MI libro, tu biblia: “El nuevo marketing y las nuevas reglas del juego”

Hola, corazones, tengo cosas que contaros: e hescrito un livro. Sí, yo también estoy sorprendido.

Gracias a la editorial Suma & Sigue, presidida por mi buen amigo el ex tesorero del Partido Andalucista de Majalrayo, ya tengo mi libro, la primera parte de una trilogía apasionante llena de palabras espectaculares, algunas de ellas inventadas, y mucho “social”. Marketing de hoy y del que está por social-arriving.

Estoy muy satisfecho con el resultado, aunque no nos ha dado tiempo a revisar la edición final (las prisas editoriales, ya sabéis). Mañana lo hago. Pero, sobre todo, estoy muy contento con el precio, 249.99 dracmas esterlinas, ideal para el día de la madre (¡uno para ella y… otro para ti!). Mi editor me asegura que a partir de la semana que viene saldrá a la venta en los principales kioscos del país, en general, y de Majalrayo en particular.

Pero, para que veáis que os quiero, a vosotros os lo dejo gratis, en pdf, aquí:
http://www.magnoliart.com/booksfordummies/ElNuevoMarketing.pdf
No me lo pirateéis ¿eh?

También, para que me hagáis el marketing, os permito que pongáis este banner en todas partes y como imán en vuestros social-frigoríficos.

Espero vuestros elogios. Graciasthankyou.

Azul

Hace tres meses cumplí siete años de magnoliart. No sé si es mucho o poco. Creo que las dos cosas. Me engaño con que he vivido épocas más difíciles, me aplaudo cuando estoy abajo, cuando subo me olvido el paracaídas, y cuando estoy en el punto medio me pierdo, porque ése no soy yo.

Soy el colmo de la contradicción, y lucharé contra todos los que digan lo mismo que yo (y no me contradigan). Junto un siglo y un segundo y me pregunto si hay algo que cantar.

Quería ser libre, a sabiendas de que algo (bueno) me pasaría. Yo ya había estado aquí. Permítame un aplauso: si no está dispuesto a todo, no se acerque demasiado a mí.

Usted me ha visto siempre en acto de servicio, porque siento una simpatía natural y espontanea hacia las cosas extraordinarias, porque me dibujan las cosas extraordinarias, porque me hacen sentir como en casa.

He aprendido a perder el miedo al fracaso. Es lo más valioso que me han dado estos siete años. El fracaso lo mastico, lo disfruto, me reconozco y lo llamo azul: “He tenido un azul, sigamos adelante”, me digo, y entonces me doy cuenta de que, en algunas ocasiones, sólo con sustituir una palabra -violada- todo es más fácil.

Viva el azul.

- -
A veces, seis minutos.

Kill Bill II

Bang bang, he shot me down
Bang bang and I hit the ground
Bang bang that awful sound
Bang bang my baby shot me down

Nancy Sinatra.

Quiero dejar Facebook tanto como quiero dejar de fumar.

En el momento en el que los amos de Facebook se rompieron el seso para cambiar el diseño de la plataforma para, simplemente, recomponer, desordenar y no añadir nada que supusiera una mejora, me dio por pensar que, a lo mejor, había sido un simple capricho de su gobernador, un chaval de veinticinco años.

No seré yo el que critique la juventud, pero este Jedi, Mark Zuckerberg, se está empezando a cubrir de gloria. Y cada vez se parece más a Bill Gates.

Hace unos días Business Insider daba a conocer que Mark hurgó y localizó algunos e-mails para entorpecer la investigación que, en 2004, estaban llevando un puñado de ex-compañeros de clase que siempre han denunciado que el doble de Bill les robó la idea de Facebook. Por aquel entonces tenía 19 años: puro pánico.

Un directivo de un portal que ofrece correo electrónico me comentó que cada vez que se les ocurre cambiar la usabilidad del sitio, aún cumpliendo los estándares recomendados, reciben miles de quejas de los usuarios que, por ejemplo, no encuentran el botón “enviar”. Sí, correos de gente que no sabía enviar correos. Qué queréis que os diga, la palabra ‘Google’ se busca más que ’sex’ en Google.

Entre los que buscan ‘Google’ en Google deben estar los directivos de Facebook.

Azul, como la verdad, como la comunicación; azul como el blues; azul, como tus ojos, reina.

El ‘navy’ de Facebook, a la izquierda, es una demostración de miedo insuperable al diseño. El azul ‘aqua’ de Tuenti, a la derecha, es sin embargo algo mucho más trabajado. Este tipo de azul está relacionado con las grandes ideas, y aunque se asocie rápido a unos patucos de un joven macho, también es un azul más intimista.

Vuelve a Facebook y contempla el caso que hacen a su propia identidad corporativa. Ni siquiera se han molestado en colocar un logo que, al menos, no esté pixelado. Les da igual.

En Tuenti, sin embargo, saben muy bien lo que la imagen supone y el mensaje a enviar: Tú-en-ti, se lee en su nuevo retoque. También la importancia de iconizar, por razones evidentes.

No obstante, la ceguera empresarial de Mark y la magnitud de sus pelotas vienen muy bien a portales como Infojobs o Monster, que cuando ven estas cosas, revisan, acojonados, el estado de sus cimientos:

Pero no tienen de qué preocuparse. Los de Match.com, Meetic, etc. tampoco.

Es imposible, o se hace muy pesado, leer una conversación de cien comentarios. Y esto ya es un problema resuelto por lugares de debate como Meneame.net: los propios usuarios votan los mejores comentarios, así que se puede desgranar rápidamente, enterarte mejor de la conversación y conocer el sentir general.

Además ese sistema estimula una participación de más calidad.

Esto sucede, entre otras razones, porque les importa poco lo que dicen los usuarios, sino la cantidad de mensajes que aportan a sus estadísticas. Si la gente empieza a leer más rápido y a desgranar con eficacia consume menos minutos en la página y, probablemente, deje de pensar en Facebook como un lugar de ocio para entenderlo como una herramienta.

Los monopolistas no quieren que sus clientes, sus primates, aprendamos, sino que consumamos.

El fin justifica a Angelina. Qué más da que una ‘empresa’ utilice la imagen de un famoso sin permiso; lo importante es que consigan leads.

En fin, Juanan Roncero lo dijo muy bien: Si eres cutre anúnciate en Facebook.

Esto es lo que hace y lo que entiende Facebook, exactamente igual que cuando a Microsoft no le quedó más remedio que comprender que la función de un buscador no es vender software.

Alteran las URL’s de nuestros enlaces para acometer estudios de mercado y saber qué está clickeando la gente. Y eso es el gran tesoro de Facebook, que disponen de todos y cada uno de los movimientos que están haciendo más de 350 millones de personas.

Sólo necesitaban una cosa más, un localizador: más allá de lo que digas, Facebook quiere saber desde dónde lo dices. Y yo, publicista, también. Y se me hace la boca agua (a tu jefe también). Facebook Location será presentado en abril.

Claro, con una cosa así, las noticias sobre privacidad parecen una simple cortina de humo.

Pero, eso sí, todo lo que suponga molestar al usuario cada día funciona mejor (tarjetas, calendarios, besos, toques, cervezas y demás apps muy útiles). Y el mérito hay que reconocerlo, ¿no?

Caracortada

Yo temo a la multitud
El gritar es su virtud
Su entusiasmo es nuestra perdición
¡para nuestra revolución!
Teddy & Friends.

Hace años sucedió un hecho formidable en la historia de Internet de nuestro país. Sucedió que si un usuario buscaba en Google la palabra “ladrones” y daba al botón “voy a tener suerte” accedía directamente a la web de la SGAE. Ardió Troya. Sin embargo, no vi a nadie tratarlo como un indicador. No escuché a ningún cantante interesarse por este dato, porque eso es lo que era, un dato.

El botón de “voy a tener suerte” de Google lleva al primer resultado que ofrecería en una búsqueda natural. Y si una web aparece encima de otra es, básicamente, porque tiene más y mejores enlaces que contienen la palabra buscada. Así que Google relaciona una web (en el mundo real diríamos ‘marca’) con una palabra. Exactamente igual que una persona: Tuenti – adolescencia; Lidl – barato; Telefónica – monopolio.

Cada una de ellas se preocupa de que esa relación se mantenga así o no.

Si, además, observamos otros indicadores, como el número de denuncias interpuestas a webmasters por contener esa relación, o llegados a este punto, opinión, las personas que están opinando en contra de esa institución valen mucho más y cobran más fuerza socialmente, pues se arriesgan a recibir una denuncia. Y siempre se premia al que le echa valor. Incluso aunque se equivoque.

Más local: tengo un amigo que es propietario de una página anti-Sgae y puedo decir que, desde que la tiene, ha incrementado su nivel en el grupo. Es más, creo que ya ha perdido la cuenta de las veces que le han llamado “puto amo”. Así que en ese grupo, cuando se habla de la Sgae, habla él y los demás callamos. La mancha se extiende y se solidifica.

La no intervención en el verdadero problema genera otros mucho mayores, como que es posible que este post tenga más eco del habitual, en lugar de controlar los mensajes desde el departamento de comunicación.

Pero si solo fuera esto… la SGAE pone en bandeja que aparezcan nuevas contracampañas mucho más agresivas (PutaSgae, por ejemplo), nuevos protagonistas que, aplaudidos por una masa social presa de la indignación, acudan a dar la cara en los debates sobre la cuestión de la propiedad intelectual, y la bola sigue creciendo, y se hace mediático. Y divide a los artistas, muchos de ellos condenados para siempre por decir lo que no piensan. Pero lo peor es que el mensaje acaba calando y todo pasa a ser surrealista.

En realidad es primero de Marketing: si alguien emplea un esfuerzo en favorecer a tu marca, mímalo. Si es para todo lo contrario, preocúpate, porque la mancha negativa se extiende con más facilidad que la positiva. Pero también es primero de EGB: si eres un imbécil lo normal es que no tengas amigos. Es un mecanismo de corrección social que, generalmente, funciona bastante bien en las sociedades con un mínimo de cultura.

Se puede interpretar que hubo una inundación de mala leche y todo el mundo enlazó a la SGAE con la palabra “ladrones” y así utilizar el propio algoritmo de Google en su beneficio (¿cuál?), o, por contra, podemos meditar la situación: quizás los miembros de la SGAE, los artistas, se debían haber preocupado por la razón en virtud de la cual no son los primeros por la palabra “música”.

Y es curioso, porque el sentido actual de la palabra música es hasta emocionante y muchos empresarios están demostrando que han comprendido ese significado. Spotify es un claro ejemplo.

Un reto que hubiera sido más apasionante, desde luego, que el de la persecución. El señor X, por ejemplo, es una víctima de esta filosofía, e imagen inseparable de la marca Sgae en la mente de los españoles. Condenado para siempre. No hay cárcel peor. Un castigo excesivo para un simple mensajero.

La Sgae demuestra con su manía persecutoria estar ajena al mundo musical. O peor, ajena al arte. Un cuadro de un museo siempre podrá ser robado mientras exista un comprador en el mercado negro, por muchas medidas de seguridad que tenga. No se trata de enjaular el arte, sino de educar a la masa para que comprenda y ame tan profundamente al artista, que condene ella misma un robo.

El arte no tiene valor económico. ¿Cuánto vale El Grito de Munch? Qué importa la valoración que hagan los “expertos”, nadie ha sabido expresar la angustia como él y eso no se puede traducir en términos económicos. El Grito de Munch es mío en el momento en el que me sobrecogió. El Grito de Munch no es, ni siquiera, un cuadro. Es una idea, es una imagen que mi cerebro necesitaba para relacionarla con un significado, y cuando una relación es perfecta un hombre se siente libre, actúa como tal y deja de tener miedo. Y se vuelve un enemigo del poder, por eso el arte ha estado siempre a su servicio.

No es posible medir todo esto en dinero (aunque quizá sí: en dinero que pierden los no-artistas en empeñarse en serlos), pero por lo visto hay que hacerlo, así que se utiliza algo tan impuro como la ley de la oferta y la demanda y se establece un precio. En este sentido, algo cuesta dinero cuando hay un comprador dispuesto a pagar por ello. Si no, no vale nada. Y el arte no vale nada, porque para encontrarte con él no puedes preguntarte cuánto cuesta la Capilla Sixtina.

Un disco que no se compra probablemente sufra de un simple desajuste entre la oferta y la demanda. El precio de los discos es, a todas luces, excesivo para los jóvenes de hoy que, seguramente, prefieren gastarse 20 euros en copas que en discos. Años después, cuando las resacas les duren tres días, quizás pensarán de otra manera y… preferirán beber menos tragos pero de más calidad.

Para entonces, seguramente, ya tendrán cuenta de pago en Spotify que vendrá de regalo con la PlayStation4. Me juego, con todos vosotros, un café y un pincho de tortilla.

Cuando una industria, construida a base del exceso (no sólo del precio), olfatea su fin, utilizará todos los recursos que tenga para atajar la situación por la vía de la compra del poder, e imponer sus intereses, claro. Gobernar, en definitiva. La pega es que cuando un músico mediocre gobierna y el público empieza a silbar, pierde la melodía, la gente se ríe, y se siente un bufón en lugar de un artista. Y claro, eso le revienta. En lugar de pensar en por qué la gente lo considera un Leonardo Dantés y no un Michael Jackson, como a él le gustaría, adopta el traje de un dictador muerto de miedo: le reconcome la conciencia y ve enemigos por todas partes.

La masa es olvidadiza, pero basta con empezar a cabrearla para que saque la guillotina, aunque su hoja sea de papel y la sangre sea la tinta. Ahora somos mejores que antes. Mucho mejores, no peores, por mucho que la Sgae se empeñe, curioso destino, en llamarnos a todos ladrones.

Ortega y Gasset lo explicó muy bien, él hablaba de “sacudir la somnolencia nacional irritando a las gentes”, y Telepizza nos lo recuerda todos los días. El contenido no es el rey, es la masa. Una masa ávida de servicios, no de contenidos. La masa quiere tener la posibilidad de disponer de una canción vendida como La-Canción para comprobar si eso es cierto. Y si es cierto la comprará, calzará su merchandising, y no se perderá por nada del mundo un concierto. Pero siempre habrá un gran grupo que no, aunque le guste, como cuando los casettes.

Si esto, tal como dicen, es el final de la música, es fantástico. Que así sea, porque necesita volver a sus orígenes y renacer. Porque la música ya no es arte, es otra cosa. Es un nido de vívoras, decepción y cocaína. Y por eso la industria musical, o la industria de la fe religiosa, nunca contará con el beneplácito de una masa que sabe más cosas, sobre todo si el saber le sirve para comprobar que la han estado engañando.

Ese es el gran dilema de la persona que encarnó a Judas en Jesucristo Superstar. Que si diera su brazo a torcer estaría reconociendo que la industria ha estafado al pueblo. Que ha convencido a mucha gente, incluso a políticos de primera línea, que no son capaces de razonar lo que dicen, y ahora no les puede venir con que les había vendido una milonga más grande que lo último de Bisbal.

La Sgae es, además, el colmo de la inoportunidad. Porque en un momento tan tenso para la masa como el actual, el internauta se coloca la peineta de la indignación y la emprende con cualquier injusticia que le toque en lo más profundo (La Música, casi nada). Navega por Internet, y todo son atentados al sentido común: de todas partes le gritan “¡cómprame!”, “¡adelgaza!”, “¡alárgatela!”, los periódicos le ordenan “¡léeme!” y el banco le engaña: “¡endéudate!”. Nos gritan y cada vez somos más irritables. Es demasiada presión, y una de las fugas la ha provocado la Sgae.

La provocó en el momento en el que dejó de decir la verdad: sobre todo cuando garantiza que descargarse una canción es un delito. De hecho, parece que los asociados que hacen este tipo de declaraciones no se hubieran leído el Artículo 270 del Código Penal, que en la propia web de su ‘Sociedad’ indican, una ley en función de la cual se penaliza la copia “con ánimo de lucro y en perjuicio de tercero”.

Vale, descargar o copiar música no figura en el Código Penal como delito. Pero está mal, y eso lo sabemos (y lo sentíamos cuando los casettes) y los que argumentan a favor de la música gratis también están mintiendo (se adueñan visceralmente del sentido básico del ánimo de lucro y omiten la segunda parte, la del perjuicio a terceros). Al César lo que es del César. Pero que César curre, que son otros tiempos, en los que además de trabajar hay que aparentar que trabajas. Yo cuando escuché a Rosario diciendo que se estaban muriendo de hambre me instalé el BitTorrent por primera vez.

Pero no es mi culpa que no me den más opción que la de pasar por el aro (y sobre todo si no tengo un duro) cuando dispongo de otras opciones para conseguir… ¿el arte?.

Tampoco es mi culpa que yo me compre un disco de La Oreja de Van Gogh y sienta que me han estafado. La culpa es del estafador, que me vendía arte y resultó ser mierda. Aunque, en parte, también culpa mía, por pertenecer a una sociedad que se lo cree todo (sobre todo, lo malo), por no saber discernir entre lo que es arte y lo que es packaging.

Las discográficas se han pasado la vida tomándome por gilipollas y vendiéndome todo como la panacea musical: superhit, megahit, la sensación del momento, lo que estabas esperando, la canción del verano, la del invierno, los 40 Principales. En fin, todo eso.

Y todo eso se acaba en el momento en el que las personas tienen acceso a un catálogo musical mucho más amplio y mucho más diverso. Más aún en tiempos de economía de la atención, en donde la gente sabe lo que le gusta a otras personas, dejando en un segundo plano las falsas promesas de satisfacción. Ya ni siquiera se cree en las promesas de mejora, se acribilla todo aquello que ha hecho daño. Como tú, como yo, queremos hechos. Queremos -y necesitamos- La Verdad, incluso aunque resulte dolorosa.

Tal como se aprecia en este gráfico, tanto la palabra ‘mp3′ como las menciones en medios a este formato tienen cada día menos fuerza, al contrario que las plataformas. La gente no quiere robar, quiere escuchar. Y que la gente escuche hoy más música que nunca debería ser una gran noticia para la Sgae.

Los Bustamantes venden menos. La industria quiere seguir inyectando a Manu Tenorio a la masa aún habiendo memorizado a Bob Dylan, y eso es un insulto. Que no, que el interés por ellos -el de la novedad- se agota, incluso aunque el volumen de impactos mediáticos crezca:

Sin embargo, si la Sgae mirara por los legítimos derechos del arte, y no por buscar un respeto a las rimas de El Canto del Loco, no sufriría el linchamiento actual. Pero claro, para esto es necesario que haya arte. Y eso, hoy, es un bien escaso. La Sgae también es víctima de la mediocridad. Lo cual no justifica sus actos, como es obvio.

Nadie tiene el derecho a perseguir a una persona por contemplar a Las Meninas o por perder el tiempo escuchando a Melendi sin pagar por ello. Vivimos en un mundo tan artificial, que lo natural resulta extraño.

El movimiento punk pretendió explicar algo parecido, pero no supo razonarlo. Así que se suicidaron todos por no entender su propio mensaje. Las drogas y, entre ellas, el alcohol, ayudan a ver las cosas de otra manera más deshinibida, pero no a razonar mejor.

No sabían quiénes eran, y cuando se miraban al espejo sólo veían un desecho humano.

La Sgae -y todos y cada uno de sus socios- se ha autolesionado por no saber quién era. La herida es inmensa, y siempre lucirá en el rostro la cicatriz de la vergüenza.

Menéame de pago ¿y por qué no?

“Code is Poetry”
Matt Mullenweg, creador de Wordpress.

Si hay algo que defina el esfuerzo del pueblo por hablar bien es el uso de infinitivos: “Por mi parte, decir que yo no robé esas gallinas”.

Si hay algo que defina el esfuerzo de los comentaristas de Menéame por escribir bien es el uso del famoso (y lujoso) “amén de”.

¡9828 comentarios! ¡Eso es seis veces la palabra “epic”! (ERRÓNEA O INCORRECTA, son 5,63 veces).

Han pasado tres años desde mi primera incursión en Menéame, cuando subí un enlace al tercer número de nuestra revista MGZ, el de Alberto Corazón. Recibí un único comentario que, literalmente, me partió el alma:

“Ahí os quedáis. Con vuestros negativos, vuestros fails y vuestros… Me voy, pero os prometo eterna indiferencia”, lamentaba mientras me suscribía a su rss. Porque, claro, es más sencillo echar la culpa a otros que razonar que esa noticia está fatalmente subida. Y que el autobombo se penaliza hasta en mi cocina.

Menéame es un agregador de noticias. Funciona con votos y la gente comenta las informaciones que los propios usuarios suben. Tiene varios elementos diferenciadores que hacen que la idea sea algo mejor que un simple foro de actualidad, como una normativa creada entre usuarios que ningún novato se molesta en leer, o el asunto del karma. Como valor añadido diré que cuando una noticia sube a portada genera cuatro personas felices y una llamada a un móvil. Feliz el autor de la noticia, feliz el usuario que la subió, feliz el director del periódico y feliz el director multimedia, que ya tiene un presupuesto que justificar. La llamada es, obviamente, al informático de guardia para que reinicie el servidor.

Como colateral, también feliz la madre del redactor, que no se entera de nada, pero que está orgullosa de su hijo mileurista.

Este sistema, sumado a la disciplina colectiva y a la influencia cosechada por muchos de sus usuarios, genera un producto brillante. Muy simple: resulta más productivo seguir los comentarios sobre una noticia subida a Menéame que los de la fuente original. ¿Por qué? Porque como se te ocurra participar con una idiotez prepárate para recibir lo tuyo. Y como sea una idiotez muy gorda te quedas gris.

Hay una jerarquía, hay normas y disciplina. Además, no se toleran las faltas de ortografía. No pasan una, son talibanes, y me parece el primer gesto de integridad de la sociedad (online) española; el primer gesto de excelencia que muchos lectores, en silencio, celebramos continuamente.

Sin embargo, y dejando a un lado la cosa fácil de que no pasa un día sin la SGAE en la portada, Menéame también es la prueba viviente que dignifica la profesión del periodista, porque para encontrar un buen titular o una entradilla en condiciones (generados por el usuario, no de copypaste) hay que excavar en las profundidades de su Amazon EC2. Creo que a veces por el ansia de meterla el primero. Como en todo.

Pero se empeñan en hacerlo mejor, y eso es más de lo que hacen muchos medios tradicionales.

Ha habido grandes hitos en la historia de Menéame, pero el que más seguí fue la revolución de usuarios (o chiquillada, no sé muy bien). Qué rápido se organizaron y qué rápido se olvidó con una nueva portada de noticias en las que trabajar.

Sí, digo trabajar. Cualquier periodista que se precie toma el pulso a Menéame a diario. Básicamente porque le adelanta un porcentaje de trabajo de investigación gigante. Y lo saben, y lo utilizan. Pero no lo citan jamás. Si en sus informaciones hubiera un pie que rezara “Enterado a través de Menéame” el primer resultado en Google para la búsqueda “Google” sería Meneame.net.

Igual de científico pero más ambicioso, Menéame estaría hoy negociando acuerdos con empresas distintas a Doubleclick.

No soy quién para proponer modelos de negocio, pero resulta que Menéame está ofreciendo un servicio incluso tan preciado como el que realizan las agencias de noticias. Mala relación, porque ellas generan y Menéame difunde para generar imprevistos, pero creo que se comprenderá lo que pretendo decir: los medios pagan barbaridades a las agencias por ahorrarles un trabajo, el del alcance al lugar de la noticia; mientras que Menéame representa una respuesta fantástica del experto en Internet, que por simple pasión trabaja y documenta esas informaciones.

En días como estos, en los que saber tomar el pulso a los mercados online es vital, se deben revalorizar los connoisseur. Y Menéame los tiene.

Si Pedro Jota leyera estas líneas pensaría que él también los tiene y los llama columnistas. Pero se respondería él sólo, porque los paga. Y porque con ninguno de ellos cuadra un concepto tan delicioso como connoisseur desde que murió Umbral.

Tranquilícese, no estoy comparando a Umbral con la persona X que se esconde tras un apodo en Menéame, pero el conocimiento hay que premiarlo. Y el producto final es, informativamente hablando, perfecto: en realidad no me interesa más allá de la entradilla, me interesa lo que le rodea.

Cuando un lector (profesional de la información o no) llega a la noticia, ésta ya está comprobada, testada, relacionada y enriquecida. Y a veces hasta con sentido del humor.

Creo que se habla mucho de la transformación de los medios digitales gratuitos a medios de pago, pero ninguno de ellos ofrece nada parecido a lo que Menéame proporciona. Sí, sugiero que Menéame, en un mercado informativo como el actual, es el único que tendría el derecho de ser de pago para sus lectores.

Al menos es el único por el que yo pagaría, a cambio, eso sí, de una nueva concepción de medio, sin temor al diseño y con más apariencia de periódico. Quizá un único y verdadero diseño 2.0.

Clasificación (libre) de los usuarios de Facebook

“La primera vez que usé la palabra ‘libre’ fue para pedir un taxi.
También fue la última”.

Un señor, en Gran Vía, muy perjudicado.

Los exhibicionistas
Algunos y algunas son exhibicionistas. Y delincuentes. Gentes orgullosas de sus traseros exponen primerísimos planos y comentan “como veis, lo tengo durísimo”. Mujeres encantadas de someter sus canalillos a votación a base de mensajes de andamio, y hombres que lucen torso, incluidas esas malformaciones que salen en la tripa cuando haces demasiadas abdominales.

Los de las frasecitas
Ponen en marcha Google, y pegan cosas como esta: Al cumplir los setenta años me he puesto la siguiente regla de vida: no fumar mientras duermo, no dejar de fumar mientras estoy despierto y no fumar más de un sólo cigarro a la vez. Mark Twain. (…!) Algunos lo hacen sin parar, es increíble. Es como si no tuvieran absolutamente nada que decir pero la herramienta les invita a hacerlo. Como una droga.

Los de las tarjetitas
Que te las pegan en tu muro y te obligan a llamar al limpiamuros. Ni siquiera sé de qué van. Las borro. Mi muro es mío en lo que respecta a carteles y publicidad. Y en mi callejón etcétera.

Los de las respues… titas
“Gracias por agregarme como amigo, ¡¡¡¡COMPRA MI LIBRO!!!!”. Unos minutos después te ofrece que te hagas fan de su obra maestra y que te unas al grupo de amigos de su libro, y, claro, te preguntas por sus niveles de ansiedad.

Los del spam
Si en su foto de perfil enseñan un pecho es porque no es suyo.

Los de los besos, achuchones y toques
Verás la que me cae por esto.

Los de las etiquetas
Muy gracioso, al principio, lo de etiquetar al personal en fotos divertidas, pero desde que se hace para llamar la atención ya no es lo mismo. Ya-nos-lo-mis-mo.

Los creadores de grupos que empiezan por las siguientes palabras mágicas: “Señoras que”
Todo un fenómeno digno de algún estudio del Departamento de Sociología for Dummies de la Universidad de Utah (me gusta mucho la broma de lo de los hijos de este estado).
El éxito de “Señoras que compran plátanos en el Lidl y terminan en un after” ha sido el golpe de efecto que necesitaban las peculiares mentes que maquinan estos grupos.

Los activistas
A lo Braveheart. Están en todos los grupos que contengan la palabra “contra” y tengan un acento anarcosindicalisecologista.

Los de derechas
Previsibles. No tardan un segundo en hacerse fan de José María Aznar y entran a menudo a participar en los muros de los políticos de su misma línea de… pensamiento.

Los de izquierdas
Igualicos, pero de izquierdas. Esperaba algo más de originalidad.

Los twitteros
Mucha gente que les sigue en Facebook se pregunta en silencio a qué se refieren con “RT”.

Los okupas
Llegan a tu muro, te pintan un grafiti y se largan.

Los tragaperras
Utilizan Facebook para jugar y sus muros dan buena cuenta de ello: récord tras récord. Récord tras récord. Y con fecha y hora. Eso sí que es exponer tu privacidad, sobre todo si por culpa de tu último éxito en el Brain Training has llegado esta mañana tarde al trabajo. Cuánto tráfico hay en Madrid, ¿eh?.

Shhh… los silenciosos
Voyeurs de primera división, que van pasando de perfil en perfil controlando, maquinando, pensando, catalogando, sin más luz que las de sus portátiles en sus caras, azules, escondidos, conspirando. Están ahí… ¡shhhht! ahí vienen. ¿Quién? ¿dónde? ¡argh! ¿¡es que ya nadie va a titular que las redes sociales son el demonio!?

Así que Facebook está plagado de personalidades, personajes y tramas, protagonistas, secundarios, y gente que ni siquiera aparece en escena… Y, sin embargo, muchos de ellos son estudiantes que investigan en colaboración, profesores que comparten sus temas de estudio, periodistas que informan, jubilados simpáticos, guionistas que escriben, otros que no, peluqueras cotillas aficionadas a las fotos de gatitos, carniceros, psicópatas, vendedores, vendedores de humo, compradores, compradores de humo, morosos, entusiastas, payasos, drogadictos, gente muy inteligente y gente muy poco inteligente.

Ya estamos todos. Mucho, mucho, mucho, más allá de aquello de reencontrarte con viejos amigos.

Watch the panceta

La agencia JWT (pionera en… todo) publicó el pasado diciembre desde su sede en Nueva York un documentito titulado “100 things to watch in 2010″ (100 cosas para el reloj a las ocho y diez de la tarde) y que os recomiendo que echéis un vistazo. Recopilo algunos de esos puntos a los que, según Ann M. Mack, director of trendspotting y autora del informe, debemos prestar atención este año:

Suscripciones a aerolíneas: United lanzó una tarifa anual de 249 dólares, y el resto de las empresas podrían seguirla si el modelo funciona.

Panceta en todos lados: Desde cócteles hasta postres, la panceta está siendo revalorizada en la cocina alrededor del mundo.

Colores más brillantes: La tendencia en estilo es abandonar las formas pálidas y tonos pasteles por formas más vivas y carnavalescas.

El poder inalámbrico: La compañía WITricity está desarrollando una tecnología capaz de transportar electricidad por el aire.

Fármacos personalizados: Hay avanzadas investigaciones para diseñar medicamentos en función del ADN del que lo necesita.

Fernando Torres: El delantero del Liverpool, con sus 25 años, tiene el récord de cantidad de partidos jugados para España y comandará su equipo en el Mundial de Sudáfrica.

Periódicos locales sin ánimo de lucro: La tendencia se acentúa en todo Estados Unidos y promete crecer en 2010.

El final de Lost: Se espera que el final de la serie de ABC logre una repercusión similar al final de Seinfeld.

Fiestas de baile en silencio: La idea es que cada participante de la fiesta baile al ritmo de su propia música en base a los auriculares para no molestar a los vecinos.

PD. No contéis conmigo para esta última, pero si lo grabáis me gustaría verlo.
PD2. Vale, visto.

  • La lista, en castellano, aquí.
  • Comunicado original de JWT (pdf).
  • Flash en JWT Inteligence.
  • Y en Slideshare, aquí.
  • Enterado a través de Menéame.

    Conversaciones con el Altísimo


    Oiga, ¡este es MI blog! ¡Los posts los empiezo yo! ¡Las bromitas las hago yo!


    (sigh) para qué enfadarse, es usted una máquina.


    Sí, claro, de Humania, la patria de los servidores, el imperio del algoritmo.


    ¡Un tuteo! ¿Amigos?


    Tampoco esperaba unas stock options, pero desde luego usted no tiene sentimientos.


    Retiro lo dicho y le juro lealtad eterna.


    Justo ahora se lo iba a comentar, su excelsa y sílfide Majestad.

    19957

    Comenta Gaspar Llamazares, al respecto de la clamorosa utilización de algunas partes de su rostro para la elaboración de la nueva imagen de Osama bin Laden, que “El FBI no llegó a mi imagen por casualidad. Puso mi nombre en Google”. ¿Sugiere el líder de IU que iban a por él? Eso dice, pero seguramente no tiene razón. Lo más probable es que la búsqueda fuera un número: 19957.

    La cara de Llamazares aparece lejos con una búsqueda simple en Google Imágenes, en la cuarta página de resultados, pero en un sorprendente segundo lugar filtrando la búsqueda a imágenes grandes. Si yo tuviera que utilizar el pelo de alguien, haría esto mismo.

    La razón de ese resultado en Google Imágenes es simple: la imagen se llama 19957.jpg, alojada en diariodirecto.com y recogida en un foro de marroquíes que aprenden español y que, eventualmente, reclaman Ceuta. Entiendo que esto lo hace redondo para un Special Agent, suponiendo que sea verdad lo que cuentan desde el FBI.

    Los pensamientos sencillos suelen ser los más razonables: Osama bin Laden y Gaspar Llamazares comparten año de nacimiento, 1957.

    No soy un experto, pero si tuviera que hacer un retrato robot del terrorista más buscado del mundo, trataría de encontrar rostros de edad similar. Y una pequeña dosis de torpeza puede hacer que se me escape un 9 al buscarlo en Google.

    Cosas que suceden y que se cuentan raro

    “En publicidad estamos viviendo una crisis creativa”
    En el fútbol, cuando un equipo palma, se echa la culpa al entrenador. En los bares y en los blogs, cuando a la gente no le gusta una publi, echan la culpa al creativo.
    Es verdad que además de tener buenas ideas hay que saber venderlas (esa es, precisamente, la diferencia entre el publicista español y el argentino). Pero es que, en ocasiones, sin necesidad de que se confabulen los astros, te llega un cliente que exige un Ferrari low cost y, claro, el resultado es patético.

    “Si no te gusta esta publicidad es porque no eres target”
    Una frase que suele ir acompañada de un -para mí- delicioso desdén. Sobre todo si me lo dice una mujer. No sé muy bien por qué.
    Es una afirmación discutible, especialmente cuando la pieza no tiene ningún sentido. Sin embargo, parece ser que una creatividad acaba triunfando en algunos (cada vez menos) departamentos de publicidad si cumple con alguna de estas tres palabras: ecléctico, kitsch o cool.
    Hubo un tiempo que ‘grunge’ entró con fuerza, pero se desterró rápidamente.

    “Debo de ser el único imbécil de la Tierra que hace zapping para ver publicidad”
    ESO ES…

































    mentira. En lo primero estoy más de acuerdo.

    “Últimamente no entiendo tus posts, Alberto”
    Eso es porque no eres target.