La redención de Mahindra Satyam

“Todos las zonas que se pueden besar se pueden morder, excepto el labio superior, el interior de la boca y los ojos”
Kama Sutra.

Mahindra Satyam, una consultora tecnológica india, ha sido la otra de las ganadoras del Mundial de Sudáfrica. Has visto su logotipo en las vallas de todos los partidos (de lejos parecía una filial de Mahou) junto a los habituales, los de las grandes multinacionales, que nunca vieron con buenos ojos compartir un espacio publicitario junto a una marca que arrastraba un caso de fraude que terminó con su junta directiva en la cárcel en 2009. Estas son las particulares mil y una noches del llamado Enron indio.

En 2007 un gigante asiático llamado Satyam (nombre que, por cierto, significa “verdad”) firma un supercontrato con la Fifa de 200 millones de dólares para desarrollar sus sistemas, administrar intranets, gestionar la venta de billetes online, telefonía, televisión, equipos informáticos, logística y gestión del voluntariado. Con decenas de miles de empleados, presencia en 57 países y grandes clientes en todo el mundo, la tecnológica parecía disfrutar de años felices.

Para algunos. Porque Ramalinga Raju, candidato a nombre musical del año, presidente y fundador de Satyam, envía en enero de 2009 una carta a su propia empresa en la que confiesa haber inflado las cuentas. El fraude ascendía a dos billones de dólares, todo un escándalo que atajó el Gobierno indio, que intervino la compañía, abrió la puerta a inversores y envío a prisión a todo el equipo directivo. En nuestro país, como somos diferentes, a Ramalinga Raju lo hubiéramos nombrado presidente de la patronal.

A un año de celebrar el mayor evento deportivo del planeta, el contrato con la Fifa pendía de un hilo.

Esta situación es, sin embargo, más que suficiente para que algunas de sus grandes cuentas cancelen los contratos de inmediato: Nestlé, General Motors, General Electric y el propio Gobierno de Estados Unidos huyen de su cartera de clientes. Se produce un importante éxodo de empleados y comienza una larga lista de juicios que cercenan cualquier intento de recuperación del tuerto indio. Una crisis de credibilidad de dimensiones épicas.

Contra todo pronóstico, en abril, Tech Mahindra, una tecnológica local de la que British Telecom es propietaria de un tercio, compra el 51% de Satyam por 628 millones de dólares. Nace Mahindra Satyam.

El reto para lavar la cara de un mónstruo que mantiene el nombre debió de ser complicado de masticar para el departamento de marketing.

El nuevo presidente, Chander Prakash Gurnani, asegura que el nombre y la tradición de Mahindra limpiarán la suciedad de Satyam.

Para intentar que el mundo creyera su renovada manera de hacer las cosas, disparan una importante batería de acciones de comunicación para anunciar los nombramientos y novedades empresariales.

Gurnani abre una cuenta de Twitter, crean un usuario llamado buzzmahindrasatyam en Youtube, una fan-page en Facebook, otra en Linkedin y un blog corporativo.

A Gurnani le siguen 607 personas en Twitter, los 18 vídeos que disponen en Youtube no suman más de 10.000 reproducciones -incluyendo un spot y declaraciones de sus directivos en entrevistas-, la página de Facebook tiene 567 fans, aún cuando en India hay más de diez millones de personas registradas en la red social, y 14.000 seguidores en Linkedin. Entre los 24 posts que tiene el blog corporativo no hay más de cuatro comentarios y escasas referencias al mismo.

Tal como actúan en Facebook se diría que afrontan el trauma con valentía:

Seguían la línea que podría marcar cualquier libro de social-media, pero necesitaban más. Necesitaban un salvavidas llamado Fifa, y se fijaron la meta de alcanzar un acuerdo de patrocinio. Qué mejor que aparecer junto a deportistas de elite y para todo el planeta. Era La Oportunidad.

Qué mejor que una oportunidad de negociar un acuerdo de servicios por publicidad. Y qué hay mejor que aparecer en la foto junto a las grandes marcas.

Pues hay una cosa: que las grandes marcas aparezcan sin el mónstruo.

El bueno de Gurnani se debió quedar de piedra cuando leyó el último e-mail de Zurich: “The name ‘Mahindra Satyam’ cannot be approved by Fifa as the brand conflicts with one of our partners” (El nombre Mahindra Satyam no puede ser aprobado por Fifa ya que la marca entra en conflicto con uno de nuestros partners), decía.

¿Quién del club de los millonarios se opuso a compartir piso? Los partners de la Fifa son seis: Adidas, Coca Cola, Emirates, Hyundai – Kia, Visa y Sony.

Satyam es un viejo conocido de algunos de ellos: Sony, a pesar de todo, mantiene vigente su acuerdo de subcontratación de servicios informáticos. Pero hay una, en el pelotón de fusilamiento, que había tenido relaciones comerciales con Satyam, Coca Cola. Canceló su contrato en febrero de 2009. Un negocio que proporcionaba a los indios entre 30 y 50 millones de dólares al año.

Sin embargo, en la foto hay otra especialmente sospechosa, Hyundai, que viene de atravesar unas aguas complicadísimas. Precisamente mientras los amigos de Satyam firmaban con la Fifa, en 2007, un tribunal encontraba culpable al presidente de la surcoreana, Chung Mong-Koo, en un caso de soborno a políticos para afianzar su posición en Asia. Es fácil suponer que en Hyundai no querían más escándalos en las inmediaciones de su marca.

Debió ser la negociación más compleja, y a varias bandas, en la vida de los estrenados directivos de Mahindra Satyam que, finalmente, lograron convencer a los organizadores del Mundial y se convirtieron en la primera marca india que hacía este tipo de publicidad.

Nunca sabremos los términos del acuerdo, aseguran que ha sido costoso en muchos sentidos, pero sí sabemos que la Fifa ha recaudado, sólo en patrocinios, 1.2 billones de dólares en la copa africana.

En lo que respecta a resultados, la división de gestión de eventos deportivos de Mahindra Satyam piensa generar hasta el siguiente Mundial al menos 100 millones de dólares en beneficios, 70 más de lo que han hecho hasta ahora, gracias a la exposición de su marca en los partidos.

El pico soñado de cualquier yonki de las métricas. Muy superior, además, al impacto de otra novata en esto de patrocinar eventos deportivos, la china Yingli Green Energy, y eso que tuvo un minuto de gloria con la mano del uruguayo Luis Suárez ante Ghana.

Los directivos que llegaron a la nueva Mahindra Satyam hicieron lo que cualquier asesoría les hubiera aconsejado: abrir las ventanas para airear el olor a chamuscado, concentrar y difundir sus impactos, pero ni una de las estrategias de social-media era capaz de encarar una crisis tan gigantesca. A grandes males, grandes remedios: Mahindra Satyam ha demostrado una capacidad para salvar obstáculos increíble, ha dispuesto de personas con una capacidad de negociación brillante y han trabajado en la misma dirección: lograr un trabajo perfecto como proveedor del Mundial, y lucir su estrenado logotipo junto a los grandes.

Al final su cuenta en Youtube no es más que un archivador público de sus vídeos, Facebook un enumerador de apariciones en medios, el blog es su sala de prensa, y la cuenta de Twitter del presidente tiene menos influencia, incluso, que la mía.

Enhorabuena a los premiados.

Lo básico no tiene siglas

“It’s the story, stupid”
Stephen King

La semana pasada un cliente me contó que se ha recorrido varias empresas especializadas en métricas y ha terminado por darse cuenta de que sus propios conocimientos son muy superiores a los que se están ofertando. Se plantea, de hecho, la creación de una empresa de este tipo.

Ha aprendido analítica él solo, sin más ayuda (además de foros y blogs) que su cuenta de Google Analytics, AdWords y los resultados empresariales en, aproximadamente, dos años. Pero, por encima de todo, probando cosas y divirtiéndose.

En estos días inciertos leo por todas partes el asunto de la maximización del beneficio -y sus demonios- así como la optimización aplicada a… todo. No existe una empresa que rechace un incremento de ventas, o un bar que no desee servir mejores cafés por un coste más bajo.

Si tenías pensado gastarte un dineral en un máster relacionado con las nuevas tecnologías, y más si estás en paro, te recomiendo que utilices ese dinero en montar algún tipo de negocio en Internet, por pequeño que sea, y que midas tu propia capacidad para vender un bolígrafo, de lo contrario nunca llegarás a director comercial de Bic.

La formación es importante, por supuesto, pero la experiencia es un valor en alza.

Hace seis meses casi me caza una gran empresa: me interesó tanto su sector que estuve todo un puente pegado a la pantalla preparando mi primera presentación. Fui el elegido tras pasar varios filtros y tres entrevistas, dejando atrás un buen número de candidatos con trayectorias muy superiores a la mía. No pudimos llegar a un acuerdo, así que el puesto de trabajo se lo dieron al segundo, y yo gané una gran cuenta.

Les hablé, como si fueran un posible cliente, de su empresa, de sus patas, de su imagen y del contexto en el que habita. Sopesé todo aquello que pudiera sentarles mal (nunca iré a tu casa para criticar tu estilo de vida), decidí correr algunos riesgos, ordené los piropos y difuminé los defectos, pero, sobre todo, les hablé como si se lo explicara a mi madre. Les asesoré -gratuitamente- y al terminar mi charla me aplaudieron. Hubo más, pero prefiero ahorrarte que critiques mi ego.

Si crees que puedes llegar a una entrevista de trabajo con algún tipo de recomendación inequívoca, o incluso con una valoración de lo que la empresa ganaría con un experto como tú, un contratador competente no te dejará escapar. Pero hay más: si eres capaz de simplificar conceptos, dejar a un lado el imperio de las siglas y hacer entender a la de Recursos Humanos, por primera vez en su vida, qué es AdWords, probablemente no se olvide de ti nunca.

Pero, para eso, tienes que haber masticado Analytics y haber soñado con la landpage perfecta.

El conocimiento se demuestra cuando eres capaz de simplificar, y la inteligencia se mide en función de tu capacidad para hacerte entender. Las cosas sencillas son las que calan, no que sepas qué es el CTR. Haz sentir inteligente al que te escucha, y te escuchará más.

A juzgar por los movimientos de algunas importantes empresas en Internet, es cada vez más evidente que el desconocimiento impera y se extiende, mientras la vida online sigue corriendo, cambiando y revolucionando. Realizan acciones complejas, caras y grandilocuentes, pero lo hacen asesorados por la necesidad y eso se nota. A veces da la sensación de que, en su forzadísimo estilo de juego, fallaran los principios más básicos de la comunicación: hacerse entender, hacerse notar, marcar un buen gol, encajar una derrota.

Hace tiempo jugaba en un equipo de kayak polo, y ascendimos a Primera gracias a que fichamos al técnico de la selección. Los que formábamos el equipo llevábamos más de cuatro o cinco años jugando y aunque nos dejábamos el alma en cada partido, nos costaba un mundo hacer uno bueno. El primer entrenamiento con el nuevo míster me dejó pasmado: nos enseñó a pasar el balón. Hablé con él, no entendía nada, creo recordar que hasta me indigné.

Durante la temporada no nos instruyó con grandes tácticas, ni jugadas ensayadas, tal como todos esperábamos, nos enseñó lo más básico: hacerle llegar la pelota a un compañero. Un año después ascendimos practicando un estilo de juego extraordinario.

De momento sabemos que las redes sociales, nuevos medios y demás soportes funcionan muy bien para ofrecer descuentos a los clientes, pero poco más. Y a lo desconocido no te enfrentas junto a alguien que dice tener una bola de cristal, sino junto a alguien que te dice que te peines antes de entrar en Mordor.

Por lo que pueda pasar.

MI libro, tu biblia: “El nuevo marketing y las nuevas reglas del juego”

Hola, corazones, tengo cosas que contaros: e hescrito un livro. Sí, yo también estoy sorprendido.

Gracias a la editorial Suma & Sigue, presidida por mi buen amigo el ex tesorero del Partido Andalucista de Majalrayo, ya tengo mi libro, la primera parte de una trilogía apasionante llena de palabras espectaculares, algunas de ellas inventadas, y mucho “social”. Marketing de hoy y del que está por social-arriving.

Estoy muy satisfecho con el resultado, aunque no nos ha dado tiempo a revisar la edición final (las prisas editoriales, ya sabéis). Mañana lo hago. Pero, sobre todo, estoy muy contento con el precio, 249.99 dracmas esterlinas, ideal para el día de la madre (¡uno para ella y… otro para ti!). Mi editor me asegura que a partir de la semana que viene saldrá a la venta en los principales kioscos del país, en general, y de Majalrayo en particular.

Pero, para que veáis que os quiero, a vosotros os lo dejo gratis, en pdf, aquí:
http://www.magnoliart.com/booksfordummies/ElNuevoMarketing.pdf
No me lo pirateéis ¿eh?

También, para que me hagáis el marketing, os permito que pongáis este banner en todas partes y como imán en vuestros social-frigoríficos.

Espero vuestros elogios. Graciasthankyou.

Kill Bill II

Bang bang, he shot me down
Bang bang and I hit the ground
Bang bang that awful sound
Bang bang my baby shot me down

Nancy Sinatra.

Quiero dejar Facebook tanto como quiero dejar de fumar.

En el momento en el que los amos de Facebook se rompieron el seso para cambiar el diseño de la plataforma para, simplemente, recomponer, desordenar y no añadir nada que supusiera una mejora, me dio por pensar que, a lo mejor, había sido un simple capricho de su gobernador, un chaval de veinticinco años.

No seré yo el que critique la juventud, pero este Jedi, Mark Zuckerberg, se está empezando a cubrir de gloria. Y cada vez se parece más a Bill Gates.

Hace unos días Business Insider daba a conocer que Mark hurgó y localizó algunos e-mails para entorpecer la investigación que, en 2004, estaban llevando un puñado de ex-compañeros de clase que siempre han denunciado que el doble de Bill les robó la idea de Facebook. Por aquel entonces tenía 19 años: puro pánico.

Un directivo de un portal que ofrece correo electrónico me comentó que cada vez que se les ocurre cambiar la usabilidad del sitio, aún cumpliendo los estándares recomendados, reciben miles de quejas de los usuarios que, por ejemplo, no encuentran el botón “enviar”. Sí, correos de gente que no sabía enviar correos. Qué queréis que os diga, la palabra ‘Google’ se busca más que ’sex’ en Google.

Entre los que buscan ‘Google’ en Google deben estar los directivos de Facebook.

Azul, como la verdad, como la comunicación; azul como el blues; azul, como tus ojos, reina.

El ‘navy’ de Facebook, a la izquierda, es una demostración de miedo insuperable al diseño. El azul ‘aqua’ de Tuenti, a la derecha, es sin embargo algo mucho más trabajado. Este tipo de azul está relacionado con las grandes ideas, y aunque se asocie rápido a unos patucos de un joven macho, también es un azul más intimista.

Vuelve a Facebook y contempla el caso que hacen a su propia identidad corporativa. Ni siquiera se han molestado en colocar un logo que, al menos, no esté pixelado. Les da igual.

En Tuenti, sin embargo, saben muy bien lo que la imagen supone y el mensaje a enviar: Tú-en-ti, se lee en su nuevo retoque. También la importancia de iconizar, por razones evidentes.

No obstante, la ceguera empresarial de Mark y la magnitud de sus pelotas vienen muy bien a portales como Infojobs o Monster, que cuando ven estas cosas, revisan, acojonados, el estado de sus cimientos:

Pero no tienen de qué preocuparse. Los de Match.com, Meetic, etc. tampoco.

Es imposible, o se hace muy pesado, leer una conversación de cien comentarios. Y esto ya es un problema resuelto por lugares de debate como Meneame.net: los propios usuarios votan los mejores comentarios, así que se puede desgranar rápidamente, enterarte mejor de la conversación y conocer el sentir general.

Además ese sistema estimula una participación de más calidad.

Esto sucede, entre otras razones, porque les importa poco lo que dicen los usuarios, sino la cantidad de mensajes que aportan a sus estadísticas. Si la gente empieza a leer más rápido y a desgranar con eficacia consume menos minutos en la página y, probablemente, deje de pensar en Facebook como un lugar de ocio para entenderlo como una herramienta.

Los monopolistas no quieren que sus clientes, sus primates, aprendamos, sino que consumamos.

El fin justifica a Angelina. Qué más da que una ‘empresa’ utilice la imagen de un famoso sin permiso; lo importante es que consigan leads.

En fin, Juanan Roncero lo dijo muy bien: Si eres cutre anúnciate en Facebook.

Esto es lo que hace y lo que entiende Facebook, exactamente igual que cuando a Microsoft no le quedó más remedio que comprender que la función de un buscador no es vender software.

Alteran las URL’s de nuestros enlaces para acometer estudios de mercado y saber qué está clickeando la gente. Y eso es el gran tesoro de Facebook, que disponen de todos y cada uno de los movimientos que están haciendo más de 350 millones de personas.

Sólo necesitaban una cosa más, un localizador: más allá de lo que digas, Facebook quiere saber desde dónde lo dices. Y yo, publicista, también. Y se me hace la boca agua (a tu jefe también). Facebook Location será presentado en abril.

Claro, con una cosa así, las noticias sobre privacidad parecen una simple cortina de humo.

Pero, eso sí, todo lo que suponga molestar al usuario cada día funciona mejor (tarjetas, calendarios, besos, toques, cervezas y demás apps muy útiles). Y el mérito hay que reconocerlo, ¿no?

Caracortada

Yo temo a la multitud
El gritar es su virtud
Su entusiasmo es nuestra perdición
¡para nuestra revolución!
Teddy & Friends.

Hace años sucedió un hecho formidable en la historia de Internet de nuestro país. Sucedió que si un usuario buscaba en Google la palabra “ladrones” y daba al botón “voy a tener suerte” accedía directamente a la web de la SGAE. Ardió Troya. Sin embargo, no vi a nadie tratarlo como un indicador. No escuché a ningún cantante interesarse por este dato, porque eso es lo que era, un dato.

El botón de “voy a tener suerte” de Google lleva al primer resultado que ofrecería en una búsqueda natural. Y si una web aparece encima de otra es, básicamente, porque tiene más y mejores enlaces que contienen la palabra buscada. Así que Google relaciona una web (en el mundo real diríamos ‘marca’) con una palabra. Exactamente igual que una persona: Tuenti – adolescencia; Lidl – barato; Telefónica – monopolio.

Cada una de ellas se preocupa de que esa relación se mantenga así o no.

Si, además, observamos otros indicadores, como el número de denuncias interpuestas a webmasters por contener esa relación, o llegados a este punto, opinión, las personas que están opinando en contra de esa institución valen mucho más y cobran más fuerza socialmente, pues se arriesgan a recibir una denuncia. Y siempre se premia al que le echa valor. Incluso aunque se equivoque.

Más local: tengo un amigo que es propietario de una página anti-Sgae y puedo decir que, desde que la tiene, ha incrementado su nivel en el grupo. Es más, creo que ya ha perdido la cuenta de las veces que le han llamado “puto amo”. Así que en ese grupo, cuando se habla de la Sgae, habla él y los demás callamos. La mancha se extiende y se solidifica.

La no intervención en el verdadero problema genera otros mucho mayores, como que es posible que este post tenga más eco del habitual, en lugar de controlar los mensajes desde el departamento de comunicación.

Pero si solo fuera esto… la SGAE pone en bandeja que aparezcan nuevas contracampañas mucho más agresivas (PutaSgae, por ejemplo), nuevos protagonistas que, aplaudidos por una masa social presa de la indignación, acudan a dar la cara en los debates sobre la cuestión de la propiedad intelectual, y la bola sigue creciendo, y se hace mediático. Y divide a los artistas, muchos de ellos condenados para siempre por decir lo que no piensan. Pero lo peor es que el mensaje acaba calando y todo pasa a ser surrealista.

En realidad es primero de Marketing: si alguien emplea un esfuerzo en favorecer a tu marca, mímalo. Si es para todo lo contrario, preocúpate, porque la mancha negativa se extiende con más facilidad que la positiva. Pero también es primero de EGB: si eres un imbécil lo normal es que no tengas amigos. Es un mecanismo de corrección social que, generalmente, funciona bastante bien en las sociedades con un mínimo de cultura.

Se puede interpretar que hubo una inundación de mala leche y todo el mundo enlazó a la SGAE con la palabra “ladrones” y así utilizar el propio algoritmo de Google en su beneficio (¿cuál?), o, por contra, podemos meditar la situación: quizás los miembros de la SGAE, los artistas, se debían haber preocupado por la razón en virtud de la cual no son los primeros por la palabra “música”.

Y es curioso, porque el sentido actual de la palabra música es hasta emocionante y muchos empresarios están demostrando que han comprendido ese significado. Spotify es un claro ejemplo.

Un reto que hubiera sido más apasionante, desde luego, que el de la persecución. El señor X, por ejemplo, es una víctima de esta filosofía, e imagen inseparable de la marca Sgae en la mente de los españoles. Condenado para siempre. No hay cárcel peor. Un castigo excesivo para un simple mensajero.

La Sgae demuestra con su manía persecutoria estar ajena al mundo musical. O peor, ajena al arte. Un cuadro de un museo siempre podrá ser robado mientras exista un comprador en el mercado negro, por muchas medidas de seguridad que tenga. No se trata de enjaular el arte, sino de educar a la masa para que comprenda y ame tan profundamente al artista, que condene ella misma un robo.

El arte no tiene valor económico. ¿Cuánto vale El Grito de Munch? Qué importa la valoración que hagan los “expertos”, nadie ha sabido expresar la angustia como él y eso no se puede traducir en términos económicos. El Grito de Munch es mío en el momento en el que me sobrecogió. El Grito de Munch no es, ni siquiera, un cuadro. Es una idea, es una imagen que mi cerebro necesitaba para relacionarla con un significado, y cuando una relación es perfecta un hombre se siente libre, actúa como tal y deja de tener miedo. Y se vuelve un enemigo del poder, por eso el arte ha estado siempre a su servicio.

No es posible medir todo esto en dinero (aunque quizá sí: en dinero que pierden los no-artistas en empeñarse en serlos), pero por lo visto hay que hacerlo, así que se utiliza algo tan impuro como la ley de la oferta y la demanda y se establece un precio. En este sentido, algo cuesta dinero cuando hay un comprador dispuesto a pagar por ello. Si no, no vale nada. Y el arte no vale nada, porque para encontrarte con él no puedes preguntarte cuánto cuesta la Capilla Sixtina.

Un disco que no se compra probablemente sufra de un simple desajuste entre la oferta y la demanda. El precio de los discos es, a todas luces, excesivo para los jóvenes de hoy que, seguramente, prefieren gastarse 20 euros en copas que en discos. Años después, cuando las resacas les duren tres días, quizás pensarán de otra manera y… preferirán beber menos tragos pero de más calidad.

Para entonces, seguramente, ya tendrán cuenta de pago en Spotify que vendrá de regalo con la PlayStation4. Me juego, con todos vosotros, un café y un pincho de tortilla.

Cuando una industria, construida a base del exceso (no sólo del precio), olfatea su fin, utilizará todos los recursos que tenga para atajar la situación por la vía de la compra del poder, e imponer sus intereses, claro. Gobernar, en definitiva. La pega es que cuando un músico mediocre gobierna y el público empieza a silbar, pierde la melodía, la gente se ríe, y se siente un bufón en lugar de un artista. Y claro, eso le revienta. En lugar de pensar en por qué la gente lo considera un Leonardo Dantés y no un Michael Jackson, como a él le gustaría, adopta el traje de un dictador muerto de miedo: le reconcome la conciencia y ve enemigos por todas partes.

La masa es olvidadiza, pero basta con empezar a cabrearla para que saque la guillotina, aunque su hoja sea de papel y la sangre sea la tinta. Ahora somos mejores que antes. Mucho mejores, no peores, por mucho que la Sgae se empeñe, curioso destino, en llamarnos a todos ladrones.

Ortega y Gasset lo explicó muy bien, él hablaba de “sacudir la somnolencia nacional irritando a las gentes”, y Telepizza nos lo recuerda todos los días. El contenido no es el rey, es la masa. Una masa ávida de servicios, no de contenidos. La masa quiere tener la posibilidad de disponer de una canción vendida como La-Canción para comprobar si eso es cierto. Y si es cierto la comprará, calzará su merchandising, y no se perderá por nada del mundo un concierto. Pero siempre habrá un gran grupo que no, aunque le guste, como cuando los casettes.

Si esto, tal como dicen, es el final de la música, es fantástico. Que así sea, porque necesita volver a sus orígenes y renacer. Porque la música ya no es arte, es otra cosa. Es un nido de vívoras, decepción y cocaína. Y por eso la industria musical, o la industria de la fe religiosa, nunca contará con el beneplácito de una masa que sabe más cosas, sobre todo si el saber le sirve para comprobar que la han estado engañando.

Ese es el gran dilema de la persona que encarnó a Judas en Jesucristo Superstar. Que si diera su brazo a torcer estaría reconociendo que la industria ha estafado al pueblo. Que ha convencido a mucha gente, incluso a políticos de primera línea, que no son capaces de razonar lo que dicen, y ahora no les puede venir con que les había vendido una milonga más grande que lo último de Bisbal.

La Sgae es, además, el colmo de la inoportunidad. Porque en un momento tan tenso para la masa como el actual, el internauta se coloca la peineta de la indignación y la emprende con cualquier injusticia que le toque en lo más profundo (La Música, casi nada). Navega por Internet, y todo son atentados al sentido común: de todas partes le gritan “¡cómprame!”, “¡adelgaza!”, “¡alárgatela!”, los periódicos le ordenan “¡léeme!” y el banco le engaña: “¡endéudate!”. Nos gritan y cada vez somos más irritables. Es demasiada presión, y una de las fugas la ha provocado la Sgae.

La provocó en el momento en el que dejó de decir la verdad: sobre todo cuando garantiza que descargarse una canción es un delito. De hecho, parece que los asociados que hacen este tipo de declaraciones no se hubieran leído el Artículo 270 del Código Penal, que en la propia web de su ‘Sociedad’ indican, una ley en función de la cual se penaliza la copia “con ánimo de lucro y en perjuicio de tercero”.

Vale, descargar o copiar música no figura en el Código Penal como delito. Pero está mal, y eso lo sabemos (y lo sentíamos cuando los casettes) y los que argumentan a favor de la música gratis también están mintiendo (se adueñan visceralmente del sentido básico del ánimo de lucro y omiten la segunda parte, la del perjuicio a terceros). Al César lo que es del César. Pero que César curre, que son otros tiempos, en los que además de trabajar hay que aparentar que trabajas. Yo cuando escuché a Rosario diciendo que se estaban muriendo de hambre me instalé el BitTorrent por primera vez.

Pero no es mi culpa que no me den más opción que la de pasar por el aro (y sobre todo si no tengo un duro) cuando dispongo de otras opciones para conseguir… ¿el arte?.

Tampoco es mi culpa que yo me compre un disco de La Oreja de Van Gogh y sienta que me han estafado. La culpa es del estafador, que me vendía arte y resultó ser mierda. Aunque, en parte, también culpa mía, por pertenecer a una sociedad que se lo cree todo (sobre todo, lo malo), por no saber discernir entre lo que es arte y lo que es packaging.

Las discográficas se han pasado la vida tomándome por gilipollas y vendiéndome todo como la panacea musical: superhit, megahit, la sensación del momento, lo que estabas esperando, la canción del verano, la del invierno, los 40 Principales. En fin, todo eso.

Y todo eso se acaba en el momento en el que las personas tienen acceso a un catálogo musical mucho más amplio y mucho más diverso. Más aún en tiempos de economía de la atención, en donde la gente sabe lo que le gusta a otras personas, dejando en un segundo plano las falsas promesas de satisfacción. Ya ni siquiera se cree en las promesas de mejora, se acribilla todo aquello que ha hecho daño. Como tú, como yo, queremos hechos. Queremos -y necesitamos- La Verdad, incluso aunque resulte dolorosa.

Tal como se aprecia en este gráfico, tanto la palabra ‘mp3′ como las menciones en medios a este formato tienen cada día menos fuerza, al contrario que las plataformas. La gente no quiere robar, quiere escuchar. Y que la gente escuche hoy más música que nunca debería ser una gran noticia para la Sgae.

Los Bustamantes venden menos. La industria quiere seguir inyectando a Manu Tenorio a la masa aún habiendo memorizado a Bob Dylan, y eso es un insulto. Que no, que el interés por ellos -el de la novedad- se agota, incluso aunque el volumen de impactos mediáticos crezca:

Sin embargo, si la Sgae mirara por los legítimos derechos del arte, y no por buscar un respeto a las rimas de El Canto del Loco, no sufriría el linchamiento actual. Pero claro, para esto es necesario que haya arte. Y eso, hoy, es un bien escaso. La Sgae también es víctima de la mediocridad. Lo cual no justifica sus actos, como es obvio.

Nadie tiene el derecho a perseguir a una persona por contemplar a Las Meninas o por perder el tiempo escuchando a Melendi sin pagar por ello. Vivimos en un mundo tan artificial, que lo natural resulta extraño.

El movimiento punk pretendió explicar algo parecido, pero no supo razonarlo. Así que se suicidaron todos por no entender su propio mensaje. Las drogas y, entre ellas, el alcohol, ayudan a ver las cosas de otra manera más deshinibida, pero no a razonar mejor.

No sabían quiénes eran, y cuando se miraban al espejo sólo veían un desecho humano.

La Sgae -y todos y cada uno de sus socios- se ha autolesionado por no saber quién era. La herida es inmensa, y siempre lucirá en el rostro la cicatriz de la vergüenza.

Menéame de pago ¿y por qué no?

“Code is Poetry”
Matt Mullenweg, creador de Wordpress.

Si hay algo que defina el esfuerzo del pueblo por hablar bien es el uso de infinitivos: “Por mi parte, decir que yo no robé esas gallinas”.

Si hay algo que defina el esfuerzo de los comentaristas de Menéame por escribir bien es el uso del famoso (y lujoso) “amén de”.

¡9828 comentarios! ¡Eso es seis veces la palabra “epic”! (ERRÓNEA O INCORRECTA, son 5,63 veces).

Han pasado tres años desde mi primera incursión en Menéame, cuando subí un enlace al tercer número de nuestra revista MGZ, el de Alberto Corazón. Recibí un único comentario que, literalmente, me partió el alma:

“Ahí os quedáis. Con vuestros negativos, vuestros fails y vuestros… Me voy, pero os prometo eterna indiferencia”, lamentaba mientras me suscribía a su rss. Porque, claro, es más sencillo echar la culpa a otros que razonar que esa noticia está fatalmente subida. Y que el autobombo se penaliza hasta en mi cocina.

Menéame es un agregador de noticias. Funciona con votos y la gente comenta las informaciones que los propios usuarios suben. Tiene varios elementos diferenciadores que hacen que la idea sea algo mejor que un simple foro de actualidad, como una normativa creada entre usuarios que ningún novato se molesta en leer, o el asunto del karma. Como valor añadido diré que cuando una noticia sube a portada genera cuatro personas felices y una llamada a un móvil. Feliz el autor de la noticia, feliz el usuario que la subió, feliz el director del periódico y feliz el director multimedia, que ya tiene un presupuesto que justificar. La llamada es, obviamente, al informático de guardia para que reinicie el servidor.

Como colateral, también feliz la madre del redactor, que no se entera de nada, pero que está orgullosa de su hijo mileurista.

Este sistema, sumado a la disciplina colectiva y a la influencia cosechada por muchos de sus usuarios, genera un producto brillante. Muy simple: resulta más productivo seguir los comentarios sobre una noticia subida a Menéame que los de la fuente original. ¿Por qué? Porque como se te ocurra participar con una idiotez prepárate para recibir lo tuyo. Y como sea una idiotez muy gorda te quedas gris.

Hay una jerarquía, hay normas y disciplina. Además, no se toleran las faltas de ortografía. No pasan una, son talibanes, y me parece el primer gesto de integridad de la sociedad (online) española; el primer gesto de excelencia que muchos lectores, en silencio, celebramos continuamente.

Sin embargo, y dejando a un lado la cosa fácil de que no pasa un día sin la SGAE en la portada, Menéame también es la prueba viviente que dignifica la profesión del periodista, porque para encontrar un buen titular o una entradilla en condiciones (generados por el usuario, no de copypaste) hay que excavar en las profundidades de su Amazon EC2. Creo que a veces por el ansia de meterla el primero. Como en todo.

Pero se empeñan en hacerlo mejor, y eso es más de lo que hacen muchos medios tradicionales.

Ha habido grandes hitos en la historia de Menéame, pero el que más seguí fue la revolución de usuarios (o chiquillada, no sé muy bien). Qué rápido se organizaron y qué rápido se olvidó con una nueva portada de noticias en las que trabajar.

Sí, digo trabajar. Cualquier periodista que se precie toma el pulso a Menéame a diario. Básicamente porque le adelanta un porcentaje de trabajo de investigación gigante. Y lo saben, y lo utilizan. Pero no lo citan jamás. Si en sus informaciones hubiera un pie que rezara “Enterado a través de Menéame” el primer resultado en Google para la búsqueda “Google” sería Meneame.net.

Igual de científico pero más ambicioso, Menéame estaría hoy negociando acuerdos con empresas distintas a Doubleclick.

No soy quién para proponer modelos de negocio, pero resulta que Menéame está ofreciendo un servicio incluso tan preciado como el que realizan las agencias de noticias. Mala relación, porque ellas generan y Menéame difunde para generar imprevistos, pero creo que se comprenderá lo que pretendo decir: los medios pagan barbaridades a las agencias por ahorrarles un trabajo, el del alcance al lugar de la noticia; mientras que Menéame representa una respuesta fantástica del experto en Internet, que por simple pasión trabaja y documenta esas informaciones.

En días como estos, en los que saber tomar el pulso a los mercados online es vital, se deben revalorizar los connoisseur. Y Menéame los tiene.

Si Pedro Jota leyera estas líneas pensaría que él también los tiene y los llama columnistas. Pero se respondería él sólo, porque los paga. Y porque con ninguno de ellos cuadra un concepto tan delicioso como connoisseur desde que murió Umbral.

Tranquilícese, no estoy comparando a Umbral con la persona X que se esconde tras un apodo en Menéame, pero el conocimiento hay que premiarlo. Y el producto final es, informativamente hablando, perfecto: en realidad no me interesa más allá de la entradilla, me interesa lo que le rodea.

Cuando un lector (profesional de la información o no) llega a la noticia, ésta ya está comprobada, testada, relacionada y enriquecida. Y a veces hasta con sentido del humor.

Creo que se habla mucho de la transformación de los medios digitales gratuitos a medios de pago, pero ninguno de ellos ofrece nada parecido a lo que Menéame proporciona. Sí, sugiero que Menéame, en un mercado informativo como el actual, es el único que tendría el derecho de ser de pago para sus lectores.

Al menos es el único por el que yo pagaría, a cambio, eso sí, de una nueva concepción de medio, sin temor al diseño y con más apariencia de periódico. Quizá un único y verdadero diseño 2.0.

Clasificación (libre) de los usuarios de Facebook

“La primera vez que usé la palabra ‘libre’ fue para pedir un taxi.
También fue la última”.

Un señor, en Gran Vía, muy perjudicado.

Los exhibicionistas
Algunos y algunas son exhibicionistas. Y delincuentes. Gentes orgullosas de sus traseros exponen primerísimos planos y comentan “como veis, lo tengo durísimo”. Mujeres encantadas de someter sus canalillos a votación a base de mensajes de andamio, y hombres que lucen torso, incluidas esas malformaciones que salen en la tripa cuando haces demasiadas abdominales.

Los de las frasecitas
Ponen en marcha Google, y pegan cosas como esta: Al cumplir los setenta años me he puesto la siguiente regla de vida: no fumar mientras duermo, no dejar de fumar mientras estoy despierto y no fumar más de un sólo cigarro a la vez. Mark Twain. (…!) Algunos lo hacen sin parar, es increíble. Es como si no tuvieran absolutamente nada que decir pero la herramienta les invita a hacerlo. Como una droga.

Los de las tarjetitas
Que te las pegan en tu muro y te obligan a llamar al limpiamuros. Ni siquiera sé de qué van. Las borro. Mi muro es mío en lo que respecta a carteles y publicidad. Y en mi callejón etcétera.

Los de las respues… titas
“Gracias por agregarme como amigo, ¡¡¡¡COMPRA MI LIBRO!!!!”. Unos minutos después te ofrece que te hagas fan de su obra maestra y que te unas al grupo de amigos de su libro, y, claro, te preguntas por sus niveles de ansiedad.

Los del spam
Si en su foto de perfil enseñan un pecho es porque no es suyo.

Los de los besos, achuchones y toques
Verás la que me cae por esto.

Los de las etiquetas
Muy gracioso, al principio, lo de etiquetar al personal en fotos divertidas, pero desde que se hace para llamar la atención ya no es lo mismo. Ya-nos-lo-mis-mo.

Los creadores de grupos que empiezan por las siguientes palabras mágicas: “Señoras que”
Todo un fenómeno digno de algún estudio del Departamento de Sociología for Dummies de la Universidad de Utah (me gusta mucho la broma de lo de los hijos de este estado).
El éxito de “Señoras que compran plátanos en el Lidl y terminan en un after” ha sido el golpe de efecto que necesitaban las peculiares mentes que maquinan estos grupos.

Los activistas
A lo Braveheart. Están en todos los grupos que contengan la palabra “contra” y tengan un acento anarcosindicalisecologista.

Los de derechas
Previsibles. No tardan un segundo en hacerse fan de José María Aznar y entran a menudo a participar en los muros de los políticos de su misma línea de… pensamiento.

Los de izquierdas
Igualicos, pero de izquierdas. Esperaba algo más de originalidad.

Los twitteros
Mucha gente que les sigue en Facebook se pregunta en silencio a qué se refieren con “RT”.

Los okupas
Llegan a tu muro, te pintan un grafiti y se largan.

Los tragaperras
Utilizan Facebook para jugar y sus muros dan buena cuenta de ello: récord tras récord. Récord tras récord. Y con fecha y hora. Eso sí que es exponer tu privacidad, sobre todo si por culpa de tu último éxito en el Brain Training has llegado esta mañana tarde al trabajo. Cuánto tráfico hay en Madrid, ¿eh?.

Shhh… los silenciosos
Voyeurs de primera división, que van pasando de perfil en perfil controlando, maquinando, pensando, catalogando, sin más luz que las de sus portátiles en sus caras, azules, escondidos, conspirando. Están ahí… ¡shhhht! ahí vienen. ¿Quién? ¿dónde? ¡argh! ¿¡es que ya nadie va a titular que las redes sociales son el demonio!?

Así que Facebook está plagado de personalidades, personajes y tramas, protagonistas, secundarios, y gente que ni siquiera aparece en escena… Y, sin embargo, muchos de ellos son estudiantes que investigan en colaboración, profesores que comparten sus temas de estudio, periodistas que informan, jubilados simpáticos, guionistas que escriben, otros que no, peluqueras cotillas aficionadas a las fotos de gatitos, carniceros, psicópatas, vendedores, vendedores de humo, compradores, compradores de humo, morosos, entusiastas, payasos, drogadictos, gente muy inteligente y gente muy poco inteligente.

Ya estamos todos. Mucho, mucho, mucho, más allá de aquello de reencontrarte con viejos amigos.

Watch the panceta

La agencia JWT (pionera en… todo) publicó el pasado diciembre desde su sede en Nueva York un documentito titulado “100 things to watch in 2010″ (100 cosas para el reloj a las ocho y diez de la tarde) y que os recomiendo que echéis un vistazo. Recopilo algunos de esos puntos a los que, según Ann M. Mack, director of trendspotting y autora del informe, debemos prestar atención este año:

Suscripciones a aerolíneas: United lanzó una tarifa anual de 249 dólares, y el resto de las empresas podrían seguirla si el modelo funciona.

Panceta en todos lados: Desde cócteles hasta postres, la panceta está siendo revalorizada en la cocina alrededor del mundo.

Colores más brillantes: La tendencia en estilo es abandonar las formas pálidas y tonos pasteles por formas más vivas y carnavalescas.

El poder inalámbrico: La compañía WITricity está desarrollando una tecnología capaz de transportar electricidad por el aire.

Fármacos personalizados: Hay avanzadas investigaciones para diseñar medicamentos en función del ADN del que lo necesita.

Fernando Torres: El delantero del Liverpool, con sus 25 años, tiene el récord de cantidad de partidos jugados para España y comandará su equipo en el Mundial de Sudáfrica.

Periódicos locales sin ánimo de lucro: La tendencia se acentúa en todo Estados Unidos y promete crecer en 2010.

El final de Lost: Se espera que el final de la serie de ABC logre una repercusión similar al final de Seinfeld.

Fiestas de baile en silencio: La idea es que cada participante de la fiesta baile al ritmo de su propia música en base a los auriculares para no molestar a los vecinos.

PD. No contéis conmigo para esta última, pero si lo grabáis me gustaría verlo.
PD2. Vale, visto.

  • La lista, en castellano, aquí.
  • Comunicado original de JWT (pdf).
  • Flash en JWT Inteligence.
  • Y en Slideshare, aquí.
  • Enterado a través de Menéame.

    El giro (The big one)

    “Cada unidad militar convierte un ciudadano infeliz en conforme”.
    Civilization III. Manual del juego, página 118.

    Presa de la indignación, mi suegra aporrea el mando a distancia y carga contra una presentadora que está arengando a nosequién en directo. Yo me reconforto en su escote. “¡Es que no la soporto!”, grita mientras camina hacia la cocina prometiéndole ciertas cosas en hebreo. Enciendo el móvil, busco un grupo en Facebook sobre el programa y compruebo que está que arde: todos habíamos notado una alteración en la fuerza.

    Por naturalizar lanzo una pregunta al aire: “¿Qué te parece si busco ’sexo gratis’ en Facebook?”. Mi suegra asoma la cabeza por la puerta y me suelta “¡Que la den, es insoportable!”. Tomo nota para buscar, después, ’sexo anal’. Hay que documentarse.

    La otra sigue meneando su pechamen por el plató entre escenas de sexo implícito. Llega más familia y me pongo a saludar al personal. Qué tal, qué tal, cómo va eso chaval, muacks, muacks, “¿es este tu móvil?” reclama Darth Vader.

    Una risa.

    Recupero el teléfono, le hablo del cretino de Zapatero y vuelve a llamarme Luke Skywalker. Gritan ¡silencio! en la televisión y, claro, callamos, miramos a la pantalla y se produce un agujero negro.

    Todo aquello, y especialmente lo del sexo anal, lo recordé mientras pagaba 22 créditos por unirme al A-Group del Wall Street Journal en Facebook a principios del año 2011.

    Pero, bueno, la suscripción al WSJ era lo último que me faltaba para disponer de las mejores fuentes diarias. Recordé con cierta ternura mi antiguo lector de feeds al contemplar mi recién diseñada y ultraoptimizada página de inicio de Facebook.

    Como la amistad es una palabra que ya no tiene el mismo sentido que entonces, ahora a los usuarios que son medios de comunicación se les llama “primos”. Eso fue una gran victoria; y un placer “Agregar a Periodista Digital (aún en Beta) como primo”. Y después bloquearlo. Y echarle cal viva. En fin, son aplicaciones, también de Facebook, que hacen mucha gracia a los ciudadanos de nuestra Repúbl(ops!).

    Están siendo un éxito, dicen las métricas, comentarios y fans, las tiendas online de nuestros clientes en Facebook. Tenemos previsto que el 70% de lo que vendan lo harán a través de la red social y calculamos que sus antiguas páginas web conseguirán beneficios residuales durante los próximos dos años. Para vuestra información hemos implementado (apretado al botón “instalar”) la pasarela de pago GimmeYourMoneyDude 2.3, y funciona de maravilla.

    Pero no todo es campo fértil en las redes sociales. Inexplicablemente el usuario Renfe sigue funcionando igual de mal que cuando vivíamos en la era web (ahora vivimos en la nube, aunque los sueldos siguen siendo web).

    Y esto nos ha hecho cambiar, aunque para algunas cosas no tanto: puedo mirar el tiempo y el usuario ‘Viuda de Montesdeoca e Hijos’ sigue sin dar una; mi primo ‘Marca’ contaba ayer que Guti se retira para encontrarse a sí mismo, así que le envié unas amapolas a través de la aplicación FloresTiernas ™. Me llama Juan, que viene a cenar a casa. Busco a a Sergi Arola y le pregunto por el plato de moda.

    Y ya no sé qué es Google.

    Verdades (publicitarias) de un anunciante

    Un cliente, amigo y cómplice de asesinato leyó el anterior post sobre las mentiras publicitarias de la blogosfera y no se pudo resistir a enviarme su punto de vista como anunciante y como emprendedor en Internet. Os recomiendo que echéis un ojo.

    Para los no iniciados: cpm (coste por mil impresiones), cpc (coste por click), cpa (coste por acción), ctr (Click Through Rate o porcentaje de clicks).

    Yo soy anunciante. Invierto mensualmente en publicidad 40.000 euros. Mis ctr’s, cpc’s, cpa’s, etc. son siempre superiores a la media porque mi público son 7 millones de personas que consumen mi producto alrededor de seis veces al mes.

    Dicho esto paso a explicar el porqué de esas “mentiras”:

    a) En España lo primero que te dice una agencia de marketing es: tienes que abrir un blog de tu empresa, que eso te da cercanía con los clientes. Y habrá quién se lo crea: blogs, twitters, facebooks, etc. “corporativos” sólo son eficaces cuando se ofrecen descuentos y demás incentivos (léase el twitter de Dell).

    b) En España un blog es social marketing. Por suerte me he pasado los ultimos 366 días haciéndome las américas y aquí no es que sean más inteligentes que nosotros, sólo que nosotros nos tragamos las traducciones que hace algún listo y así nos va.

    El social marketing es Myspace, Facebook o Twitter; y es social marketing porque habla de socializar, y para socializar tiene que existir una conversación entre dos o más individuos. Para ser conversación tiene que ser bidireccional y los blogs no lo son.

    Sí, es cierto que el visitante tiene la posibilidad de escribir y el bloguero de responder, pero pocos blogueros mantienen la conversación. Si vemos todas esas redes de blogs que existen en España, (y de las cuales conozco algunos de sus detalles económicos) se componen de un tipo que maneja la pasta y sale en fotos, y cuatro o más individuos que por un euro el post escriben. Bueno, copian, sí, copian y vuelven a copiar, o traducen torpemente de otros blogs o periódicos online.

    c) La publicidad en blogs no es rentable en España. Pero el discurso, en lugar de adaptarlo a España, lo mantenemos como dicen que es en USA las revistas y sus gurús, y volvemos a algo tan simple como esto: en USA dicen laptop, aquí portátil; en USA dicen celular, aquí móvil; en USA toman café tamaño extra-grande, aquí un café con leche y un bocadillo para desayunar. En USA el que tiene un blog que vende publicidad (no cuento Adsense) es alguien reconocido para bien o para mal, ¿qué reconocimiento profesional (léase trayectoria) tienen los que escriben las redes de blogs?, ¿o Enrique Dans? NINGUNA.

    ¿Por qué ninguna? Simple: los que vendemos en internet no buscamos a friquis, vosotros no compráis, solo tocáis los cojones. Queremos el dinero de vuestros padres, madres, vecinos y primos. Ellos sólo os hacen caso para comprar el ordenador (benditos los vendedores de informatica por su paciencia), para el resto de su vida cotidiana no existís, de hecho sóis motivo de chiste: mi sobrino hace unas paginas web estupendas, hizo un curso de una revista. ¿Cuántos les haríamos caso para cualquier otra cosa?

    El 80% de las impresiones de internet (o páginas vistas) las realiza el mismo 20% de usuarios, ¿esto qué significa? que el 80% de usuarios con ver el 20% de paginas tienen suficiente, y resulta que para ese 80% de usuarios, Yahoo o Msn (en sus distintas versiones y dominios) es algo útil, y Google es sólo su barra de direcciones y un buscador.

    De ahi que vosotros, una MINORÍA, no comprendáis que Yahoo, Msn y otros vivan y compitan con su dios Google. El sistema es simple, sólo hay que buscar en las estadisticas que publican en USA empresas como Comscore, donde no hablan sólo de “usos”, sino de “comportamiento”, y donde el buscador mas usado es Google, pero el tiempo de visita se va en los otros grandes portales, y mucho más.

    Casualmente en USA diferencian blogs de social marketing, estos americanos no tienen ni idea, ¿verdad? Sólo son el primer consumidor del mundo.

    d) Los blogs no son ninguna revolución ni ningún avance. Antes de los blogs estaban y están los foros, simplemente lo mismo pero con otro diseño y maquetación, pero el sistema y utilidad es la misma.

    e) La publicidad en blogs es barata: cierto si no te anuncias. Había alguien en los comentarios de tu post que decía que la publicidad no tenía que ser barata, y es cierto, pero la cuestión es que la publicidad tiene que ser rentable. Y un blog no es rentable por lo siguiente:

    - No me da branding, porque no me da reconocimiento social de mi marca. Sóis verticales. Muchas paginas vistas y pocas visitas.
    - Queréis cobrar por impresiones, cuando ni Adsense os paga por ello (solo divide los ingresos por clicks entre las impresiones, os da un cpm y os lo creéis), y vuestra boca saca palabras como “influenciar”, y yo me pregunto ¿cómo se mide la influencia? por una acción del influenciado (pueden ser muchas y variadas desde pasar el ratón/leer el post o banner, hasta enviárselo a un amigo, o comprar).
    - Os haceis los idealistas, y todo ese bla-bla-bla, pero caballeros, queréis un dinero, y bastante, pero no queréis “molestar” a vuestros usuarios. Señores, espabilen: primero hagan algo profesional y después vean cómo lo venden, pero tiene que ser rentable para el anunciante, si no ¿de dónde se creen que sacamos el dinero los anunciantes? ¿de debajo de las piedras?

    f) La cuestión del retorno: Otro comentarista, Álex, decía que poner un “haz click aquí, dame tu pasta, que te doy un produto chollo” no va a funcionar; pues yo te digo que es lo que mejor funciona, y te pongo un ejemplo de la calle: cuando buscas un fontanero ¿dónde vas? ¿a Google? ¿a Google para ir a un blog de fontaneros? ¿o llamas a alguno de los que han pegado su teléfono en tu portal o dejado un folleto (ahora los llamais flyers… ignorantes) en la cesta de la publicidad?

    Esos que invierten en folletos tienen la mejor herramienta de Analytics que imaginéis: los ingresos del mes. Ese fontanero que no sabe de internet ni lo necesita, sabe que si deja X folletos en X portales, le van a llamar X personas y va a facturar X euros.

    Luego… ¿qué venimos a inventar ahora?

    Una agencia de marketing me dijo que el email marketing no funciona. Y seguro que si os pregunto a vosotros muchos me diréis lo mismo por múltiples razones, y yo os digo que sí funciona (3 millones de envios, 23% de apertura, 8% de clicks) porque hasta vosotros tenéis que abrir el correo, porque incluso vosotros sóis humanos y tenéis curiosidad. Mi misión es encontrar el punto G, y abriréis el mail, no solicitado, pero abierto.

    En otro de los comentarios se decía que el display va hacia bulk, incierto o erroneo o mentira verdadera: el display siempre ha estado en bulk y ahora (de unos años a ahora) va a rendimientos, mediciones no solo por ctr sino por acción. Los anunciantes buscamos el rendimiento puro y duro, incluso Coca Cola. Ellos compran en bulk pero miden sus acciones (un ctr a una venta o un pedir información).

    Cada día me ofrecen los soportes en modo cpm-bulk y en modo cpc, y resulta que, al final de la campaña, el resultado es similar en precio final.

    g) La cuestión del miedo: el anunciante se quiere aprovechar de vuestros miles de paginas vistas pagándoos por registro o venta, qué cabrón, sí, qué cabrón, pero vosotros no os molestáis ni preocupáis de darle alternativas EFICACES para ambos, sólo vosotros, y os olvidáis de que si vendes publicidad en tu blog tu cliente es el anunciante, no el lector, el lector es quien te da el valor (calidad y rendimiento) de tu producto (espacio publicitario), y si tus lectores no interactúan con la publicidad en tu blog, tu valor es mínimo. En cambio, si interactúan, tu valor aumenta. Es simple, llevamos años haciéndolo a diario en nuestra vida cotidiana ¿y ahora venimos a inventar la rueda?

    Cancamusa 2.0 o como vender humo… de nuevo.


    Relacionada: Mentiras (publicitarias) de la blogosfera