, gracias por dejarnos trabajar, y también por los halagos recibidos. Nuestro insaciable ego lo agradece. Os deseamos todo lo mejor para este proyecto.

Para seguir los avances de Kanvas Media, podemos leer su blog. Y en cuanto tengan lista la web, os lo haremos saber.

Cuenta su historia Miguel Orense en su blog personal quien, por cierto, la semana que viene presenta su libro “SEO. Cómo triunfar en buscadores” Ed. Esic. junto a Octavio Rojas.

Entrevistados por esMadrid TV

esMadrid TV

El pasado martes vino la tele a Magnoliart, me hicieron una entrevista y nos grabaron en plena faena. La periodista Estefanía Díaz, de esMadrid TV, me hizo unas cuantas preguntas al respecto de nuestro mundillo, el de los emprendedores y, por supuesto, sobre la naturaleza de nuestro sector: dificultades, maravillas, estado general, etcétera, de las agencias de publicidad.

Como anécdota os puedo contar que, cuando llevábamos un cuarto de hora de entrevista, Estefanía me pidió que fuera un poco más conciso en mis respuestas. En fin, los que me conocéis, sabéis perfectamente que sobre lo nuestro me enrollo más que una persiana.

Sabemos que nuestro reportaje estará enmarcado en el programa Madrid Emprende, que se estrenará en un par de semanas. EsMadrid TV emite en TDT, por Internet, y por esa gran pantalla que hay en la plaza de Callao. Confío en que salgamos todos guapetones. Os mantendré informados.

¡Apaguen la televisión!

Otra escena de la película Network (1976).

Una buena venta

La escena pertenece a la gran película Network(1976) dirigida por Sidney Lumet y cuyo reparto está formado por: Peter Finch, Faye Dunaway, William Holden y Robert Duvall.

Magnoliart es una conspiración

Porque no hay agencia que iguale nuestro abanico de servicios, pero sobre todo porque nadie quiere comerse el mundo como lo estamos haciendo nosotros. Ayer domingo el diario La Razón publicó una entrevista que me hizo la periodista Elsa Tadea acompañada de una fotografía resultado de cuarenta minutos de poses en la Plaza de España.

¿Pose gurú? Tururú

Como se aprecia en la imagen, queda claro que yo también sé meter barriga.

Creo ciegamente en el titular de la entrevista: considero que, con los tiempos que corren, una perfecta atención al cliente es vital para el buen recorrido de una empresa, sobre todo porque ese servicio hace más sencilla la entrega de buenos productos. La comunicación con el cliente, rápida, resolutiva y cercana, es la mejor práctica de fidelización.

Ha sorprendido, por las llamadas y mails que he recibido estos días, mi respuesta a la siguiente pregunta:

¿Qué estudió para llegar a crear una empresa como Magnoliart?
Soy periodista especializado en el terreno on-line, aunque en ocasiones pienso que si hubiera existido una carrera llamada «gestión de cobros» la estudiaría ahora mismo. Los emprendedores, sobre todo los que iniciamos un proyecto en Madrid, encontramos cientos de ayudas, subvenciones y apoyos, pero nos quedamos solos en el momento en el que nos topamos con
morosos profesionales. Sólo en el año 2007 cerraron más de mil empresas de diseño y publicidad en España por esta razón.

Los morosos profesionales son un cáncer muy extendido en nuestro país. Pero me parece incluso más importante acabar con la política de pagos a tres, seis e incluso nueve meses. Creo que es una falta de respeto y la clase empresarial española es (somos) el hazmereír de Europa. Como es lógico, es una buena estrategia del departamento financiero de la empresa que contrata servicios, pero no lo es en el lado práctico, pues sólo hay una forma de tener satisfecho y motivado a un proveedor: PAGÁNDOLE puntualmente.

Porque la política de apoyo empresarial que se desarrolla en la Comunidad de Madrid me resulta apropiada, pero sólo para favorecer la creación de empresas, no para su mantenimiento y consolidación.

Me quedo con las ganas, sin embargo, de hablar del sector del diseño español y más sobre Internet, en donde hay mucho que mejorar, discutir y reparar. Pero el espacio es el espacio, y no hay suficiente papel en todo el mundo para maquetar todo lo que tenemos que decir desde esta casa. Y, además, hay que proteger el Amazonas.

El suplemento VD de La Razón se puede descargar desde aquí (última página, contraportada). [6.48Mb.]