La triste figura

Alberto.- El imperio de La Roja, ¡La película!
K.- Los de marketing sois irremediables: para vender un producto decís gratis y para regalarlo dos por uno. ¿Tanto os cuesta ser originales?
Alberto.- Das una idea y te parten la espalda. Es que he visto Invictus.
K.- Vaya, la película que vieron tus amiguitos del Barça antes de perder contra el Inter 3-1.
Alberto.- A la vuelta fue Ratatouille. Te das un aire al protagonista.
K.- Una rata, cuánto ingenio encierras. A ver cuándo lo sueltas.
Alberto.- Bien, probemos: a Alberto le ha gustado el grupo “Señoras que se suben a los taburetes para huir de una rata” y cree que puede congeniar con tu vida sexual. ¿Se puede saber qué te pasa?
K.- Pues qué va a ser, que tengo otra exclusiva para ti.
Alberto.- Fantasshhhtico, asistamos al acontecimiento interplanetario.
K.- Se trata de “la cadena triste”, tal como llaman a Antena3.
Alberto.- Qué bien encaja el concepto. Es como si a un niño le pillan hurgándose la nariz en clase y se queda con el apodo “el mocoso” para el resto de su vida. Pero me pregunto en dónde está la tristeza de Antena3, oh, mi maestro tenebroso a la par que inquietante.
K.- Es una especie de atmósfera, es como si se respirara un aire triste cuando pones la cadena triste.
Alberto.- ¡Ya lo tengo! Matías Prats es un triste, ¡pásalo!
K.- Frío.
Alberto.- Antena3 siempre será un tres, que no le permitirá jamás ser, ni tan siquiera, un segundón.
K.- Interesante esfuerzo, pero te congelas.
Alberto.- ¡Por el número de tristes tigres del trigal!
K.- Lo has olido, pero no lo has visto:

Alberto.- Lo dicho, eres un tipo muy inquietante a la par que inquietante.
K.- Pues inquiétate esto:

Alberto.- ¿Triste y religiosa?
K.- Triste, pero como se te ocurra joderla te comerá la cabeza.
Alberto.- Buenas noches, Epi.
K.- Buenas noches, Blas.

Carbohidratos para el dolor

“No me gusta que a los toros te pongas la minifalda”
Manolo Escobar.

Alberto.- España ganará el mundial.
K.- Hola, sí, ¿Departamento de Optimistas de La Moncloa? tengo aquí uno de los gordos, vengan cuanto antes. Gracias.
Alberto.- A todo el mundo le gusta el fútbol. Tendremos mejor ambiente, nos ayudará a contrarrestar la depresión, es posible que hasta mejoren nuestras relaciones comerciales en todo el mundo. Necesitamos un espaldarazo. Karma, tío, karma.
K.- Sí, puedo verlo: Emilio Botín vacila al presidente de Caja Tijuana mientras le mete una OPA por el enjambre; el otro, abducido, contempla la prominente iluminación de un aura que inunda la sala, así que le regala todo su dinero a cambio de un autógrafo de Fernando Torres.
Alberto.- Tú preferirías orgullo por un Premio Nobel manchego y grupos en Facebook que se llamaran “Señoras que releen a Descartes”, pero eso no es aquí, vaya usted un poco más al fondo y pregunte por el formulario E.H., Exiliados por Hastío.
K.- ¿Te atreverías a relacionar datos de productividad con los picos de audiencia de la prensa deportiva en Internet?
Alberto.- Entiendo, licenciado, pero aún así yo quiero que gane España.
K.- Y yo.
Alberto.- Hola, sí, ¿Sanatorio de Nuestra Señora del Profundo Gaznate?
K.- Lo más parecido a estar orgulloso de ser simplemente un humano es el patriotismo, y eso, de momento, nos vale. Sentir que pertenecemos a un grupo: no estás solo, no estés triste.
Alberto.- Mesientomuchomejorgracias.
K.- Hasta hemos cambiado de marca para las mentes sensibles: La Roja, qué manera tan inteligente de regatear a la palabra España.
Alberto.- ¿Por qué nos duele España?
K.- Porque no hay médicos que curen la vergüenza y, sobre todo, la falta de ella.
Alberto.- Tocado y hundido.
K.- No preocuparse, hemos evolucionado mucho. Antes el show consistía en poner a un cristiano ante un puñado de leones.
Alberto.- Ahora ponemos a…
K.- No, por favor, abstente.
Alberto.- Exijo un chiste fácil con Cristiano Ronaldo.
K.- Que no, que empieza el mundial en dos minutos.
Alberto.- Cristiano. Congreso de los Diputados. Recto.

Por la burbuja del cumplido

“Los posts de los blogs son un chiste y un enlace”
J.A.E.

K.- ¡MUAAAHAHAHAHAHA! ¡Mujujajajaaaaaaaaaaa!
Alberto.- Salam aleikum, salam.
K.- Qué bien defines tu personaje, mangasdehumo.
Alberto.- Yo soy el listo que responde rápido y se equivoca el primero. Tú eres el sabio, pero oscuro. Seguramente ni siquiera existas.
K.- Das una patada a un árbol y te caen cien adverbios terminados en mente. ¿Has leído lo de Punset de esta semana?
Alberto.- No, tía, es que tenía que hacerme las uñas.
K.- La ciencia ha demostrado algo sorprendente: son necesarios cinco cumplidos para contrarrestar los efectos de un desprecio.
Alberto.- ¿Y eso te provoca risa maligna?
K.- Me lo provoca el descubrimiento de la simpleza de la verdad: los humanos tenemos un cerebro que se programa socialmente.
Alberto.- Ahora yo debería contestar algo ingenioso, pero aún estoy procesando esa frase.
K.- Te programan tus padres, tus amigos, tus vecinos, tus compañeros, tu pareja, tu jefe…
Alberto.- Me pido Linux.
K.- Te instalarán lo que merezcas, lo que no, lo que buscas y lo que creas que buscas. La cuestión es que si te desprecian, te insultan o te agreden, añaden un granito de arena a tu lado marrón. El desprecio alimenta el miedo, y el miedo, más violencia.
Alberto.- Si nos instalan basura, imprimimos basura. ¿Me estás diciendo que un genocida es un tipo muy despreciado? ¡Libertad para el piropo!
K.- Es posible. La cuestión es por qué seguimos insultando habida cuenta de que hacemos un daño que exige altísimos costes de reparación. ¿Cuánto queda para que una generación crezca en el cumplido en Israel para dejar de insultar y temer al vecino? ¿Cuántas en España para perder el miedo de nosotros mismos?
Alberto.- El derrotismo. Eso sí que es español. Eso, la siesta, la fiesta y echarle la culpa a otro. Quizá no merezcamos el disco duro que tenemos.
K.- Tú sí.
Alberto.- Descomprimiendo cumplido. Instalación terminada ¿desea reiniciar?
K.- Aún no. Tengo que inventarme otros cuatro piropos para ti.
Alberto.- Oh my god, the one that can be neighbour.
K.- “La que sea-vecina”, veri gud! veri fani! ¡Eres el sustituto de Barragán! ¡Soy tu fan número dos!
Alberto.- Y quién es el uno.
K.- Y qué más te da a ti.
Alberto.- Pues porque si tú ocupas el segundo puesto, me da miedo el tercero.
K.- ¿Lo ves? Miedo por autodesprecio.
Alberto.- Pues eso también hay que contrarrestarlo.
K.- Que sí, ¡guapetón!
Alberto.- Traidor, hijo de una hiena.
K.- Yo te debo tres, tú diez y encima pagas la cena. La ciencia es un lujo al alcance de cualquier insensato, ¡MUAAAAAHAHAHAHA!


Y el enlace: “El impacto del lenguaje es sorprendentemente duradero” de Eduard Punset.

Sex, sex, SEX!

“Por fin un post digno, macho”
Wordpress, en lugar de decirme “hello, Dolly”

K.- El sexo nos inunda.
Alberto.- ¡Yujuuuuuu!
K.- Hablo en serio, está por todas partes.
Alberto.- En la televisión, en el cine, en la publi, en todas partes menos en tu habitación.
K.- Es mucho más que eso. Encuentras sexo en los lugares más habituales. Estamos rodeados de formas peneanas, incluso hay una corriente cultural que comienza a trabajar en las formas vaginales.
Alberto.- Sólo hay que mirar con otros ojos, o guiñando uno.
K.- Ayer conocí al presidente de mi empresa, aguardaba en la sala de reuniones y, cuando llegué, el tiempo se detuvo. Allí estaba él, al final de esa mesa infinita, ovalada, como si de su cintura saliera una enorme, gigantesca y humilladora…
Alberto.- No me lo digas, ¡te han ascendido a mamporrero!
K.- Grandes mesas… Qué símbolos más fálicos para asociarlos al poder. Te aseguro que nos estudiarán por esto.
Alberto.- Por esto, por la capacidad de tu hígado, y por Padre de Familia.
K.- Pues mira, te voy a dar una exclusiva: ¿Cuál crees que es el tamaño medio del miembro de un hombre obeso?
Alberto.- Bueno, no sé mucho del tema, pero recientes estudios de la Universidad de California han concluido que el tamaño medio en un hombre gordo es desconocido, ya que ninguno de los consultados ha podido encontrársela. ¿Otro gintonic?
K.- ¡Correcto! El tamaño suele ser minúsculo. Hay razones científicas que lo avalan y se debe a que la zona púbica se llena de grasa. Y sí.
Alberto.- ¿Todo esto para decir que Peter Griffin la tiene pequeña?
K.- No, lo digo para abrirte los ojos.

Alberto.- No pluralices. Acabáramos, de hecho hay un capítulo que confirma esas proporciones. ¿Por qué harían algo así? ¿Para su propia diversión?
K.- Va más allá, mucho más allá de lo que alcanza tu escasa materia gris: ¿Acaso no resulta tentador poner en la pantalla de millones de hogares del mundo una inmensa bolsa escrotal?

Alberto.- ¡Qué gran… descubrimiento!
K.- Pero no lo cuentes, que los ciegos se reirán de ti.
Alberto.- Llevas tres copas ¿Te estás riendo de mí?
K.- De ti no, de tu mándíbula sí.

MI libro, tu biblia: “El nuevo marketing y las nuevas reglas del juego”

Hola, corazones, tengo cosas que contaros: e hescrito un livro. Sí, yo también estoy sorprendido.

Gracias a la editorial Suma & Sigue, presidida por mi buen amigo el ex tesorero del Partido Andalucista de Majalrayo, ya tengo mi libro, la primera parte de una trilogía apasionante llena de palabras espectaculares, algunas de ellas inventadas, y mucho “social”. Marketing de hoy y del que está por social-arriving.

Estoy muy satisfecho con el resultado, aunque no nos ha dado tiempo a revisar la edición final (las prisas editoriales, ya sabéis). Mañana lo hago. Pero, sobre todo, estoy muy contento con el precio, 249.99 dracmas esterlinas, ideal para el día de la madre (¡uno para ella y… otro para ti!). Mi editor me asegura que a partir de la semana que viene saldrá a la venta en los principales kioscos del país, en general, y de Majalrayo en particular.

Pero, para que veáis que os quiero, a vosotros os lo dejo gratis, en pdf, aquí:
http://www.magnoliart.com/booksfordummies/ElNuevoMarketing.pdf
No me lo pirateéis ¿eh?

También, para que me hagáis el marketing, os permito que pongáis este banner en todas partes y como imán en vuestros social-frigoríficos.

Espero vuestros elogios. Graciasthankyou.

Clasificación (libre) de los usuarios de Facebook

“La primera vez que usé la palabra ‘libre’ fue para pedir un taxi.
También fue la última”.

Un señor, en Gran Vía, muy perjudicado.

Los exhibicionistas
Algunos y algunas son exhibicionistas. Y delincuentes. Gentes orgullosas de sus traseros exponen primerísimos planos y comentan “como veis, lo tengo durísimo”. Mujeres encantadas de someter sus canalillos a votación a base de mensajes de andamio, y hombres que lucen torso, incluidas esas malformaciones que salen en la tripa cuando haces demasiadas abdominales.

Los de las frasecitas
Ponen en marcha Google, y pegan cosas como esta: Al cumplir los setenta años me he puesto la siguiente regla de vida: no fumar mientras duermo, no dejar de fumar mientras estoy despierto y no fumar más de un sólo cigarro a la vez. Mark Twain. (…!) Algunos lo hacen sin parar, es increíble. Es como si no tuvieran absolutamente nada que decir pero la herramienta les invita a hacerlo. Como una droga.

Los de las tarjetitas
Que te las pegan en tu muro y te obligan a llamar al limpiamuros. Ni siquiera sé de qué van. Las borro. Mi muro es mío en lo que respecta a carteles y publicidad. Y en mi callejón etcétera.

Los de las respues… titas
“Gracias por agregarme como amigo, ¡¡¡¡COMPRA MI LIBRO!!!!”. Unos minutos después te ofrece que te hagas fan de su obra maestra y que te unas al grupo de amigos de su libro, y, claro, te preguntas por sus niveles de ansiedad.

Los del spam
Si en su foto de perfil enseñan un pecho es porque no es suyo.

Los de los besos, achuchones y toques
Verás la que me cae por esto.

Los de las etiquetas
Muy gracioso, al principio, lo de etiquetar al personal en fotos divertidas, pero desde que se hace para llamar la atención ya no es lo mismo. Ya-nos-lo-mis-mo.

Los creadores de grupos que empiezan por las siguientes palabras mágicas: “Señoras que”
Todo un fenómeno digno de algún estudio del Departamento de Sociología for Dummies de la Universidad de Utah (me gusta mucho la broma de lo de los hijos de este estado).
El éxito de “Señoras que compran plátanos en el Lidl y terminan en un after” ha sido el golpe de efecto que necesitaban las peculiares mentes que maquinan estos grupos.

Los activistas
A lo Braveheart. Están en todos los grupos que contengan la palabra “contra” y tengan un acento anarcosindicalisecologista.

Los de derechas
Previsibles. No tardan un segundo en hacerse fan de José María Aznar y entran a menudo a participar en los muros de los políticos de su misma línea de… pensamiento.

Los de izquierdas
Igualicos, pero de izquierdas. Esperaba algo más de originalidad.

Los twitteros
Mucha gente que les sigue en Facebook se pregunta en silencio a qué se refieren con “RT”.

Los okupas
Llegan a tu muro, te pintan un grafiti y se largan.

Los tragaperras
Utilizan Facebook para jugar y sus muros dan buena cuenta de ello: récord tras récord. Récord tras récord. Y con fecha y hora. Eso sí que es exponer tu privacidad, sobre todo si por culpa de tu último éxito en el Brain Training has llegado esta mañana tarde al trabajo. Cuánto tráfico hay en Madrid, ¿eh?.

Shhh… los silenciosos
Voyeurs de primera división, que van pasando de perfil en perfil controlando, maquinando, pensando, catalogando, sin más luz que las de sus portátiles en sus caras, azules, escondidos, conspirando. Están ahí… ¡shhhht! ahí vienen. ¿Quién? ¿dónde? ¡argh! ¿¡es que ya nadie va a titular que las redes sociales son el demonio!?

Así que Facebook está plagado de personalidades, personajes y tramas, protagonistas, secundarios, y gente que ni siquiera aparece en escena… Y, sin embargo, muchos de ellos son estudiantes que investigan en colaboración, profesores que comparten sus temas de estudio, periodistas que informan, jubilados simpáticos, guionistas que escriben, otros que no, peluqueras cotillas aficionadas a las fotos de gatitos, carniceros, psicópatas, vendedores, vendedores de humo, compradores, compradores de humo, morosos, entusiastas, payasos, drogadictos, gente muy inteligente y gente muy poco inteligente.

Ya estamos todos. Mucho, mucho, mucho, más allá de aquello de reencontrarte con viejos amigos.

Conversaciones con el Altísimo


Oiga, ¡este es MI blog! ¡Los posts los empiezo yo! ¡Las bromitas las hago yo!


(sigh) para qué enfadarse, es usted una máquina.


Sí, claro, de Humania, la patria de los servidores, el imperio del algoritmo.


¡Un tuteo! ¿Amigos?


Tampoco esperaba unas stock options, pero desde luego usted no tiene sentimientos.


Retiro lo dicho y le juro lealtad eterna.


Justo ahora se lo iba a comentar, su excelsa y sílfide Majestad.

Cosas que suceden y que se cuentan raro

“En publicidad estamos viviendo una crisis creativa”
En el fútbol, cuando un equipo palma, se echa la culpa al entrenador. En los bares y en los blogs, cuando a la gente no le gusta una publi, echan la culpa al creativo.
Es verdad que además de tener buenas ideas hay que saber venderlas (esa es, precisamente, la diferencia entre el publicista español y el argentino). Pero es que, en ocasiones, sin necesidad de que se confabulen los astros, te llega un cliente que exige un Ferrari low cost y, claro, el resultado es patético.

“Si no te gusta esta publicidad es porque no eres target”
Una frase que suele ir acompañada de un -para mí- delicioso desdén. Sobre todo si me lo dice una mujer. No sé muy bien por qué.
Es una afirmación discutible, especialmente cuando la pieza no tiene ningún sentido. Sin embargo, parece ser que una creatividad acaba triunfando en algunos (cada vez menos) departamentos de publicidad si cumple con alguna de estas tres palabras: ecléctico, kitsch o cool.
Hubo un tiempo que ‘grunge’ entró con fuerza, pero se desterró rápidamente.

“Debo de ser el único imbécil de la Tierra que hace zapping para ver publicidad”
ESO ES…

































mentira. En lo primero estoy más de acuerdo.

“Últimamente no entiendo tus posts, Alberto”
Eso es porque no eres target.

Los hombres que no amaban a Clippy

APARTA ESE RATÓN O PAGARÁS LAS CONSECUENCIAS

Remasterizado y ligeramente empanado del original, de Ian Schafer.

Hacer webs y ganar pasta

En el invierno de 2006 sólo me movía la pasión y, por eso, era capaz de aguantar los portazos en las narices con total indiferencia. En alguna ocasión hasta llegué a pensar, de camino a otra puerta, que el anterior se arrepentiría de no darme lo que yo pretendía. En cuatro días recorrí todas las entidades bancarias del centro de Madrid con mi humilde proyecto de crecimiento bajo el brazo.

En esos días fui público objetivo de todas las campañas de la banca al respecto del apoyo al empresario. La primera fue Bancaja que, con nuevo logo de Mariscal, anunciaba una nueva manera de tratar a la gente. Me lo creí. Bancaja fue mi primera visita, la segunda, la tercera y la cuarta.

En ninguna de las oficinas de Bancaja sabían nada acerca de lo que su propia entidad estaba ofertando: un nuevo y sencillo apoyo a los jóvenes emprendedores.

He de decir que entraba a las sucursales con un cuchillo en la boca y un ‘no’ a la pregunta de “¿tiene usted aval?”. Comprendí que la cosa no podía funcionar así: no podía llegar a la oficina del director contándole mis castillos en el aire y después solicitarle dinero, porque eso suponía una inmediata desigualdad de condiciones a su favor: era yo el que pedía, y debía ser él el que, tras contarle las virtudes de mi empresa, debía insistir en “trabajar conmigo”.

Ese era el término a buscar, y lo sospeché cuando llevaba unas diez visitas a diferentes entidades de crédito, al ver cómo se despedía el director -con el que yo me reuniría un rato después- de un cliente que vestía con camisa a cuadros y corbata a rayas, toda una incorrección que olía a nuevo rico:

Director.- “Ya sabes, Manuel, esta es tu casa”
Cliente.- “Lo sé, me quedo tranquilo”
Director.- “Sí, tranquilízate porque estamos tres personas trabajando en lo tuyo”

Peloteó un poco más, se despidieron y entonces opté por decorar mi discurso.

De mi boca salieron palabras que rara vez he vuelto a pronunciar: “Plan circunstancial”, “Músculo financiero”, “Facilidades contractuales”, y un largo etcétera que hasta yo mismo me iba creyendo. Y gané. El director se quedó con mi plan de empresa y quedamos en hablar pasados un par de días. Lo tenía que consultar con la central.

Y seguí con lo mío, pues no suelo confiar en las ‘consultas a central’. A base de ir moldeando mi discurso, al final me quedó súper chulo: me presentaba en la oficina del director de turno y lo primero que decía era: “Buenos días, vengo a hacerle marketing sentimental”. En general recibía de vuelta una carcajada y eso facilitaba mucho las cosas en lo que respecta a la comprensión de cómo funcionan este tipo de negociaciones.

Hasta cierto punto. Porque el director terminaba tan relajado que tenía que escuchar verdaderas estupideces, como por ejemplo: “Eso de las webs es interesante que te cagas [literal] porque mi hijo se está haciendo un curso de Macromedia y ayer me sacó mi nombre animado; mira, lo tengo por aquí”. Buscó en su correo y me enseñó su nombre en Comic Sans parpadeando entre fucsia y azul. “¿Te gusta?, ¿a que te gusta?”.

Comprendí que su sentido de asignación del orgullo (toma ya) no iba a congeniar con lo que yo tenía que contarle, especialmente porque yo quería encaminar Magnoliart al marketing online, pero para él lo uno y lo otro eran lo mismo: hacer webs y ganar pasta. Así que le enseñé un par de animaciones chorra que yo había hecho, por aquello de no anular el subidón ajeno. Le gustaron pero me dio un nuevo portazo con, al menos, una nueva pista de cómo debía enfocar mis palabras.

Mentó a mi madre y yo pensé en la suya. La primera para que me avalara, y la segunda por lo mismo.

He de confesar que al cuarto día me flaquearon las fuerzas, pero el otro director, el de los “músculos financieros”, me llamó a primera hora de la mañana:

- “Alberto, tengo lo tuyo”, me decía mientras yo le daba vueltas a mi primer café.
- “¿Y cuál es el veredicto de la central?” le dije.
- “Que OK, pero tienes que pasarte”
- “¿A qué interés?”
- “Pues hombre, es que son muchas cosas [bla, bla, bla] y viendo tu planning comercial [bla, bla, bla] y yo, claro, como responsable de esta sucursal tengo que garantizar [bla, bla, bla] así que te he conseguido un interés porcentual de XXmiltrillonesdelúaspersasXX”
- “Ya, claro, bla, bla, bla”. En una negociación no me gustan las tonterías.
- “Hombre, es que conseguirte un crédito sin aval no es sencillo, me ha costado negociar con la central un buen rato”, me respondió mientras esperaba que yo le lamiera el trasero y que le mostrara mi agradecimiento.

Recordé eso de “mostrar agradecimiento”. Me vinieron a la cabeza imágenes de tristes hombres arrodillados ante el emperador para mostrarlo, por haberles perdonado la vida, o para agradecer al poderoso el derecho de pernada.

- “Mira, yo es que soy muy básico: tú me prestas X euros y yo entiendo que deberé devolverte X + Y en un tiempo determinado. Correcto, no hay problema. Pero si ‘Y’ es excesivo, entonces deberé pensar que mi negocio es de un riesgo tan alto que debería replantearme mi plan de empresa”.
- “No hombre, no, el problema está en el riesgo por ausencia de aval y en tu caso ‘Y’ debe ser superior a lo habitual” me contesta.
- “Claro, por eso quien avala a mi empresa soy yo”, y vi la luz. “¿Quién mejor que yo?” añadí.

Sin embargo, debí ser el único de los dos que la vio, porque de esa conversación no surgió acuerdo alguno. Eso sí, me llamó un mes después para ofrecerme lo mismo.

Así que me gustó mucho contarle la visita a La Caixa que había hecho el mismo día que hablamos por teléfono. Le conté que ya me lo habían concedido y a un interés que si lo dijera nadie me creería. Él no se lo creyó. Fue un buen re-comienzo para mi aventura empresarial.

Pasado el tiempo creo que me lo concedieron por varias razones:

- Porque no llevaba pinta de estúpido
- Porque no hacía preguntas estúpidas
- Porque no abusé del lenguaje estúpido
- Y porque el director de mi sucursal es de todo menos estúpido.

Claro, como me dio un crédito es inteligente. Pues sí, los emprendedores tenemos eso que llaman vanidad y que yo confundo con la autoestima: desde mi ángulo el que invierte en tu proyecto lo hace porque sabe qué hace, y si no, es su problema.

Y de propina*:

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